La explanada del polígono del SEPES cambia cuando cae el sol. Durante el día, el calor manda. Pero por la noche, cuando las temperaturas dan un respiro, el espacio se llena de vida. No hace falta organizar nada, ni quedar con mucha antelación. Basta con bajar.
Unos llegan en bicicleta. Otros con un balón bajo el brazo. También están los que se sientan alrededor de una mesa para jugar al dominó. Y los más pequeños, que corren de un lado para otro mientras sus padres los vigilan desde un banco o desde las sillas de la playa.
El polígono del SEPES se ha convertido en uno de los lugares más utilizados de Melilla durante las noches de verano. Un punto de encuentro. Un espacio abierto donde caben todos. Niños, adolescentes, adultos y mayores. Cada uno con su plan. Y muchas veces, simplemente, estar.
La escena se repite casi todas las noches, sea fin de semana o no. Las bicicletas circulan de un lado a otro. Hay grupos de niños que improvisan sus propios juegos. El fútbol y el baloncesto se convierten en protagonistas.
Un partido. Otro. Gente que se incorpora. Alguien que se marcha. Y vuelta a empezar. No hace falta mucho más para pasar la noche.
Para los adolescentes, la explanada es también un lugar de reunión. Quedan allí con sus amigos y pasan las horas. Algunos practican deporte. Otros charlan. Se mueven de un lado a otro. Como ocurre en cualquier plaza, pero a mayor escala.
Y después están los mayores. El dominó ocupa su propio espacio. Las fichas golpean la mesa. Se escucha la conversación. Alguna broma. Alguna discusión sobre la jugada. Lo normal. Lo de siempre. Un grupo de amigos que se reúne para jugar y pasar un rato juntos.
Eso es, probablemente, lo que explica buena parte de su éxito durante el verano. La explanada ofrece algo que no siempre resulta fácil de encontrar en una ciudad: espacio. Para correr, jugar, pasear, montar en bicicleta o sentarse. Y para que cada generación encuentre su propio rincón.
Mientras unos niños juegan al fútbol, otros aprenden a montar en bicicleta. Cerca, un grupo de adolescentes lanza tiros a canasta. Y en una mesa, los mayores siguen concentrados en la partida de dominó. Todo ocurre al mismo tiempo.
Sin grandes planes. Sin entradas. Sin horarios. Sin necesidad de gastar dinero. Una noche cualquiera puede convertirse en una tarde larga simplemente porque hay sitio para quedarse.
Además, el ambiente es familiar. Hay padres que acompañan a sus hijos. Familias que bajan juntas. Personas que se encuentran con conocidos y terminan alargando la conversación. Y vecinos que, después de cenar, salen a dar una vuelta y acaban pasando allí buena parte de la noche.
El verano también se vive así. No siempre en la playa. Ni en una terraza. Ni en un lugar especialmente preparado para el ocio. A veces, en una explanada. Con una bicicleta, un balón, un juego de mesa, o una conversación que se alarga más de lo previsto. Y eso es lo que ocurre en el polígono del SEPES.
El calor, además, obliga a buscar alternativas. Durante las horas centrales del día, salir a la calle puede resultar complicado. Pero cuando baja el sol, los espacios abiertos recuperan protagonismo. Y la explanada del SEPES es uno de ellos.
En los últimos años, el verano en Melilla también se ha convertido en una búsqueda constante de lugares donde pasar el tiempo. Sobre todo para los niños y los jóvenes. Espacios donde puedan moverse, jugar y reunirse.
El SEPES cumple esa función. Tiene deporte, espacio, movimiento. Y, sobre todo, tiene gente.
Porque un lugar se convierte en punto de encuentro cuando la ciudadanía decide utilizarlo. Y eso es lo que ocurre cada noche de verano en esta explanada. Se llena porque la gente baja. Porque hay niños que quieren jugar, jóvenes que quieren estar con sus amigos y mayores que no perdonan su partida de dominó.
Cada uno tiene su motivo. Pero todos coinciden en el mismo sitio. Una imagen sencilla y bastante representativa de cómo se vive el verano en muchos barrios de Melilla.
Al final, no hace falta demasiado. Un lugar amplio y ganas de salir de casa. Lo demás lo ponen los vecinos.
Y así, noche tras noche, la explanada del polígono del SEPES se convierte en uno de los grandes puntos de encuentro del verano melillense. Un espacio que, cuando el sol deja de apretar, despierta. Y demuestra que, muchas veces, el mejor plan es simplemente bajar a la calle.








