Como cada año por estas fechas, la frontera de Melilla con Marruecos ha vuelto a convertirse en un punto de colapso. La llegada del Aid al-Adha, conocida como la Pascua Grande, ha generado una nueva oleada de desplazamientos de familias melillenses hacia Marruecos para celebrar esta importante festividad del calendario musulmán. Las consecuencias, como ya es habitual, se traducen en colas kilométricas, esperas interminables, bloqueos puntuales del paso y quejas reiteradas de residentes de la ciudad autónoma y visitantes.
Desde primeras horas del jueves, tras la salida de los colegios, se formaron largas retenciones en el paso de Beni-Enzar, donde cientos de personas esperaban bajo el sol para cruzar al país vecino. Las colas se extendieron a lo largo de la carretera de circunvalación hasta alcanzar el puesto del Barrio Chino, mientras los peatones esperaban su turno bajo temperaturas que rozaban los 35 grados.
En la jornada del viernes, la situación ha mejorado por la mañana. El Faro de Melilla ha llegado a la frontera a las 12:00 horas. La cola de peatones estaba completamente vacía y la de vehículos apenas sobrepasaba el control de acceso principal. Sin embargo, muchos advertían que, al igual que ocurrió el día anterior, el colapso se intensificaría con el paso de las horas.
Las altas temperaturas no ayudan. Bajo un sol abrasador, familias completas, con niños y personas mayores, aguardan durante horas en sus vehículos o andando. A pie de calle, los comerciantes de la zona fronteriza son testigos diarios del ir y venir en Beni-Enzar. Sus testimonios ayudan a entender mejor el alcance y las implicaciones de este fenómeno.
“Esto es el pan de cada día”, ha explicado un comerciante de la zona fronteriza. “Según la época, tardas una hora, dos o incluso más. Pero con los festivos y la Operación Paso del Estrecho, la espera se dispara. Hay gente que ha llegado a estar hasta diez horas en la cola”.
El jueves, precisamente, una ambulancia tuvo que intervenir debido a varios golpe de calor según testigos, una situación preocupante y previsible en un entorno sin sombra, sin agua ni asistencia médica continua.
Las imágenes de estos días recuerdan a los picos de la Operación Paso del Estrecho (OPE), uno de los periodos de mayor tránsito en la frontera. Una circunstancia que ha llevado incluso a la portavoz del Gobierno de Melilla, Fadela Mohatar, a denunciar públicamente la situación. “Esperamos y pedimos a ambos países que la OPE no suponga un año más una vuelta de tuerca o un retorcimiento aún mayor de las ya interminables e insoportables colas que padecen los melillenses en su día a día”, afirmó en rueda de prensa.
Mohatar recordó que el año pasado las esperas llegaron a las diez horas. “Algo que no ocurre en ninguna parte y que merecería una condena y toma en consideración de forma urgente”, subrayó. La portavoz reclamó que no se castigue con estas esperas a quienes viajan a Marruecos a través de Melilla y anunció que la Ciudad Autónoma ha cerrado un acuerdo para la compra de un terreno junto al paso de Beni-Enzar que será habilitado con zonas de sombra, fuentes de agua y baños.
Entre las quejas más reiteradas de los vecinos está la petición de un carril exclusivo para residentes de Melilla. La demanda está a la orden del día en las redes sociales, pero se intensifica en momentos como estos, cuando las colas se multiplican y la espera se convierte en una odisea.
“Esto no está preparado para tanta gente”, ha señalado otro comerciante. “Ya no es solo la gente de Melilla, es que viene gente de toda Europa y pasa por aquí. Y nosotros estamos aquí todo el año. No es justo que un melillense tenga que esperar ocho horas para pasar un fin de semana en Marruecos”.
Varios ciudadanos coinciden en que un carril específico aliviaría mucho el tránsito diario de quienes cruzan por razones personales o familiares y que no debería mezclarse con el flujo masivo de la OPE.
La falta de servicios en la frontera también genera malestar. “No hay baños suficientes. Y los que hay, están rotos o no se pueden usar”, denunciaban algunos usuarios. “La gente acaba yéndose al campo, porque no hay otra opción”. Un comerciante, que en su día formó parte del ejército, comparaba la situación con la gestión de batallones. “Cuando hay mucha gente, no puedes tener dos o tres baños, necesitas instalaciones grandes, preparadas”.
La comparación con otros puntos de tránsito como Málaga, Almería o Algeciras es inevitable. “Allí hay carpas, sombra, asientos. Puedes descansar, esperar en condiciones. Aquí no cabemos. Aquí se hace lo que se puede, pero falta organización”.
El caos no solo depende del volumen de vehículos, sino también de la llegada de los barcos. “Cuando entra un barco, se bloquea todo. La frontera se para por completo”, explicaban.
El aumento del flujo de personas también ha sido señalado como un factor clave. “Antes cruzábamos miles. Ahora son millones. Y esto no está dimensionado para ese volumen”. La población crece, la movilidad también, pero la infraestructura permanece casi igual que hace una década.
Entre los testimonios recogidos, uno destaca por su crudeza. Un comerciante ha relatado cómo un padre, con tres niños pequeños (dos de ellos recién nacidos), pasó el día de ayer. “Estuvo desde las seis de la tarde y eran más de las once de la noche. Sin agua, sin termo. Me pidió que le calentara agua para los biberones. Eso no se puede permitir”.
El caso fue especialmente dramático porque, según explicaban los testigos, en Marruecos sí existe una normativa que permite a personas con bebés o discapacidades cruzar de forma prioritaria. “Aquí en Melilla deberían aplicar lo mismo. Hay que pensar en los niños. Es lo lógico”.
Una queja común entre los conductores es que el verdadero cuello de botella se encuentra en el lado marroquí. “Aquí en Melilla la cosa va. Pero en Marruecos, ahí se atasca. No es por falta de personal aquí. Es porque allá va más lento. Eso siempre ha sido así”, comentaban varios vecinos. Sin una coordinación real entre ambos lados del paso, los intentos de mejora en uno de ellos resultan insuficientes.
Otro comerciante ha apuntado los pequeños avances, como el carril bici recientemente habilitado, que ha aliviado en parte el caos que se formaba con las motos. “Antes las motos se metían entre los coches, ahora al menos eso lo han ordenado un poco. Una moto contaba como coche, tenía que esperar su turno, pero adelantaba por los lados”.
La temporada también influye notablemente en el comportamiento fronterizo. “En invierno, vas a una cafetería y está vacía. En verano, no hay ni una mesa libre. Y lo mismo pasa en la frontera”, relataba uno de los comerciantes. También en recursos humanos se nota la diferencia. “En invierno hay un empleado, en verano hay cinco o seis”.
El Aid al-Adha ha vuelto a poner de manifiesto las carencias del paso fronterizo de Beni-Enzar. Las colas, el calor, la falta de infraestructuras y la escasa coordinación entre ambos lados de la frontera se repiten como un patrón. Y aunque las autoridades locales han comenzado a tomar medidas, los ciudadanos siguen pidiendo soluciones, ya que, año tras año, se ven atrapados en una frontera que no parece avanzar al ritmo de las necesidades reales.
“Esto no puede seguir así”, ha concluido uno de los vecinos. “Nosotros no venimos de Europa. Estamos aquí todo el año. Lo mínimo es que se mire un poco por los de Melilla”.
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