Por unas horas, la Plaza de Armas se convirtió en una cápsula del tiempo. La música viajó del pasado al presente, de las radios de los años 90 a las listas de reproducción actuales, del recuerdo al aquí y ahora. Fue gracias a Marilia, la voz inconfundible de Ella Baila Sola, que este viernes 8 de agosto subió al escenario melillense dentro del ciclo 'Música a la Luna', y lo llenó todo de canciones, de nostalgia, de emoción y de gratitud.
El concierto comenzó a las 22:00 horas, cuando la brisa del verano ya acariciaba las murallas de Melilla la Vieja. El entorno, mágico de por sí, hizo el resto. El sonido lejano de las olas, las luces tenues, la luna sobre el cielo despejado y una artista que no necesitó grandes trucos para conquistar a un público entregado desde el primer acorde.
Vestida de blanco, con micrófono en mano y una sonrisa sincera, Marilia apareció sobre el escenario acompañada de su banda. Tras un saludo breve y cálido, abrió el concierto con un tema antiguo: 'Cómo repartimos los amigos'. “Gracias por estar aquí esta noche tan especial”, dijo al público. “Venir a Melilla es un regalo y compartir este momento con vosotros, aún más”.
Lo que vino después fue una travesía por distintas etapas de su carrera. Canciones nuevas como Bailar conmigo, que da nombre a su actual gira, se entrelazaron con clásicos imborrables como Amores de barra, Y quisiera o Mujer florero, que fueron recibidos con aplausos, móviles en alto y hasta lágrimas discretas entre quienes revivían con ellas momentos muy personales.
“Algunas de estas canciones las escribí cuando tenía 16 años”, confesó entre tema y tema. “Y nunca pensé que seguiría cantándolas tanto tiempo después, ni que seguirían formando parte de la vida de tantas personas”. Cada palabra, cada acorde, resonaba con el peso de la historia que comparten artista y público. Marilia no solo interpretó canciones: contó anécdotas, reflexionó sobre el paso del tiempo y celebró la música como hilo que une a generaciones distintas.
El momento más emotivo de la noche llegó con Lo echamos a suertes, probablemente el tema más icónico de Ella Baila Sola junto con Cuando los sapos bailen flamenco. Los primeros acordes desataron una ovación espontánea, seguida por un coro unánime que acompañó a Marilia de principio a fin. Fue, sin duda, el instante en que el público melillense dejó de ser espectador y se convirtió en protagonista. En ese preciso momento, “ganó Melilla”.
Aunque el peso de la nostalgia fue inevitable —y bienvenido—, Marilia también demostró que su presente musical tiene mucho que ofrecer. Su voz, más madura pero igual de dulce, se movió con soltura entre lo melódico y lo íntimo. Canciones recientes como En el espejo, A mi manera o La casa de los espejos confirmaron que su talento como compositora sigue vivo y en plena forma.
En una reciente entrevista con el periódico 20 minutos, Marilia explicaba que esta gira forma parte de una etapa de plenitud. “Estoy en un momento de mucho trabajo y mucho agradecimiento. Las canciones me han traído hasta aquí. No pongo fecha para el próximo disco; dejo que las canciones lleguen a su ritmo”. Esa filosofía quedó patente en el escenario: nada forzado, todo fluye, todo conecta.
Uno de los grandes aciertos de 'Música a la Luna' es su apuesta por conciertos íntimos, cercanos, en espacios emblemáticos de la ciudad. El de Marilia fue un ejemplo perfecto. Sin necesidad de grandes producciones ni efectos espectaculares, la artista ofreció un concierto sincero, donde la música fue protagonista absoluta. Cada canción era un diálogo, cada pausa una confesión.
El público, diverso en edades, respondió con total entusiasmo. Algunos venían por la nostalgia, otros por curiosidad, muchos por amor a la música. Todos salieron con la sensación de haber vivido algo único. No hubo prisas al terminar. Nadie se movió durante los bises. El silencio al final de Despídete fue uno de esos momentos que quedan grabados.
Con el concierto de Marilia, el ciclo 'Música a la Luna' 2025 entra en su recta final. Aún quedan dos citas importantes para despedir esta XV edición: el próximo 22 de agosto será el turno de la fusión entre tango y jazz con Sheila Blanco y Federico Lechner, en la Plaza Pedro de Estopiñán. Y el broche final llegará el 19 de septiembre, en la Plaza de las Culturas, con la actuación de Pitingo, dentro de los actos del Día de Melilla.
Hasta entonces, queda la estela de esta noche mágica. Porque hay canciones que no envejecen, artistas que siguen creciendo y ciudades que saben abrazar la cultura con el cariño que merece.
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