La memoria se sentó a conversar en la UNED con Trejo y Martínez de Pisón

El Aula 10 de la UNED Melilla acogió una charla cercana y prolongada entre Juan Trejo e Ignacio Martínez de Pisón sobre literatura, memoria, familia y los límites de contar la vida propia y ajena

El Aula 10 de la UNED volvió a convertirse este jueves en uno de esos lugares donde la literatura no comparece como discurso solemne, sino como conversación viva. Bajo el título Novelar en primera persona, el encuentro reunió a Juan Trejo e Ignacio Martínez de Pisón, moderados por Moisés Salama, en una tarde larga, reposada y dinámica en la que las palabras circularon con naturalidad entre recuerdos, referencias literarias, definiciones de género, anécdotas personales y miradas muy distintas —aunque también próximas— sobre el oficio de escribir. Más que una charla al uso, lo que se abrió allí fue un espacio de escucha sostenida en el que dos autores de generaciones diferentes compartieron no sólo sus libros, sino también la experiencia de haber convertido la memoria en materia narrativa.

La conversación, que se prolongó durante cerca de dos horas y encontró todavía más aire en el turno final de preguntas, fue desplegándose desde un tono cercano y sin rigideces. Salama condujo el diálogo hacia ese territorio donde la literatura en primera persona deja de ser una simple elección formal para convertirse en una manera de mirar el pasado, de revisar la propia biografía y de preguntarse qué se puede hacer con los silencios familiares. En ese terreno se sitúan precisamente los dos libros convocados en la sesión. Por un lado, Nela 1979, de Juan Trejo, una obra nacida de una búsqueda íntima alrededor de la figura de su hermana fallecida, reconstruida a partir de testimonios, recuerdos y conversaciones. Por otro, Ropa de casa, de Ignacio Martínez de Pisón, un volumen memorialístico en el que el escritor recorre episodios de su vida, desde la infancia hasta el despertar de su vocación literaria, transformando la experiencia personal en relato.

Desde el comienzo quedó claro que la primera persona, en ambos casos, no opera como refugio narcisista, sino como un puente. Juan Trejo subrayó esa capacidad de la literatura para producir un efecto en alguien que no conoce al autor y, sin embargo, entra en relación con él a través de una historia escrita desde el “yo”. Esa relación personal que se establece sobre el libro fue uno de los hilos más fértiles de la tarde. No se habló de intimidad en términos de repliegue, sino de apertura: de cómo una historia personal, cuando encuentra una forma justa, puede dejar de pertenecer sólo a quien la vivió y empezar a resonar también en otros.

Ignacio Martínez de Pisón, por su parte, llevó la conversación hacia el momento en que él empezó a escribir y hacia el paisaje literario de los años ochenta. Lo hizo con ironía, con humor y también con una conciencia muy precisa del contexto. Recordó una época en la que todavía no se había producido un relevo amplio en los nombres centrales de la literatura y en la que muchos jóvenes comenzaron a entrar en el radar de los editores. “Molaba mucho ser escritor”, rememoró con gracia, evocando aquellos años en que, incluso sin haber publicado todavía, la juventud sentía que podía formar parte de una renovación. Había puertas abiertas, expectativa, un cierto clima de efervescencia. Los editores, vino a decir, estaban allí, atentos a nuevas voces, dispuestos a acoger propuestas que ensancharan la narrativa española.

Entre Trejo y Martínez de Pisón se fue dibujando entonces un diálogo de generaciones. Trejo, perteneciente a una hornada posterior, recordó con cercanía que autores como Eduardo Mendoza, el propio Ignacio Martínez de Pisón, Antonio Muñoz Molina o Javier Marías formaban parte de sus referencias de juventud. Aquellos escritores, apuntó, introdujeron una mirada cosmopolita, europea, asociada a un momento particularmente dinámico de la literatura española. Se habló de la llamada “nueva narrativa”, aunque no sin matices. Para Trejo, esa etiqueta dice poco por sí misma, carece de un contenido específico si no se acompaña de una observación más precisa sobre los modos de escribir y sobre el mundo que esos autores trajeron consigo.

Martínez de Pisón completó esa imagen evocando una generación que se pensaba moderna, que viajaba, que leía literatura extranjera y que quería respirar de otro modo en una España que dejaba atrás la coyuntura franquista y se adentraba en otra forma de vivir y de mirarse. En ese tránsito, explicó, hubo influencias exteriores decisivas, pero también una autora cuya lectura le produjo un reconocimiento íntimo: Natalia Ginzburg. En los conflictos familiares que ella narraba encontró una posibilidad, una llave. Si ella había podido convertir ese universo doméstico en literatura, quizá él también podía mirar hacia su propia casa. De ahí nació una pregunta decisiva: por qué no escribir sobre la propia familia, al fin y al cabo también como ejercicio de memoria.

Ese punto abrió uno de los tramos más densos y valiosos de la tarde. Porque hablar de memoria no fue hablar simplemente de recuerdos, sino de tiempo, de perspectiva y de transformación. “Con el tiempo uno acaba recordando lo que es”, señaló Martínez de Pisón, insistiendo en que cada cual es producto de su época, de su generación y de su país. En su intervención apareció así la conciencia de ser testigo de unos cambios históricos concretos, de pertenecer a una historia más amplia que obliga a mirar no sólo la Transición, sino también el franquismo, la Guerra Civil o incluso la Segunda República para comprender de dónde venimos. No desde una pulsión académica, sino desde la convicción de que no existe época ni sociedad que no merezca ser contada.

Sin embargo, el encuentro no se quedó en el valor literario de la memoria. El turno de preguntas devolvió la conversación a una cuestión especialmente delicada: qué derecho tiene un escritor a contar la vida de los demás. Y ahí ambos autores entraron en una zona de duda moral, de prudencia y de negociación con los afectos. Tanto Trejo como Martínez de Pisón reconocieron que no se habrían atrevido a escribir estas historias si sus respectivas madres hubieran seguido vivas. A partir de ahí surgieron las reservas, los límites, la posibilidad del reproche por parte de familiares que sí han podido leer esos libros, o el malestar de ver convertidas en personajes a personas reales que quizá habrían preferido otra forma de aparecer.

La respuesta de ambos no fue teórica, sino atravesada por la experiencia. Martínez de Pisón recordó a su madre viuda, sacando adelante a cinco hijos y levantando varios pequeños negocios para sostener a la familia. Durante mucho tiempo, confesó de algún modo, la mirada del hijo había retenido también reproches y zonas de incomprensión. Sólo más tarde, desde la distancia adulta, esa figura comenzó a revelarse con otra densidad: la de una mujer cuya historia merecía ser contada desde el reconocimiento. Trejo, en cambio, explicó que en Nela 1979 el impulso era otro. Su hermana, situada en un contexto de contracultura y atravesada por la heroína, había quedado fijada en un dolor que exigía tacto. La reconstrucción de esa vida le planteó dudas, sobre todo por la reacción que pudieran tener su hermano y su hermana ante lo escrito. Pero ese temor no se confirmó. El libro, dijo, fue leído por ellos como un texto amable, capaz incluso de complementar recuerdos.

Ahí apareció otra idea poderosa: escribir no siempre salva. Uno de los apuntes más certeros de la tarde llegó cuando Trejo contó que su hijo mayor, después de leer el libro, le dijo: “no los salvas”. En efecto, su escritura no busca la redención ni el consuelo fácil. Si Martínez de Pisón expresó su deseo de contar la felicidad, Trejo reconoció que en su caso el relato se adentra más bien en la tristeza. Pero incluso ahí no hay exhibición del dolor, sino una voluntad de poner el foco donde considera que debe estar, incorporando a sus padres no por afán de retrato total, sino porque resultaban necesarios para contar la vida de su hermana.

El cierre del encuentro llevó la discusión hacia la situación actual de la narrativa de autoficción, una etiqueta ante la que ninguno de los dos se sintió reconocido. Martínez de Pisón prefirió hablar de memorias; Trejo situó su trabajo más cerca de la crónica narrativa. Más allá de las clasificaciones, ambos coincidieron en algo elemental: lo que verdaderamente importa no es tanto la promesa de cercanía con lo real como el mecanismo narrativo con el que una historia está construida. Al final, vino a resumir Trejo, lo que nos gusta es que nos cuenten bien una cosa.

Y eso fue, precisamente, lo que ocurrió en el Aula 10: durante dos horas, la literatura sirvió para contar bien muchas cosas a la vez. Sirvió para hablar del yo sin encierro, de la familia sin idealización, del pasado sin nostalgia hueca y de la escritura como una forma de comprender. Entre guiños cómicos, reflexiones precisas y una conversación que nunca perdió el pulso, Juan Trejo e Ignacio Martínez de Pisón dejaron algo más que una defensa de la novela en primera persona. Dejaron la impresión de que contar una vida, cuando se hace con verdad literaria, nunca consiste sólo en hablar de uno mismo, sino en encontrar una forma de atravesar al otro.

Compartir

Artículos recientes

Cepyme alerta del "aislamiento comercial" de Melilla y urge a reabrir la aduana

La Ciudad Autónoma ha recibido en el mediodía de este viernes 17 de abril a…

5 minutos hace

La XII Carrera Africana de La Legión refuerza su carácter deportivo y solidario

La Ciudad Autónoma de Melilla acogerá este sábado 18 de abril de 2026 la duodécima…

53 minutos hace

El MCD Salle se toman esta cita en modo play off

El Melilla Ciudad del Deporte La Salle se desplaza este sábado hasta tierras castellano-leonesas para…

1 hora hace

Los juveniles nacionales juegan importantes partidos

Importante jornada para los equipos de la Peña Real Madrid y del Rusadir dentro del…

1 hora hace

Melilla se cita en el Nacional escolar en Palma de Mallorca

La Federación Melillense de Judo estará presente este fin de semana en el Campeonato de…

1 hora hace

Melilla despide la fase de grupos del Nacional Sub-10 femenino con una derrota

El combinado de la Real Federación Melillense de Fútbol ha finalizado la fase de grupos del…

1 hora hace