Si hay una calle en Melilla que siempre tiene algo que ofrecer, esa es la Calle General O’Donnell. Desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche, esta calle del centro histórico de la ciudad autónoma combina historia, ocio y vida urbana de una manera que pocos espacios logran. Lo mejor es que no importa la hora, siempre hay movimiento.
Una vía con nombre de mariscal y alma de plaza mayor que, con el paso del tiempo, ha pasado de ser una arteria urbana más a convertirse en uno de los rincones más vivos del centro histórico melillense.
Esta calle no es solo un espacio para el tránsito de coches o peatones. Sus edificios guardan memoria de distintas épocas. Desde fachadas que datan de principios del siglo XX en estilos modernistas y clasicistas —como los números 14 y 16 que forman parte del Ensanche Modernista y están protegidos como bienes culturales— hasta construcciones que han visto evolucionar la vida ciudadana generación tras generación.
Las obras de peatonalización en la Calle General O’Donnell en Melilla se dieron por finalizadas con la inauguración del último tramo de la vía que quedaba por reformar, entre la Plaza Torres Quevedo y la calle Sidi Abdelkader, el 9 de febrero de 2023, marcando así la conclusión de un proceso de reordenación urbana del centro histórico que prioriza al peatón sobre el vehículo.
Este proyecto formaba parte de la peatonalización del llamado “triángulo modernista” de la ciudad, una actuación más amplia que supuso una inversión total de casi 5,5 millones de euros, cofinanciada en un 80 % por fondos europeos FEDER, y que incluyó mejoras como ampliación de aceras, renovación de redes de suministro, renovación de mobiliario urbano y acondicionamiento general de la vía para hacerla más accesible y cómoda para quienes pasean, consumen o simplemente disfrutan del espacio público.
Por la mañana, los locales de desayuno y cafeterías abren sus puertas. Cafetería Rossy es uno de los puntos más concurridos. Su café recién hecho y bollería atraen tanto a vecinos como a turistas que buscan empezar el día con energía.
Al mediodía, las terrazas empiezan a llenarse. Bar La Cervecería se convierte en parada obligatoria para quienes buscan una tapa rápida acompañada de cerveza bien tirada. A su lado, Cinema ofrece una propuesta más gastronómica, ideal para almuerzos tranquilos o reuniones con amigos. La mezcla de bares, cafés y restaurantes asegura que siempre haya un lugar donde sentarse, charlar o simplemente mirar pasar la vida melillense.
Por la tarde y la noche, la calle se transforma por completo. La peatonalización le permitió recuperar espacio y ganar en comodidad. Las terrazas se multiplican, la música sale de los locales y se mezcla con el bullicio de la calle.
Conversaciones, risas y brindis se entrelazan creando un escenario urbano que es tanto para locales como para visitantes. La Calle General O’Donnell se convierte entonces en el corazón social de la ciudad junto con la Plaza de las Culturas, donde siempre hay alguien con quien compartir un momento.
Pero la calle no es solo bares y restaurantes. Durante todo el año se celebran eventos culturales y conciertos espontáneos. Desde músicos locales improvisando jazz o flamenco hasta talleres y exposiciones organizadas por asociaciones culturales, siempre hay algo que sorprende.
Otra de las claves de su éxito es la resistencia de los comercios tradicionales. Mientras otras zonas de Melilla han sufrido cierres o fachadas apagadas, General O’Donnell ha sabido combinar lo clásico con lo moderno.
Los locales históricos conviven con bares de tapas innovadores, cafeterías de brunch y espacios de copas con diseño contemporáneo. La calle se reinventa sin perder su identidad y eso atrae tanto a melillenses habituales como a visitantes curiosos.
Cada esquina tiene algo que descubrir, cada local aporta su propio carácter y cada visitante encuentra un motivo para quedarse un rato más.
Lo que hace especial a esta calle no son solo sus locales o sus eventos, sino la sensación de vida constante. La calle respira con quienes la recorren, se adapta a cada horario y mantiene siempre un punto de encuentro para todos. La combinación de gastronomía, ocio, cultura y historia hace que sea imposible pasar por General O’Donnell sin sentirse parte de su pulso urbano.
Para los melillenses, es un lugar donde se conjugan tradición y modernidad; para los visitantes, un paseo que muestra la ciudad en su versión más animada y auténtica. Y lo mejor es que siempre hay algo nuevo por descubrir, sin importar cuándo decidas pasar por allí.
Quizás algún día, quien pasee por allí sin rumbo encuentre que esta calle cuenta historias en cada fachada modernista, en cada trago y en cada sonrisa que se escapa cuando alguien alza su vaso y dice “otra ronda más”.
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