María Milagrosa Pérez y José María Aguilar junto al cartel. -AGC-
La solemnidad se instaló en la noche del sábado en la iglesia del Sagrado Corazón mientras Melilla esperaba el momento de descubrir la imagen que anunciará el calendario de culto en honor a Nuestra Señora de la Victoria durante las fiestas patronales. Fieles, familias, amigos, amigas y representantes institucionales fueron ocupando sus lugares con esa mezcla de expectación y emoción que acompaña a los acontecimientos vinculados a la Patrona. La Agrupación Musical de la Flagelación puso música a la ceremonia y José María Aguilar asumió la presentación con unas palabras atravesadas por la memoria, la tradición y la devoción. Antes de adentrarse en la obra de María Milagrosa Reyes, el acto recordó el significado de unos cultos que cada septiembre vuelven a reunir a la ciudad alrededor de su Patrona coronada y alcaldesa perpetua de Melilla.
Francisco Gámez Pérez fue el encargado de introducir a José María Aguilar, en una intervención que situó la mirada en la figura de la Virgen como madre protectora y refugio de quienes acuden a ella. Sus palabras estuvieron también marcadas por la cercanía con quienes mantienen viva la devoción a Nuestra Señora de la Victoria y por un recuerdo especial hacia los hermanos de Ceuta, antes de invitar a "alzar la mirada hacia nuestra madre", esa madre que espera, escucha y acoge. El gesto de levantar la mirada adquirió así un sentido simbólico: volver los ojos hacia una figura que forma parte de la memoria de la ciudad y que, generación tras generación, continúa siendo referencia de protección y consuelo.
José María Aguilar tomó después la palabra para presentar el cartel desde una perspectiva profundamente emocional. "Venimos a anunciarte con amor. Septiembre ya está aquí y vuelve a tener rostro de madre", afirmó, situando el comienzo de los cultos en ese momento del calendario en el que Melilla vuelve a encontrarse con su Patrona. En su intervención recordó que la presencia de Nuestra Señora de la Victoria acompaña desde hace siglos a esta tierra española y que su nombre está "entrelazado con la historia de esta ciudad". No habló de una imagen distante, sino de una presencia viva en el corazón de su pueblo, de una figura que representa refugio, consuelo y guía y que ha permanecido ligada a la memoria colectiva de los melillenses.
"Un pueblo que nunca dejó de mirarte con ternura", señaló Aguilar, antes de reivindicar a la Virgen como madre, reina y Patrona de Melilla. El discurso avanzó entre recuerdos y sentimientos, poniendo en valor el trabajo de quienes cuidan de la imagen y mantienen viva su devoción. El presentador dedicó palabras de agradecimiento a los congregantes y a quienes velan por Nuestra Señora de la Victoria, destacando el vínculo construido alrededor de ella. En ese contexto apareció una de las imágenes más significativas de la presentación: "Una puerta abierta entre dos iglesias, una unión entre una madre y un hijo", en referencia a la obra gráfica que se mantenía oculta. Una metáfora que conectaba directamente con los conceptos que atraviesan el cartel de este año: el anhelo, la unión y el amparo.
La presentación se detuvo también en el significado de los días de Novena y en la procesión, definida como "la expresión más pura del amor a su madre". La Virgen sale entonces del espacio del templo para encontrarse con las calles y con los melillenses, en una manifestación pública de una devoción que se renueva cada septiembre. Aguilar cerró su intervención elevando una petición que resumía el sentido de la celebración: "Eres tú quien nos sostiene con tu mirada y tu misericordia. Bendice a Melilla entera". Tras esas palabras, la expectación por descubrir el cartel adquirió un significado mayor: no se trataba únicamente de presentar una imagen, sino de anunciar unos días en los que la ciudad volverá a mirar a su Patrona.
Frente a ese escenario, María Milagrosa Reyes aguardaba el instante en que una obra que durante meses había sido suya dejara de pertenecerle para convertirse en patrimonio compartido, abierta desde ese momento a las miradas, recuerdos y sentimientos de todos los melillenses. El cartel lleva su firma, pero también contiene una parte importante de su propia historia. La autora, vinculada a la Junta de Gobierno de la Patrona y responsable de las redes sociales y de buena parte de la imagen gráfica y la comunicación de la institución, recibió el encargo casi por sorpresa. "Me lo esperaba, pero no", explica al recordar aquella reunión en la que se decidió quién asumiría la autoría. Su experiencia como autora del cartel del Cautivo el año anterior y una segunda mención de honor obtenida en 2024 habían situado su nombre entre los candidatos. La elección le produjo una mezcla de alegría, emoción y responsabilidad. "Al final es mi virgen", resume.
Pero esta vez no quería limitarse a construir un retrato de la Patrona. Quería contar una historia. Y esa historia comienza mucho antes de recibir el encargo, en los recuerdos de una niña que subía con su familia y con su abuelo a la iglesia del Pueblo para encontrarse con la Virgen cada 8 de septiembre. Por eso, al pensar en el cartel, apareció desde el principio una idea que terminaría convirtiéndose en el corazón de la obra: el anhelo de volver a ver a Nuestra Señora de la Victoria en su casa. Desde 2016, la Patrona permanece fuera de la iglesia de la Purísima Concepción del Pueblo, y Reyes quiso convertir esa ausencia en una presencia simbólica.
La iglesia del Pueblo debía aparecer en la composición como hogar y como memoria, pero María Reyes buscó apartarse de las fórmulas habituales. "Siempre estamos acostumbrados a que el titular o la imagen de alguna cofradía aparezca en el cartel", señala. Así surgió la decisión de apartar el protagonismo de la imagen completa de la Virgen y centrar la mirada en sus manos. El resultado, titulado "Madre, Refugio y Amparo", transforma ese gesto en el principal lenguaje visual de la obra y convierte el contacto entre dos manos en una representación de la relación entre la patrona y quienes han crecido bajo su mirada.
El fondo reúne la iglesia del Pueblo, Melilla la Vieja y el Sagrado Corazón, tres espacios fundamentales en la memoria de la Patrona. Sobre ese paisaje aparecen las dos manos: la de un niño, que representa a la propia autora y a todos aquellos que han crecido junto a la Virgen, y la de la Virgen, símbolo de la mirada protectora que acompaña a quienes un día fueron niños y hoy son adultos. "Ella me ha visto nacer, me ha visto crecer", explica Reyes. Entre ambas manos aparece el rosario de la Virgen, al que se agarra la mano infantil, reforzando la idea de protección, continuidad y acompañamiento.
El rosario contiene, además, otra parte de la historia personal de la autora. Tiene la silueta de la Virgen de Covadonga y fue adquirido por Reyes después de un viaje a Asturias, como forma de agradecer a la Patrona el acompañamiento que, según explica, sintió durante aquella experiencia. El objeto une así dos territorios y dos referencias religiosas que forman parte de su memoria. A su lado aparece el bastón donado por Cándido Lobera, militar, político, alcalde de Melilla y fundador de El Telegrama del Rif. Reyes quiso incorporarlo para reforzar el vínculo entre la Virgen y la historia de la ciudad. "Melilla no se entiende sin la Patrona y la Patrona no se entiende sin Melilla", sostiene.
La composición fue elaborada a partir de fotografías propias y herramientas de inteligencia artificial, con imágenes de la iglesia del Pueblo, el Sagrado Corazón y Melilla la Vieja. Las arquitecturas parecen surgir de la roca bajo un cielo de tonos rosados y azulados inspirado en los atardeceres melillenses. La autora añadió una capa azulada para oscurecer el fondo y destacar las manos, además de retocar determinados desperfectos de la imagen antigua de la Virgen. La mano infantil fue ligeramente ampliada para alcanzar el rosario. Cada decisión técnica quedó así subordinada a la misma idea que recorre toda la obra: el encuentro entre la infancia, la memoria y la protección de la Patrona.
En el fondo permanece una sensación difícil de reducir a una sola palabra. Hay nostalgia, memoria, crecimiento y, sobre todo, anhelo. Reyes reconoce el calor y el arropo que ha recibido la Virgen en el Sagrado Corazón, donde se encuentra más cerca de los melillenses, pero también recoge el deseo de volver a verla en su ubicación habitual, en el camarín de la iglesia de la Purísima Concepción del Pueblo. Esa necesidad de regresar a casa enlaza con sus propios recuerdos y con momentos vividos junto a la Patrona, como el Rosario de la Aurora, que relaciona con el cierre de una etapa escolar en la que volvió a encomendarse a ella, esta vez en el Sagrado Corazón.
El cartel estaba terminado desde abril y permaneció guardado hasta la noche de su presentación. Durante meses fue de María Reyes, de sus recuerdos y de su mirada. Después del descubrimiento, cambió de dueño. "El cartel ha sido mío desde abril, que lo tenía hecho, y ahora el cartel es de Melilla", afirma. En esa frase queda resumido el recorrido de la obra: de una experiencia personal a una memoria colectiva. Las dos manos unidas por un rosario dejan de contar únicamente la historia de una autora y pasan a representar también la de quienes crecieron mirando a la Patrona, quienes la han acompañado en distintas etapas y quienes comparten el deseo de volver a verla en su casa. El cartel anuncia los cultos, pero sobre todo devuelve a la ciudad una imagen de su propia memoria: la de una madre que, como recordó José María Aguilar, sigue siendo refugio, consuelo, guía y amparo.
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