La Hermandad de la Divina Pastora prepara estos días una de esas citas que trascienden el simple desplazamiento geográfico para convertirse en un acto cargado de memoria, gratitud y convivencia. Del 6 al 8 de febrero, una veintena —y sumando— de hermanos pondrán rumbo a Córdoba con un objetivo muy concreto. Hacer entrega de la Medalla de Oro de la Hermandad al Reverendo Padre Fray Fernando Linares O.F.M., último guardián del Convento de los Hermanos Menores en Melilla y una figura profundamente ligada a la historia religiosa y patrimonial de la ciudad.
No se trata de un viaje turístico al uso, aunque Córdoba, con su peso histórico y cultural, siempre invite al recogimiento y a la contemplación. Es, ante todo, un viaje de reencuentro. Así lo explica Alejandro Villegas, teniente hermano mayor de la Divina Pastora, quien sitúa el origen de esta iniciativa en una fecha muy concreta: el 2 de marzo del pasado año. Fue entonces cuando el Cabildo General aprobó conceder a Fray Fernando Linares la máxima distinción de la corporación. “Una vez aprobado, empezamos a movernos para organizarlo y ahora es cuando la fecha nos ha cuadrado”, señala con naturalidad, dejando claro que detrás de esta escapada hay meses de gestiones discretas y voluntad firme.
La elección de Córdoba no responde a una casualidad. Es una decisión sencilla y coherente ya que allí reside actualmente Fray Fernando. Si algo queda claro en las palabras de Villegas es que el homenajeado no es solo una figura relevante para la Hermandad, sino una persona profundamente querida en Melilla, más allá de siglas o pertenencias cofrades.
El programa del viaje, aunque aún pendiente de cerrar algunos detalles logísticos, gira en torno a una jornada central marcada por la solemnidad y la convivencia. El viernes servirá como jornada de llegada. El sábado tendrá lugar una misa en la que se hará entrega oficial de la Medalla de Oro, seguida de un encuentro fraterno con los frailes y con la hermandad homónima de la Divina Pastora del Convento del Santo Ángel de Córdoba. Será, en palabras de la Hermandad, una convivencia en toda regla, pensada para estrechar lazos y compartir vivencias. El domingo llegará el regreso a Melilla, con la sensación —previsible— de haber vivido algo más que un fin de semana fuera.
La respuesta de los hermanos está siendo progresiva y abierta. “Ahora mismo somos unos 20, pero ayer se apuntaron seis o siete más”, explica Villegas. No hay un número máximo ni un perfil concreto, la invitación está abierta a todos los hermanos que deseen participar. También el coste se ha planteado desde la flexibilidad, ajustándose principalmente al alojamiento, que ronda los 40 euros por noche. La Hermandad se encarga de coordinar desplazamientos y hospedaje para facilitar la participación, fiel a ese espíritu de cercanía que caracteriza a las corporaciones vivas.
Pero si el viaje tiene un protagonista indiscutible, ese es Fray Fernando Linares Fernández. Su vinculación con Melilla y su aportación a la conservación del patrimonio religioso de la ciudad justifican sobradamente el reconocimiento. Entre 1999 y 2002, como Ministro Provincial de los Capuchinos de Andalucía, dejó constancia escrita de numerosas normas para la protección del patrimonio religioso. Fue autor del Inventario General de Bienes y Enseres de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción y del Convento de Capuchinos, una labor que le valió el nombramiento como “Protector del Patrimonio Cultural Melillense” por el Pleno de la Asamblea en 2006.
Entre 2002 y 2005 continuó esa tarea incansable. Elaboró el inventario de la Parroquia de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, promovió la restauración integral de la Casa del Pagador y del Palomar de Ingenieros, y fue el verdadero impulsor del Museo de Arte Sacro, liberando la planta baja del convento para este fin. También hizo posible la edición de las Memorias de Fray Felipe de Coín y del Libro de Visitas Pastorales a la Residencia de Hermanos Menores Capuchinos. Antes de la clausura del convento en 2004, entregó a la Virgen de la Victoria la Medalla de Oro de la Ciudad de Melilla, concedida a la Orden Capuchina en 1998.
Todo ese legado explica que la Hermandad de la Divina Pastora quiera estar presente, en persona, para agradecer y reconocer. “Fray Fernando ha sido una persona muy conocida y muy querida en Melilla. No solo por la hermandad, sino por todo el mundo”, subraya Villegas, lanzando un mensaje directo a quienes aún dudan en sumarse. La Hermandad está a disposición de quien quiera acompañarles.
Así, Córdoba se convertirá durante tres días en punto de encuentro entre pasado y presente, entre Melilla y la península, entre la gratitud y la convivencia. Un viaje sencillo en lo material, pero cargado de sentido, que refuerza la idea de que las hermandades no solo caminan en Semana Santa, sino también cuando saben detenerse para decir gracias.
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