A pocos días del inicio de la Semana Santa, Melilla entra ya en tiempo de Cuaresma avanzada, un periodo en el que las hermandades ultiman preparativos, cultos y detalles logísticos para unas jornadas que transforman la ciudad autónoma. Entre ellas, la Venerable Cofradía y Hermandad Franciscana Nuestro Padre Jesús de la Flagelación y Nuestra Señora del Mayor Dolor ocupa un papel central por su amplitud patrimonial y su condición de “cruz guía” de la Semana Santa melillense.
Su hermano mayor, Roberto Vargas López (elegido en 2018), subraya en la revista de cofradías que la hermandad “no solo prepara procesiones, sino un verdadero camino de fe”. Bajo su mandato, la cofradía ha consolidado una estructura estable y una intensa actividad cultural durante todo el año.
La hermandad destaca por una singularidad: cuenta con cinco titulares que articulan todo el calendario procesional. El Domingo de Ramos abre la Semana Santa con Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder a su Entrada Triunfal en Jerusalén, conocido popularmente como “La Pollinica”, obra del imaginero Juan Manuel Montaño (2025), acompañado de María Santísima de Gracia y Esperanza, tallada por Juan Antonio González García (1993). Ese mismo día, la ciudad asiste a uno de sus momentos más multitudinarios por la presencia del Tercio Gran Capitán I de la Legión.
El Jueves Santo es el turno de los titulares centrales: Nuestro Padre Jesús de la Flagelación, obra de Juan Antonio González García (1997), y Nuestra Señora del Mayor Dolor, realizada por Juan Carlos García Díaz (1994). Es la estación de penitencia más solemne de la corporación, marcada por el recogimiento y el cortejo procesional completo.
Finalmente, el Domingo de Resurrección cierra el ciclo con el Santísimo Cristo Resucitado, obra de Enrique Ruiz Flores (2001), completando así el conjunto de cinco imágenes que definen la identidad devocional de la hermandad.
En su mensaje cuaresmal, Vargas López recuerda que este tiempo “es un ejercicio espiritual de preparación interior, fraternidad y compromiso cristiano”, insistiendo en la necesidad de vivir la Semana Santa como “catequesis en la calle”.
La cofradía mantiene además una estrecha vinculación con la música procesional, con su agrupación musical propia, que aporta uno de los sellos más reconocibles de la Semana Santa melillense.
A las puertas de una nueva Semana Santa, la Flagelación afronta el reto de volver a las calles con normalidad tras años marcados por la meteorología adversa, con la esperanza de que la ciudad vuelva a vivir su plenitud cofrade.
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