Wafa Lamtalbi, su marido y sus dos hijos en un viaje. Cedida por la familia-
Ishaq tenía cinco años cuando, de repente, de su boca comenzaron a salir palabras concretas. Esas palabras correspondían a los números. Del uno al quince. En casa de Wafa Lamtalbi aquel instante se vivió como una fiesta. Una celebración íntima que estalló en mitad de una cotidianidad marcada durante años por preguntas, dudas y desconcierto. Para sus padres, aquel momento significó mucho más que escuchar hablar a su hijo por primera vez: era también el cierre de un miedo que los había acompañado durante mucho tiempo. Habían escuchado en repetidas ocasiones que, si un niño con trastorno del espectro autista no hablaba antes de los seis años, podría no hacerlo nunca. Aquella tarde, mientras Ishaq contaba números con naturalidad, ese temor se desvaneció por completo.
La historia de esta familia, sin embargo, había comenzado mucho antes. Como tantas otras, empezó con un nacimiento y con los primeros meses de crianza, cuando todo parece avanzar dentro de la normalidad. Pero a medida que Ishaq crecía, pequeños detalles empezaron a llamar la atención de su madre. Nada concreto al principio, solo sensaciones difíciles de explicar. Comparaciones inevitables con otros niños de su edad, gestos que no aparecían, respuestas que tardaban en llegar. Ishaq no pedía agua ni comida como otros niños, tampoco respondía siempre cuando lo llamaban por su nombre. Eran señales sutiles, pero suficientes para sembrar la inquietud.
En aquel momento Ishaq tenía apenas un año y medio. En la guardería no observaron nada fuera de lo común. Era, simplemente, un niño más. Sin embargo, la intuición de una madre rara vez desaparece del todo. Fue una amiga cercana, acostumbrada a trabajar con niños pequeños, quien se atrevió a poner nombre a aquella sospecha después de observarlo durante unos días. Detectó ciertos patrones repetitivos y habló con la familia con total franqueza: creía que podía haber autismo.
Escuchar aquellas palabras fue un golpe difícil de encajar. Aunque en la familia existían antecedentes, aceptar la posibilidad resultaba doloroso. Aun así, la duda ya estaba instalada y la familia decidió iniciar un camino que muchas otras recorren: la búsqueda de respuestas. Ishaq comenzó a acudir a terapia cuando tenía dos años, pero el diagnóstico no llegó de inmediato. Varios profesionales hablaban de una posibilidad, pero la edad del niño impedía confirmarlo con certeza.
Durante ese tiempo, Wafa recuerda que siguió esperando escuchar lo contrario. Aunque acudía a especialistas y continuaba con las terapias, una parte de ella mantenía la esperanza de que alguien dijera finalmente que no había nada. Que todo era solo un retraso pasajero. La certeza tardó en llegar. En Melilla, explica, en aquel momento no existían profesionales que pudieran emitir ese diagnóstico, por lo que la familia tuvo que recurrir a un gabinete en Málaga. El informe llegó por correo electrónico. Leerlo fue enfrentarse de golpe a una realidad que hasta entonces había permanecido suspendida entre la posibilidad y la negación. A partir de ese momento, la vida familiar comenzó a reorganizarse.
Criar a un niño con autismo implica aprender a vivir de otra manera. La rutina se convierte en un pilar fundamental. Los horarios, las actividades y los cambios deben anticiparse, explicarse y prepararse con tiempo. Cualquier alteración inesperada puede generar una sobrecarga difícil de gestionar. La planificación se vuelve constante y el día a día exige una atención permanente.
En ese proceso, el papel de los padres resulta esencial. Wafa explica que la crianza de Ishaq ha sido siempre un trabajo compartido, un equilibrio que se sostiene gracias al apoyo mutuo. Hay momentos en los que uno de los dos se derrumba, agotado por la intensidad emocional que supone afrontar determinadas situaciones. Entonces, el otro toma fuerza y sostiene. Con el tiempo, las tornas cambian. Quien fue fuerte en un momento puede necesitar después apoyarse en el otro. Así, entre ambos, encuentran la manera de seguir adelante.
La vida cotidiana está llena de pequeñas tensiones y también de aprendizajes constantes. Las rutinas, las terapias y las estrategias forman parte de un engranaje que se repite cada día. Pero también hay espacios de alegría, instantes que se celebran con intensidad porque representan avances que para otras familias pueden parecer pequeños, pero que para ellos tienen un significado enorme.
El colegio ha sido uno de los lugares donde ese acompañamiento ha resultado especialmente importante. Desde infantil, Ishaq contó con una docente que decidió preparar el aula para recibirlo, implicando a toda la clase en el proceso. Aquella decisión ayudó a que los compañeros comprendieran desde muy pequeños que cada niño es diferente y que la convivencia también pasa por aprender a relacionarse con esa diversidad.
Aun así, la sociedad no siempre está preparada para comprender esas diferencias. En muchas ocasiones las familias se encuentran con miradas o comentarios que nacen del desconocimiento. Wafa lo resume de forma sencilla: muchas personas juzgan sin saber, no por maldad, sino porque nunca han tenido el autismo cerca. Para ella, el verdadero cambio pasa por aprender a mirar sin prejuicios.
En ese sentido, también cuestiona la idea de los llamados niños “neurotípicos”. Después de años informándose y conviviendo con distintas realidades, su percepción es que la diversidad forma parte de la propia condición humana. Cada niño tiene sus particularidades, sus ritmos y sus formas de relacionarse con el mundo.
Otro de los retos a los que se enfrentan muchas familias tiene que ver con los recursos disponibles. En algunos espacios de ocio o actividades extraescolares falta personal cualificado para atender adecuadamente a niños con necesidades específicas. A veces los padres reciben respuestas sinceras que agradecen, cuando les dicen que no cuentan con profesionales preparados. Otras veces, sin embargo, la realidad se descubre después, cuando el niño no ha recibido la atención necesaria.
En medio de ese recorrido, las redes de apoyo entre familias se vuelven fundamentales. En las salas de espera de las terapias, en las conversaciones improvisadas entre padres que llevan a sus hijos a los mismos centros, muchas veces aparece un espacio de comprensión que resulta profundamente reparador. Compartir experiencias, intercambiar consejos o simplemente escuchar a alguien que atraviesa situaciones similares se convierte en una forma de terapia en sí misma. También forma parte del proceso aprender a expresar lo que se siente. Hablar, contar lo que ocurre, poner palabras a las dificultades. Para muchas familias, explica Wafa, ese ejercicio es necesario para poder liberar la presión emocional que acompaña a la crianza.
Porque más allá de los desafíos del presente, hay una preocupación que permanece siempre en el horizonte. Una pregunta que acompaña a muchos padres y madres de niños con autismo: qué ocurrirá cuando ellos ya no estén. La mayor aspiración de la familia es que Ishaq pueda desarrollar las herramientas necesarias para ser lo más autónomo posible. Que tenga recursos para desenvolverse en el mundo, que encuentre su lugar y que pueda construir su propio camino.
Mientras tanto, la vida continúa entre rutinas, terapias, aprendizajes y celebraciones inesperadas. Como aquella tarde en la que Ishaq comenzó a contar números y en casa se vivió como una fiesta. Porque, en realidad, cada avance es una victoria. Y cada una de esas pequeñas victorias forma parte de una historia que, aunque desafiante, también está llena de amor, perseverancia y esperanza.
La Plaza de las Culturas ha acogido este viernes, a las 12:00 horas, la inauguración…
En la mañana de este viernes, la Consejería de Fomento ha acogido la firma de…
Las Juventudes Socialistas de Melilla (JSME) han acusado a la diputada del Partido Popular, Sofía…
La Policía Nacional ha detenido ya a seis personas en una operación contra el terrorismo…
La Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús quiere hacer un llamado a todos los pequeños artistas…
La Administración General del Estado (AGE) ha comenzado a aplicar la jornada laboral de 35…