La Feria se acerca a Melilla y, con ella, regresan algunos de esos rituales que forman parte del paisaje festivo y de la memoria compartida. Entre ellos están las sevillanas, un baile que, más allá de su dimensión artística, permanece estrechamente ligado a las celebraciones populares y a la cultura andaluza y melillense. Con la Feria a punto de comenzar el próximo sábado 29 de agosto, la bailarina y profesora Noe Mata volverá a poner el cuerpo, el compás y la tradición al servicio de quienes quieran llegar al recinto ferial con algo más que ganas de bailar.
Del lunes 24 al jueves 27 de agosto se celebrará la tercera edición del curso intensivo de Sevillanas, una propuesta pensada para acercar este baile a quienes parten prácticamente desde cero y quieren aprender sus pasos para disfrutarlos durante la Feria. Las clases se desarrollarán de 17:00 a 19:00 horas en la sala multidisciplinar de Gym Fussion, situada en la Estación Marítima, y tendrán un carácter eminentemente práctico. Son ocho horas repartidas en cuatro tardes, con dos horas de trabajo cada jornada y con el objetivo de acercarse y aprender las cuatro sevillanas, adquiriendo las herramientas suficientes para poder seguirlas y bailarlas durante las fiestas patronales.
Noe Mata afronta esta tercera edición en solitario, aunque contará con una ayudante durante las sesiones. Habitualmente, el curso lo imparte junto a Gonzalo Carmona, profesor de Danza Española en la Escuela de Música y Danza Pilar Muñoz, pero este año su baja le impedirá participar. El cambio no ha alterado la esencia de una actividad que, según explica Mata, nació precisamente con la intención de que la sevillana no se quede relegada a quienes poseen una formación específica en danza. Lo hacen, explica, de manera que pueda participar todo el mundo.
La estructura del curso responde a esa filosofía. Cada tarde estará dedicada al aprendizaje de una de las cuatro sevillanas, de manera que al finalizar las cuatro jornadas los participantes hayan recorrido la secuencia completa. No se trata, por tanto, de reproducir una clase académica de una escuela de baile ni de profundizar en la técnica hasta sus últimas consecuencias, sino de adaptar los conocimientos de una disciplina exigente a un contexto mucho más cotidiano: una feria, una boda, una celebración o cualquier espacio donde surja la oportunidad de bailar.
La sevillana, relata Mata, no es sencilla desde el punto de vista técnico. Detrás de su aparente naturalidad existen pasos, coordinación, ritmo, desplazamientos y una relación constante con la pareja. Sin embargo, el curso busca precisamente desprenderla de esa dificultad inicial para convertirla en una experiencia accesible. "Es para aprenderla y disfrutar", explica la bailarina, que insiste en que los alumnos no necesitan llegar con conocimientos previos puesto que el curso adquiere el nivel de iniciación. Basta con tener ganas de aprender.
La diversidad de quienes se acercan a estas clases demuestra, precisamente, que la sevillana puede funcionar como un punto de encuentro. En esta edición ya se han inscrito diez personas apenas un día después de abrirse el plazo, y todavía quedan plazas disponibles. Entre quienes han mostrado interés hay parejas y personas que acudirán de manera individual, jóvenes y adultos, así como perfiles que demuestran que el baile puede traspasar fronteras. Mata cuenta, por ejemplo, que una de las alumnas inscritas es estadounidense y apenas habla español. "Realmente lo puede hacer", señala, porque el aprendizaje se ha planteado para que el idioma no sea una barrera determinante.
El curso está dirigido principalmente a adultos, aunque en anteriores ocasiones también han participado adolescentes de 16 y 17 años. La diferenciación responde menos a una cuestión estricta de edad que a la dinámica de las clases. Mata trabaja habitualmente con niños y conoce las diferencias corporales y de aprendizaje que existen entre ellos y los adultos. En este caso, la propuesta está concebida para que los mayores puedan avanzar juntos con un ritmo de trabajo común.
Tampoco será necesario acudir con una indumentaria específica. La recomendación de la profesora es llevar el calzado con el que después se pretenda bailar en la Feria. Un zapato de baile con tacón puede ser útil, pero no resulta imprescindible. También se puede aprender con zapatillas deportivas o cuñas. La prioridad es que el alumno se familiarice con los movimientos y llegue a la fiesta con confianza.
Esa manera de entender la enseñanza tiene mucho que ver con la propia relación de Mata con la danza española. Las sevillanas han formado parte de una formación mucho más amplia que se prolonga durante doce años y que incluye disciplinas como la danza clásica, la escuela bolera o el flamenco. Dentro de ese recorrido académico que un bailarín de danza española ha transitado, también aparecen diferentes bailes populares, desde las jotas extremeñas o aragonesas hasta manifestaciones tradicionales de otras zonas del país.
La sevillana ocupa su propio espacio dentro de ese mapa de aprendizaje. Pertenece a la cultura popular, al margen de que una persona haya estudiado danza o no, ha permanecido presente en generaciones de familias y celebraciones. Mata lo explica desde una perspectiva íntima. Recuerda a su madre, granadina, que no había aprendido sevillanas desde una formación técnica pero que sabía bailarlas porque había crecido viéndolas y viviendo esa tradición. Ahí reside, en buena medida, la particularidad de este baile: se aprende en las academias, pero también en las casas, en las fiestas y mirando a quienes bailan alrededor. "Es algo que se ha bailado siempre", resume la profesora.
Esa transmisión cultural es precisamente uno de los motivos que la han llevado a mantener este curso en Melilla. No es la primera ciudad en la que Mata ha impartido intensivos de estas características. También los ha desarrollado en Madrid y Barcelona, ciudades en las que ha vivido y trabajado. En Melilla, sin embargo, la propuesta adquiere una dimensión especialmente ligada al calendario local, porque las cuatro tardes de aprendizaje desembocan directamente en la Feria.
La respuesta obtenida durante las dos primeras ediciones parece haber consolidado esa relación. Mata reconoce que le ha sorprendido especialmente la presencia creciente de hombres entre los inscritos de este año. Ya cuenta con tres chicos jóvenes apuntados, una circunstancia que interpreta como una evolución positiva dentro de una actividad que tradicionalmente ha tenido una participación femenina más visible. También han acudido parejas y personas jóvenes, configurando un público heterogéneo que, lejos de responder a un único perfil, se acerca al curso por razones diferentes.
Las plazas son limitadas, aunque todavía quedan vacantes para esta tercera edición. La inscripción puede realizarse de forma individual o por parejas, contactando a través del teléfono de información indicado en el cartel del curso. El precio del intensivo completo es de 50 euros. Cuatro tardes, ocho horas y cuatro sevillanas para llegar al sábado 29 con una parte de la Feria ya aprendida en el cuerpo.








