Cultura y Tradiciones

Cristina Hernández, del brillo de Times Square a la voz de La Niña Roja en Madrid

Su paso por Nueva York y el Akelarre Talent Show muestra las dos caras de una creación que transita entre el collage, la poesía, la oralidad y la experiencia personal

Cada hora, en el minuto 9 y durante 15 segundos, Nueva York se convirtió en una ventana para contemplar la obra de Cristina Hernández. El pasado 1 de octubre, su collage "Crystal" apareció en las pantallas de Times Square como parte de una proyección internacional en la que participaron ocho artistas de diferentes nacionalidades. La pieza ya había formado parte de una exposición en Barcelona con The Holy Art y, durante toda aquella jornada, regresó a la escena pública en uno de los lugares más reconocibles del mundo. Una presencia breve, pero de gran alcance, que contrasta con otra experiencia vivida pocos días después en Madrid: la posibilidad de encontrarse directamente con el público.

Fue en el Akelarre Talent Show, organizado por Carmen Iglesias y Maiko Piera, propietarias de Casa Maiko, donde Hernández llevó su universo artístico al escenario del Teatro de Bellas Artes de Madrid, perteneciente al Círculo de Bellas Artes. Allí proyectó cinco collages sobre una pantalla de tres por tres metros y acompañó las imágenes con dos poemas, uno al comienzo y otro al final de su intervención. Vestida como La Niña Roja, con capa y capucha rojas y gafas de cristales rojos, el collage sirvió de encaje en una experiencia escénica completa en la que imagen, palabra, cuerpo y presencia compartieron espacio a través de la performance.

"Soy Cristina Hernández González y también soy la Maga Hego, la Niña Roja, la Viajera Peregrina y el espíritu del dragón." Así comenzó su presentación. Pero aquella enumeración de identidades simbólicas dio paso después a una dimensión mucho más personal: habló de sí misma como víctima de malos tratos, violencia de género y abuso narcisista, y de su condición de superviviente. Esa experiencia atraviesa una parte esencial de su universo creativo y explica la necesidad de convertir lo vivido en relato.

El "Lobo narcisista" es, dentro de ese imaginario, la figura con la que representa las dinámicas de manipulación, violencia y abuso. No se trata de un diagnóstico clínico ni de una clasificación profesional, sino de una metáfora que utiliza para hablar de relaciones destructivas desde su propia experiencia y desde la divulgación. En torno a ella ha construido un discurso que busca identificar comportamientos dañinos, poner palabras a determinadas situaciones y, sobre todo, recuperar la capacidad de contar lo sucedido.

En ese proceso aparece Caperucita Roja, un cuento transmitido durante generaciones a través de la tradición oral y reinterpretado por Hernández desde otra perspectiva. En su versión, el bosque deja de ser únicamente el lugar donde acecha el lobo para convertirse también en un territorio de incertidumbre, peligro, aprendizaje y transformación. La historia ya no termina cuando la protagonista es devorada por el miedo: después de atravesar el bosque queda una mujer que puede regresar y contar lo que ha aprendido.

La Niña Roja representa así una forma de conocimiento vinculada también a la intuición y a la relación con la naturaleza, cercana al arquetipo de la Mujer Salvaje. El bosque simboliza aquello que no se conoce, los caminos que se cruzan y las situaciones en las que es necesario aprender a orientarse. La recuperación de la voz se convierte en una parte fundamental de ese recorrido: no borrar lo ocurrido, sino darle otro significado.

Esa dimensión oral continúa en los podcasts de La Niña Roja, donde Hernández desarrolla parte de este universo a través de la palabra hablada. Allí aborda el "lobo narcisista", las dinámicas de abuso y las señales que pueden acompañar a determinadas relaciones, recuperando además el carácter de transmisión propio de los relatos contados de viva voz. La historia deja de estar encerrada en una página y encuentra otro espacio para ser compartida.

También la poesía ocupa un lugar central. En el escenario del Bellas Artes, los poemas no funcionaron como un complemento de las imágenes, sino como una forma de presencia. Al ser recitados, abandonaron la página para adquirir ritmo, rostro y cuerpo. Esa manera de trabajar explica una de las características de la propuesta de Hernández: la integración de distintas disciplinas en una misma creación, desde la literatura y la poesía hasta el collage, la oralidad y la performance.

En la mesa redonda "Arte y Redes Sociales", Hernández habló precisamente de cómo utiliza los espacios digitales para dar visibilidad a su trabajo. Define Instagram como una "valla publicitaria": un lugar para anunciar proyectos terminados y conducir al público hacia su página web, pero no para mostrar toda su vida ni todo lo que crea. Su universo artístico puede conocerse con mayor amplitud en www.lamagahego.com, donde reúne sus proyectos, poesía, collage, podcasts y distintas iniciativas creativas.

Aunque la proyección de "Crystal" en Times Square supuso una importante ventana internacional, Hernández concede un valor especial a lo ocurrido en Akelarre. La diferencia está en el contacto. Nueva York ofreció alcance y visibilidad a través de la tecnología; Madrid le permitió mirar al público, escuchar su reacción y establecer una comunicación directa. Como recuerdo de aquella experiencia recibió de Carmen Iglesias un trofeo con una escultura montada sobre una bicicleta, que conserva en su casa.

Su actividad continúa ahora con "Sabias y Sagradas", una exposición que presentará del 19 al 26 de octubre en el Real Club Marítimo de Melilla. El proyecto reúne 22 grandes figuras femeninas relacionadas con la conciencia y la creación. Son mujeres concebidas como arquitectas, creadoras y pensadoras, y cada una representa virtudes a las que cualquier persona puede aspirar. La exposición incorpora además un poema escrito por Encarna León para cada figura.

Para Hernández, "Sabias y Sagradas" ocupa un lugar especialmente importante dentro de su trayectoria. Es un proyecto de gran dimensión que reúne buena parte de las inquietudes presentes en su obra: la figura femenina, la creación, la palabra y la transformación.

A esta nueva exposición se suma su nominación a mejor poeta en Impulso Autor. Su recorrido reciente dibuja así un mismo universo a través de escenarios muy diferentes: una imagen que aparece durante quince segundos en Times Square, cinco collages proyectados en un teatro madrileño, dos poemas pronunciados frente al público, una historia que continúa en los podcasts y una exposición dedicada a mujeres creadoras. Distintos formatos para una misma necesidad: transformar la experiencia en obra y hacer de la palabra una forma de regreso.

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