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El barrio del Industrial se afianza como uno de los más completos de Melilla

El Faro ha salido a la calle para conocer de mano de sus vecinos, lo bueno y lo malo de vivir en esta zona de la ciudad autónoma

A escasos metros de la playa y con todos los servicios al alcance, el barrio del Industrial se ha convertido en uno de los rincones con más vida de Melilla. Aunque su nombre aún recuerda a las fábricas y a los talleres, lo cierto es que hoy El Industrial es un barrio residencial, lleno de tiendas, cafeterías, familias y vecinos que lo consideran uno de los mejores lugares para vivir en la ciudad autónoma.

No siempre fue así. Su apodo histórico fue “La América Chica”, ya que acogía la mayoría de las fábricas de la ciudad. Este barrio nació a principios del siglo XX como una zona industrial, con naves dedicadas a la carpintería, la mecánica o la conserva de pescado, llegando a sustentar una de las tres flotas pesqueras más importantes de España. Durante décadas fue el motor económico de Melilla, con trabajadores entrando y saliendo de talleres y almacenes. 

Sin embargo, el paso del tiempo y los cambios económicos hicieron que, a partir de los años 80, comenzara una transformación. Las fábricas cerraron, muchas se derribaron o reconvirtieron y el barrio empezó a llenarse de viviendas, comercios y servicios.

Hoy, El Industrial es uno de los barrios más habitados de Melilla, con cerca de 8.000 vecinos. La mayoría pertenece a clase media trabajadora y según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes al año 2022, la renta media por hogar en esta zona se sitúa en un rango entre los 44.292 y los 98.220 euros anuales, lo que lo convierte en uno de los barrios con mayor renta de la ciudad.

Además, la calidad de vida es alta según dicen los propios vecinos.

"Lo mejor es que tenemos la playa al lado y de servicios estamos sobrados: hay supermercados, pescaderías, fruterías, farmacias, bares… Aquí se vive cómodo", cuenta una residente. Como ella, muchos destacan la cercanía del mar como un gran privilegio. La playa del Hipódromo y la playa de los Cárabos están a un paso y permiten disfrutar del buen tiempo sin necesidad de desplazarse.

Otro punto a favor es la variedad de tiendas y negocios. En los últimos años han florecido pequeños comercios, cafeterías y supermercados. En 2018 abrió Mercadona, lo que supuso un gran impulso para la zona. Pero no es el único, también están presentes grandes cadenas como Carrefour, Aldi y Suma. Todo ello convierte al barrio en el  más completo comercialmente hablando.

Además, el Industrial cuenta con su propio cine, el histórico Cine Perelló, el único activo en la ciudad. Fundado en la década de 1950, fue durante años el epicentro cultural del barrio y de muchas generaciones de melillenses. Su programación incluía desde grandes estrenos hasta cine clásico y sesiones infantiles. Aunque pasó por momentos difíciles, el Cine Perelló ha sabido mantenerse abierto, adaptándose a los nuevos tiempos, con una cartelera actualizada y promociones para atraer tanto a jóvenes como a familias. Para muchos vecinos, sigue siendo un símbolo de identidad y un lugar donde aún se vive la experiencia del cine tradicional, sin necesidad de grandes complejos multisalas.

Y entre sus lugares más conocidos destaca la llamada Casa de las Fieras, un edificio emblemático que aún conserva su estructura original y forma parte de la memoria colectiva del barrio. Aunque su nombre recuerda a un pasado algo olvidado, el edificio permanece como testigo de otra época. Es un claro ejemplo de la maestría del arquitecto Emilio Alzugaray en el uso del modernismo y el art nouveau, y todavía hoy en día, la gente se refiere a ella como uno de los mejores ejemplos de arquitectura en Melilla.

También están muy cerca centros de salud, colegios y el recién inaugurado Hospital Universitario de Melilla, que ha reforzado la atención sanitaria y ha dado un aire aún más moderno al entorno.

A pesar de todas estas ventajas, vivir en El Industrial también tiene sus inconvenientes. El más repetido por los vecinos es la falta de aparcamiento. Las recientes obras de remodelación urbana mejoraron aceras, iluminación y zonas peatonales, pero redujeron notablemente el número de plazas de estacionamiento. "Antes se aparcaba sin problema, ahora es casi imposible", se quejaba un residente. Además añadía que los garajes privados que hay suelen tener precios demasiado altos.

El tráfico es otro punto conflictivo. Al tratarse de un barrio con tanto movimiento y servicios, los coches van y vienen durante todo el día. El entorno del Mercadona, en particular, es una de las zonas más transitadas. "Hay mucho ruido, los coches pitan, es agobiante a veces", cuenta una joven. Sin embargo, otros relativizan este problema. "Tráfico hay en todos lados. Yo saco al perro, voy a la playa y vivo tranquila", explica una mujer de 91 años, que lleva toda su vida en el barrio.

También se habla mucho de la limpieza. Algunos vecinos consideran que el servicio de recogida de basuras y el mantenimiento de las calles no está a la altura. "Está todo muy sucio, deberían pasar agua a presión con jabón", propone una mujer joven. Pero la mayoría coincide en que no es un problema exclusivo del barrio, sino de toda Melilla. "Falta civismo y falta más personal en limpieza", apuntan.

Aun así, el balance general es muy positivo. "Aquí lo tienes todo. Supermercado, farmacia, la playa, bares, el hospital nuevo, el cine… No se puede pedir más", dice una vecina. Otro apuntaba que, "el ruido es el precio que pagas por tener vida. Si quieres silencio, te vas al campo".

El Industrial no es un barrio lujoso ni especialmente nuevo, pero ofrece lo que muchos buscan: cercanía, comodidad, buena conexión con el resto de la ciudad y un entorno amable para vivir. Aunque el tráfico, el aparcamiento o la limpieza son cuestiones que deben mejorarse, los vecinos destacan el ambiente tranquilo, la familiaridad de las calles y la sensación de tenerlo todo a mano.

Con su pasado industrial ya lejano, este barrio representa hoy un ejemplo claro de cómo una zona puede evolucionar sin perder su esencia. Se ha adaptado al cambio y ha sabido reinventarse, manteniendo su carácter popular y accesible. "Es el mejor barrio de Melilla", dicen algunos de sus habitantes. Y razones no les faltan.

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