Santiago Cruz está muy contento de cómo marcha su negocio de VTC en Melilla. Cuando hablaba con El Faro, acababa de dejar a unos clientes que venían de fuera y habían sido “todo elogios”, hasta el punto de que habían dejado incluso una reseña en Google. Asegura que cada vez los conoce más gente y que tienen muchas reservas de gente que no es de Melilla y de empresas y agencias.
“Se está corriendo la voz y ya se me está yendo esto un poquito (de las manos), así que genial”, cuenta Cruz, quien cifra en un 60 y un 40 por ciento la gente de Melilla y de fuera, respectivamente, que usa el servicio cuando, hace un tiempo, el 80 o el 90 por ciento de sus clientes eran de la ciudad autónoma.
Son ya casi tres años los que Santiago Cruz lleva ejerciendo esta profesión en Melilla. De momento, cuenta con dos coches y dos empleados. La mayor parte de los viajes tienen el aeropuerto como punto de recogida o de destino. Cuando los viajeros son de fuera de la ciudad, les hacen incluso rutas panorámicas para mostrarles Melilla.
“Hay algo también de puerto, pero la mayoría es al aeropuerto por la formalidad que tenemos. A nosotros se nos reserva y saben que no fallamos, que siempre estamos antes de tiempo. Garantizar la hora de llegada para un vuelo es lo mejor que hay. Con nosotros, sabes cuándo se te recoge y lo que tardas y la mayoría de personas que nos han contratado se quedan con nosotros”, explica el propietario de las VTC.
Durante el trayecto, se ofrece al pasajero caramelos y una botella de agua, pero Cruz matiza que no se trata de un servicio como tal -porque, en ese caso, se cobraría y ellos no lo hacen-, sino “un detalle de cortesía de recibimiento”. Asegura que este extra es “muy demandado”, sobre todo en verano, cuando, con el calor, el cliente agradece encontrarse agua fresca nada más subirse al coche.
Para contratar sus servicios, hay varias formas. Se puede hacer a través de su página ‘web’, donde el cliente rellena un formulario para solicitar la reserva y ellos lo llaman.
También está la opción de usar mandar un mensaje a través de redes sociales como Facebook o Instagram. Si no, se puede efectuar una llamada telefónica como toda la vida. Las empresas o las agencias de viaje suelen hacer las reservas por correo electrónico. Por lo tanto, anota Cruz, “el abanico es muy grande”.
El propietario de las VTC insiste en su satisfacción por cómo marcha todo. La acogida que ha tenido el proyecto le ha sorprendido incluso a él mismo. Cuenta que se están quedando pequeños, que no dan “abasto” y que en ocasiones tienen que derivar servicios a los taxis o a los autobuses según el destino o el tipo de servicio -tipo y número de clientes-. Los únicos a quienes no pueden derivar es a los directivos de empresas, pero, por ejemplo, recientemente Cruz tuvo que aconsejar a un grupo del Instituto del Mayor y Servicios Sociales (Imserso) que cogiera el transporte de la Cooperativa Ómnibus de Autobuses (COA).
En este sentido, Cruz afirma que la convivencia con el resto del gremio del transporte público es muy buena, empezando por la COA -con la que tienen “enlace directo”- y siguiendo por la gran mayoría de los taxistas. Aunque algunos, dice, aún son “reacios” hacia ellos, no se trata de algo generalizado, o esa es, al menos, su percepción. De hecho, se saluda con muchos de ellos y con algunos tienen unas relaciones algo más cercanas si cabe.
Hace unos días, durante la ruptura del ayuno institucional en el hotel Tryp Melilla Puerto, Cruz apareció por allí para recoger a un grupo de extranjeros a quienes tenía que llevar al aeropuerto. En absoluto se trata de algo infrecuente, ya que van todos los días varias veces al hotel a recoger o a llevar a gente.
Al cabo del día, la media de servicios puede andar entre los 30 y los 50. Por eso es por lo que se ven obligados a derivar servicios a los taxis o a la COA. Antes, de hecho, atendían llamadas para servicios inmediatos, cosa que cada vez es menos frecuente debido al volumen de trabajo que tienen.
Sobre este punto, Cruz explica que no se garantizan los servicios inmediatos, sino sólo aquellos para los que se ha realizado una reserva con tiempo. El 98 por ciento de sus servicios tienen estas características. El dos por ciento restante es de gente que necesita moverse en ese momento y no ha encontrado cómo hacerlo, lo encuentran por internet y lo intentan. “Cuando se puede, se hacen estos servicios, pero es complicado”, apunta.
En ese momento, le llega un nuevo cliente, en esta ocasión de Sevilla, así que Santiago Cruz debe volver a la faena. Antes de despedirse, adelanta que tiene en mente más proyectos y más iniciativas que hará públicas llegado el momento.
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