Cada 17 de septiembre, Melilla celebra su día grande, recordando la fecha en la que Pedro de Estopiñán puso pie en la ciudad en 1497, marcando la incorporación de esta plaza a la Corona de Castilla. Una historia de más de cinco siglos que ha mantenido un vínculo estrecho con la Armada española, un “cordón umbilical” como dice Pedro Arenas Marín, comandante de la fragata Reina Sofía, que ha conectado históricamente a Melilla con la Península. Este año, la fragata Reina Sofía recaló en el puerto de Melilla entre los días 15 y 17 de septiembre para participar en los actos conmemorativos y abrir sus puertas al público, permitiendo a los ciudadanos conocer de primera mano la vida y las misiones de uno de los buques más emblemáticos de la Armada.
Durante las jornadas de puertas abiertas, que se celebraron los días 16 y 17, más de 900 melillenses visitaron la fragata. El primer día acudieron casi 300 personas, mientras que el segundo la cifra superó con creces los pronósticos iniciales. Cada recorrido, de aproximadamente 30 minutos, permitió a los visitantes adentrarse en la vida cotidiana de los marinos, recorrer la cubierta, conocer los sistemas de armas, la sala de máquinas y las instalaciones de la dotación, y comprender por qué, según el comandante Pedro José Arenas Marín, “un barco no es solo su chapa, es su gente”.
La relación entre Melilla y la Armada no es solo simbólica; es histórica y estratégica. La llegada de Pedro de Estopiñán en 1497 se realizó en el marco de una operación naval financiada por los Reyes Católicos y bajo el mando del duque de Medina Sidonia. Desde entonces, la Armada ha desempeñado un papel fundamental en la defensa de la ciudad y en la protección de sus comunicaciones marítimas con la Península.
“Melilla y la Armada comparten más de 500 años de historia”, explica el comandante Arenas. “Aunque no siempre se nos vea en el horizonte, siempre hay un barco en el Mediterráneo, en el mar de Alborán, velando por los intereses de los españoles. Para nosotros es un deber estar cerca de Melilla y que los melillenses sientan que la Armada está a su lado”.
Ese vínculo ha sido crucial en momentos decisivos, como durante el levantamiento del sitio de 1775, cuando los navíos españoles garantizaron suministros y comunicación con la Península. Hoy, esa función se mantiene en misiones de control marítimo, seguridad de la navegación y defensa de los intereses nacionales. “Siempre ha estado cerca de Melilla y siempre ha actuado como cordón umbilical con la península. Y no solo en ese acontecimiento, sino en el pasado y en el presente, la Armada sigue actuando”
La Reina Sofía, entregada a la Armada en 1990, es un ejemplo vivo de adaptación y modernización constante. A pesar de su veteranía, el buque ha incorporado progresivamente nuevas tecnologías, sistemas de armas y equipos electrónicos para responder a las amenazas contemporáneas. Su misión principal sigue siendo garantizar la defensa de España y sus intereses desde el mar, aunque también desempeña tareas de seguridad marítima, control del tráfico naval y proyección del poder desde el mar hacia tierra.
El barco cuenta con instalaciones que lo convierten en una verdadera ciudad flotante: genera su propia electricidad y agua, tiene capacidad de almacenamiento de víveres y combustible para más de 30 días, y puede estar alistado y desplegado en apenas 24 horas. Esta versatilidad le permite participar en misiones internacionales, como la Operación Atalanta de la Unión Europea contra la piratería en el océano Índico, en la que la fragata estuvo desplegada cinco meses, demostrando su capacidad de operar de manera prolongada en escenarios complejos.
El comandante Pedro José Arenas Marín asumió el mando de la Reina Sofía en junio de 2025, y Melilla ha sido su primer puerto en esta etapa. Arenas confiesa que la ciudad siempre ha estado presente en su carrera, pues ya con patrulleros anteriores recalaba regularmente en estas aguas. “Mandar un barco no es solo la chapa, que decimos nosotros, las cubiertas, los equipos y sensores. Un barco es su gente. Y este barco lo conforman más de 200 personas. Ser el comandante de esta dotación para mí es un orgullo porque es una dotación muy comprometida. Además, es el cumplimiento de un sueño, porque desde que entras en la Escuela Naval aspiras a comandar una fragata”, explica.
Nacido en San Fernando, ciudad con una fuerte tradición marinera y hogar del buque escuela Juan Sebastián Elcano, Arenas es el primero de su familia en ingresar a la Armada. Su carrera comenzó en 1999 en la Escuela Naval Militar de Marín y, tras más de 20 años de servicio, ha comandado ya varias unidades, incluyendo las fragatas Navarra y Reina Sofía, consolidando así una relación especial con la ciudad de Melilla.
“He sentido mucho el cariño de los melillenses y que Melilla sea mi primer puerto con esta fragata es un honor”, relató el comandante.
La vida a bordo de la Reina Sofía no es fácil, pero es apasionante. El teniente de navío, Sergio Amaya, nacido en Melilla, lidera el área táctica y de combate del buque. Llegó a bordo en agosto de 2023 y reconoce que la dotación es excepcional. “Es un ambiente muy bueno, y aunque nuestros destinos suelen ser de tres años, me siento muy satisfecho de haber estado en esta fragata”.
Amaya proviene de una familia de larga tradición militar, aunque en el Ejército de Tierra. Confiesa que descubrir la Armada cambió su rumbo. “Fue la mejor decisión que tomé. Es una profesión dura, pero gratificante; más que una profesión, es un estilo de vida”. Su consejo a los jóvenes interesados en la Marina es claro: perseverar y no desistir ante las dificultades.
El teniente de navío, Jesús Lotero, responsable de electrónica e inteligencia, también proviene de familia de marinos. Para él, la vida en un barco requiere adaptarse a horarios de guardia, trabajo en equipo constante y convivencia cercana. “Aquí no hay sitio donde esconderse; hay que llevarse bien sí o sí. Al final, el barco se convierte en una segunda familia”, explica. Aunque la distancia de la familia puede ser dura, asegura que la pasión por la profesión hace que todo valga la pena.
Las jornadas de puertas abiertas celebradas los días 16 y 17 de septiembre permitieron a más de 900 ciudadanos de Melilla conocer la fragata desde dentro. Los visitantes recorrieron la sala de máquinas, la cubierta de vuelo, los sistemas de armas y los espacios comunes de la dotación. Para muchos, la experiencia fue única.
Un melillense visitante compartía su emoción. “Cada vez que viene una fragata me gusta acercarme, me hace mucha ilusión. Todavía no la he visto por dentro, pero por fuera ya impresiona bastante”. La interacción con la dotación y el recorrido guiado permitieron comprender no solo la tecnología y el funcionamiento de la fragata, sino también la vocación, el compromiso y el esfuerzo diario de sus marinos.
El comandante Arenas resumía la importancia de la visita con estas palabras. “La Armada se siente orgullosa de estar presente en el día grande de Melilla y de compartir con sus ciudadanos una historia que se remonta a más de cinco siglos”. La fragata Reina Sofía, con su dotación de más de 200 personas, simboliza hoy el compromiso de la Armada con la defensa, la seguridad marítima y la cercanía con la ciudadanía.
El vínculo histórico que comenzó con Pedro de Estopiñán en 1497 sigue vigente. Melilla continúa siendo un enclave estratégico en el Mediterráneo occidental, y la Armada, como entonces, asegura que la ciudad permanezca conectada con la Península.
La visita de la fragata Reina Sofía a Melilla no solo ha sido un acto conmemorativo, sino una experiencia vivida por cientos de melillenses que pudieron conocer de cerca la historia y la labor de la Armada. Desde su llegada en 1497 hasta las operaciones internacionales actuales, Melilla y la Marina han compartido un vínculo único, reforzado año tras año en cada 17 de septiembre.
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