Las piedras hablan en Melilla y son cronistas de una historia que se remonta más allá de cinco siglos en el tiempo.
Los acontecimientos históricos, en su mayor parte de carácter militar, se suceden en nuestra ciudad y casi todos tienen un rincón en el que ser recordados. Algunos dieron paso a capítulos fundamentales de la historia de nuestro país, como el inicio de la Guerra Civil. Otros son episodios de gloria y dolor que han caído en el olvido, que sólo merecen algún párrafo en los libros de historia de nuestros escolares, como los hechos que tuvieron lugar en la época del Protectorado. Muchos, como la heróica resistencia bajo el mando del mariscal Sherlock, son imprescindibles para comprender nuestra forma de ser, marcaron durante décadas a generaciones de melillenses y dejaron un poso indeleble en nuestro espíritu como pueblo.
Nuestro pasado tiene un valor intangible porque son las raíces que nos mantienen aferrados a estos 12,5 kilómetros cuadrados. Pero también puede ser un pilar sobre el que construir en parte nuestro futuro. Esta tarde el vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Nebrija, Bruno Pujol, pronunciará una conferencia en la que pondrá ‘precio’ a nuestra historia como recurso para el desarrollo turístico. Probablemente, Pujol hará mención del valor que tiene este bien en otros puntos de nuestro país, el modo en el que es explotado y el beneficio que genera en esas sociedades.
Sin duda, se hablará de la necesidad de poner nuestro patrimonio en valor, de adecentar algunos escenarios donde se desarrollaron importantes capítulos de nuestra historia. Pero sin duda uno de los aspectos más interesantes de la conferencia serán los pasos a seguir para ‘vender’ nuestro pasado, cómo darlo a conocer, hacerlo atractivo a potenciales visitantes y hasta convertirlo en la causa de un continuo flujo de turistas.
Quizá el primer paso, al margen de la exposición que esta tarde realice Bruno Pujol, sea que los melillenses empecemos a valorar nuestra propia historia. Para ello, previamente, antes de mostrala a otros, será indispensable hacer lo necesario para ‘recordarla’ nosotros mismos. Sólo si conocemos su verdadero valor, sabremos cómo ‘venderla’. ¿Qué ‘precio’ tiene una visita, por ejemplo, a las dependencias donde la Legión guarda sus más preciadas joyas? Si el turista es un amante de la historia, si es un entusiasta del Ejército, si quiere hacer un recorrido sociológico por el último siglo, si desea ver algunos de los pasos ha dado la tecnología en estos cien años hasta llegar a su estado actual, si pretende aproximarse al espíritu de una de las unidades militares más laureadas en nuestro país... su valor es incalculable. Al menos, será muy difícil que le ponga precio un melillense que sabe qué han representado estos soldados en nuestra historia y que recuerda cómo fueron recibidos en esta ciudad aquella mañana del 24 de julio de 1921.
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