En uno de los salones del Hotel Melilla Puerto, la ciudad desplegó todo su corazón para homenajear a quienes han construido con sus manos y su esfuerzo la Melilla que conocemos hoy. La tradicional merienda para mayores de la Feria de Melilla se convirtió, una vez más, en ese encuentro entrañable donde las canas se vuelven coronas de sabiduría y las arrugas, mapas de historias vividas.
Con las palabras cálidas del consejero de Educación resonando en el ambiente - "queremos darles la bienvenida, agradecerles que quieran acompañarnos en este rinconcito de la feria" - comenzó una tarde que pintaba para ser especial. Miguel Ángel, acompañado por las autoridades locales, extendió los brazos de la ciudad a todas las entidades de personas mayores: usuarios de aulas culturales, del centro social, del comedor San Francisco y del centro asistencial.
Entre los invitados brillaban con luz propia Aurora Ruiz y Antonio, los Miss y Mister de la tercera edad de este año. Aurora, con esa sonrisa que solo dan los años bien vividos, confesaba su sorpresa: "me dio más bien alegría, no me lo esperaba". Por su parte, Antonio, con la honestidad que caracteriza a los melillenses de toda la vida, contaba entre risas cómo llegó a ostentar el título: "no había muchos hombres para presentarse, éramos uno... bueno, tres nada más, y seis mujeres".
La competencia había sido, sin duda, de altura. Pero más allá de coronas y bandas, lo que se respiraba en ese salón era pura vida. Esa energía que solo saben transmitir quienes han aprendido que cada día es un regalo y cada feria, una oportunidad para celebrar.
Los mayores de Melilla no conocen el aburrimiento. Con una agenda que haría palidecer a cualquier joven ejecutivo, ya tenían planes hasta septiembre: "para el día 4 tenemos un concurso de tortillas, ahí en el centro de Mayores", contaba Antonio mientras hacía cuentas mentales de todo lo que les esperaba.
Las aulas culturales para mayores se han convertido en el corazón palpitante de la actividad senior melillense. Gimnasia, batucas, zumba, sevillanas... "tenemos muchísimas cosas", explicaba una de las asistentes, con ese orgullo de quien sabe que envejece, sí, pero bailando.
Entre venencias de vino dulce - porque "a los mayores les gusta un poquito más" - y conversaciones que saltaban de mesa en mesa, surgía esa realidad que solo conocen quienes han vivido en varios sitios: "somos más andaluces que los andaluces", decía una señora que tiene segunda residencia en Málaga.
Jesús, el venenciador oficial de estos encuentros, llevaba siete años escuchando el mismo reclamo por toda la feria: "Jesús, el vino dulce". Conocía a casi todos los presentes, había trabajado en mil sitios diferentes de la ciudad, y cada rostro le recordaba una historia, un barrio, una época. "Tienes esa magia", explicaba, esa magia que solo se entiende cuando eres de aquí y has crecido con esta gente.
"Las piernas me van..." confesaba una señora mientras se ajustaba los zapatos de baile, "pero el caso es seguir". A sus 75 años - "ya mismo voy a por los 76" - tenía planes para esa noche: ir a ver a Paco Candela y "pasármelo bien". Porque las ganas no faltan, nunca faltan.
Había quien había estado en la feria "hasta mediodía" y ya no podía más, pero también quien venía especialmente desde Barcelona: "yo soy de Barcelona, estoy viviendo allí, pero vengo a ver a mis hijos y siempre vengo por las ferias. Como mis ferias de Melilla, ninguna".
"Hemos luchado mucho, hemos levantado mucho, hemos trabajado muchos años", reflexionaba una de las invitadas. "Yo he trabajado 46 años más los que no he cotizado... trabajando llevo desde los 15 años". Sus palabras resonaban como un eco de toda una generación que construyó la Melilla moderna con sudor, esperanza y esa tenacidad que solo da la supervivencia.
La consejera correspondiente "los tiene muy mimados", decían entre risas, pero inmediatamente añadían: "es lo menos que deben de hacer". Porque detrás de cada arruga hay una historia de sacrificio, de trabajo duro, de días en los que el futuro se escribía con las manos callosas y la mirada puesta en un mañana mejor.
El ambiente creció cuando llegó el momento de los vítores. "¡Viva la Feria de Melilla! ¡Viva Melilla! ¡Viva la Virgen de la Victoria! ¡Viva España!" gritaron al unísono, con esa fuerza que solo dan los pulmones curtidos por décadas de emociones.
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