La visita del Rey es esencial en este contexto de inestabilidad y desconfianza
Hay muchas personas que piensan que la visita de los Reyes de España a Melilla el día 14 de octubre no sirve para nada más allá de hacerse una foto, que no aportará soluciones a la ciudad y que, en consecuencia, sería perfectamente prescindible. Sin embargo, esa forma de ver este viaje no tiene nada que ver con la realidad de lo que va a suponer, no solo para el ahora sino también de cara al futuro. Quienes consideren que se trata de quedar bien y de un gesto para la galería sin repercusión positiva alguna hay que decirles que no pueden estar más equivocados.
Después de la demostración de fuerza de Marruecos con la invasión de Ceuta para dejar de manifiesto que puede violar la integrar territorial cuando le plazca, la presencia del Rey Felipe VI en las dos ciudades autónomas le da una respuesta contundente a Rabat: Ceuta y Melilla forman parte indisoluble de la soberanía española y así va a seguir siendo por mucho que el régimen alauita pretenda imponer su relato anexionista.
La presencia de los Reyes pone de manifiesto ante toda España y, sobre todo, en el ámbito internacional y de la geopolítica mundial, que el Estado está protegiendo sus territorios. En este tipo de situaciones, querer que el Jefe del Estado venga con soluciones bajo el brazo es tener muy cortas miras, entre otras razones porque su papel es reinar, no gobernar. Si se quieren políticas y medidas contundentes deben dirigir sus ojos hacia el Gobierno de Sánchez, que es el que permite que aún haya miles y miles de inmigrantes en Ceuta, el que vota en contra en Europa de endurecer las medidas de control de las fronteras y el que se sustenta en un partido, el PSOE, que vota en contra de tramitar una reforma de la Ley de Extranjería en nuestro país que haga factibles las devoluciones de quienes tratan de entrar a nado en las ciudades norteafricanas.
Y si por sí solo ya es de la máxima importancia que la estancia del monarca en Melilla lance el mensaje de españolidad incuestionable de esta población, tampoco es moco de pavo lo que supone para que se recupere la confianza, la certeza y la estabilidad frente a los potenciales inversiones, quienes podrían estar planteándose la posibilidad de implantar sus empresas en la ciudad aprovechando sus atractivas condiciones fiscales y económicas.
El presidente Imbroda lo volvió a repetir ayer en su rueda de prensa sobre la visita de los Reyes: ningún plan económico será viable en Melilla si previamente no existe un contexto de seguridad, de confianza y de estabilidad. Solo sobre esa base se puede construir un futuro socioeconómico y que Felipe VI pise este suelo es, sin duda, la mejor forma de alcanzar ese objetivo.
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