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Los ciudadanos tienen que colaborar en la limpieza

De nada sirve gastar recursos públicos en mantener las calles decentes si luego el melillense se comporta de forma incívica

Hace cuatro días, la Consejería de Medio Ambiente y Naturaleza llevó a cabo una fuerte campaña de limpieza de choque en la zona Vía Láctea, de la Cañada de Hidum. Maquinaria pesada y operarios a pie dejaron aquella calle como una patena. Retiraron kilos y kilos de toda clase de vertidos: basuras, enseres y de todo lo que el vecindario quiso deshacerse dejándolo tirado en la calle. El resultado fue óptimo porque parecía un lugar distinto al que había antes de emplearse a fondo en dejarlo saneado.

Veinticuatro horas después, sin embargo, el lugar apareció de nuevo hasta arriba de porquerías. No había servido absolutamente de nada las muchas horas y recursos públicos que se utilizaron para limpiar el sector; era como si nunca se hubiera actuado por ese lugar. Medio Ambiente volvió a mandar allí cuadrillas de trabajadores para limpiar una vez más, pero tampoco es que durara mucho.

Ayer, al tercer día de la primera limpieza de choque, la cosa no solo había regresado a su suciedad habitual sino que, además, las basuras y vertidos ilegales se dejaron en lugares muy estratégicos de la barriada de la Cañada: la puerta del parque y las inmediaciones de los cafetines. Es como si se hubiese hecho aposta, como una forma de manifestar que hay vecinos a los que les da igual que se limpie porque lo que buscan es que su barrio esté de pena, llenito de residuos.

No es de extrañar, por lo tanto, que la Consejería de Medio Ambiente haya estallado y se dirija a esos incívicos pidiéndoles colaboración en el mantenimiento de sus propias calles. Es tan sencillo como sacar las basuras a los contenedores en bolsas en condiciones y en el horario establecido para ello, y llamar a los servicios de que dispone la Ciudad Autónoma cuando de lo que se trata es de electrodomésticos, colchones, muebles o cualquier otro artículo prohibido en los recientes instalados en la vía pública. Por cierto, se trata de una cuestión gratuita.

Lo que no se puede seguir consintiendo es que paguen justos por pecadores. Son multitud los vecinos de la Cañada que no quieren eso para su barrio, que respetan, que son educados y no merecen en modo alguno que unos cuantos se dediquen a esparcir sus desechos por la calle como mejor les apetece. Eso debe quedar completamente erradicado, bien por la acción de quienes son personas cívicas y normales que les reprendan en su mala actitud, bien por la instalación de cámaras que apunten directamente a esos personajes que no saben vivir en sociedad, los retrate y puedan ser identificarlos para aplicarles las correspondientes sanciones. Basta ya de tanto incivismo.

 

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