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La asociación Nana sale al encuentro de una ciudad que empieza a descubrirla

Tras más de una década acompañando a la infancia a través del arte, la asociación convierte 2026 en un año de apertura, llevando su trabajo a nuevos escenarios y encontrando en cada vínculo una oportunidad para aprender, compartir y crecer

por Alejandra Gutiérrez
10/08/2026 10:00 CEST
La asociación Nana sale al encuentro de una ciudad que empieza a descubrirla

La ponencia de Anuar, antiguo miembro de la asociación Nana en unas jornadas de la Uned, acompañado por los nuevos integrantes más jóvenes que hoy forman parte. -Cedida por Nana-


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Cuando Natalia Díaz habla de 2026, hay una expresión a la que vuelve varias veces: “sacar todavía más Nana hacia afuera”. No se refiere solamente a llevar una obra a un teatro, participar en una actividad o aparecer en la programación de la ciudad. Habla de algo que para ella tiene más recorrido: abrir el proyecto, compartir la metodología que llevan años desarrollando y permitir que las niñas y niños que participan en Nana conozcan otros espacios, otras personas y otras formas de relacionarse con el mundo. Después de más de una década de trabajo, el balance de estos meses está marcado precisamente por eso. Nana sigue siendo el mismo espacio de acompañamiento a través de las artes escénicas, pero cada vez son más los lugares desde los que se puede contar qué hacen y, sobre todo, los lugares en los que sus participantes pueden hacerlo visible y tejer redes con otras personas.

“Creo que 2025 fue un año de consolidación y de apertura”, explicaba Díaz al recordar el punto de inflexión que supuso el año anterior. En 2026, esa apertura se ha hecho cotidiana. Está en el teatro, en la universidad, en las calles, en los centros educativos, en las actividades culturales y en las colaboraciones con otras entidades. También está en algo que para la directora tiene una importancia especial: Nana ya no es únicamente aquel proyecto que comenzó en 2014 con niñas y niños tutelados por la Ciudad Autónoma que vivían en centros de protección de menores. “NANA es un espacio para cualquier niño o niña que necesite de esta herramienta para conocerse a sí mismo, conocer a los demás, gestionar las emociones”, resume.

El año comenzó con los Reyes Magos. Habían preparado coreografías, música y una participación en la cabalgata que finalmente no pudo celebrarse por la climatología. La preparación, sin embargo, no se perdió. Poco después, varios niños y niñas participaron en un spot de Melilla Film Commission dirigido por Juan Antonio Moreno, una experiencia que Díaz recuerda con especial cariño por la forma en que fueron tratados durante el rodaje. La propuesta llegó a través de la Consejería de Cultura -quien además financia y tiene una contrato de colaboración con la asociación- y permitió que los pequeños formaran parte de una producción destinada a proyectar la ciudad hacia fuera que ha visto la luz recientemente.

En el resultado final aparecen durante unos segundos, pero detrás de esos segundos hubo una experiencia mucho más larga. Todos los participantes pudieron acudir al Teatro Kursaal y vivir el proceso de una grabación profesional. Para Díaz, eso es precisamente lo importante. No solo que los menores aparezcan en una pieza audiovisual, sino que puedan entrar en contacto con una experiencia que normalmente queda lejos de su vida cotidiana, descubrir cómo se construye una producción y comprobar que ellos también pueden formar parte de ella. En sus palabras vuelve a aparecer una de las palabras que atraviesan su manera de entender Nana: oportunidades. Darles oportunidades a través de experiencias.

También los carnavales obligaron a modificar lo previsto. La cabalgata volvió a suspenderse por la lluvia y las coreografías que llevaban semanas preparando tuvieron que buscar otro escenario. Lo encontraron en el Kursaal, durante el concurso de disfraces. Mientras el jurado deliberaba, Nana pudo presentar aquello que había preparado. Para los participantes, la actividad no quedó reducida a un disfraz: había detrás ensayo, coordinación, memoria, expresión corporal y el deseo de mostrar delante de otras personas algo que habían construido juntos.

La presencia en el teatro tuvo otra dimensión durante la Semana de Cine. La asociación llevó a sus niñas y niños a ver películas y después trasladó lo vivido en la sala a sus talleres, explica Díaz. Allí comienza otra parte de la experiencia: el cinefórum, la conversación y las preguntas. Las mayores eligieron la película de Ian de la Rosa, lo que les permitió encontrarse con cuestiones que ya trabajan en Nana: identidad de género, orientación sexual, afectos, deseo, relaciones y las condicionantes sociales que rodean a los personajes. Lo interesante para Díaz fue comprobar cómo la historia cinematográfica podía convertirse en un lugar seguro para preguntar. No había que explicarles de antemano qué iba a suceder. Podían descubrirlo por sí mismas y después hablar de ello.

Ese es uno de los motivos por los que la directora insiste en que el arte no puede reducirse a ocio. “¿De qué hablamos? De ocio y entretenimiento”, recuerda al pensar en cómo se ha percibido tradicionalmente el teatro, la música o la danza. “Bueno, pues hay mucho más”. En Nana, ese “mucho más” es precisamente el centro del trabajo: reconocer emociones, aprender a escuchar, ocupar el propio cuerpo, relacionarse, aceptar la frustración, buscar una forma de expresión cuando las palabras no llegan.

La participación en la programación del Orgullo Norte de África llevó esa metodología a otro espacio que ha permitido también seguir estrechando caminos con Amlega Melilla. La asociación presentó ‘Mirar sin miedo por una infancia y una juventud sin prejuicios’ y recuperó ‘Huía’, un proyecto estrenado en 2021 a partir de la historia de Thalía. Ella misma quiso contar su experiencia y que ese relato pudiera llegar a centros educativos para trabajar desde el respeto. Durante la presentación, Thalía participó en directo por videoconferencia y después intervino en el coloquio.

Para Díaz, lo importante no era únicamente proyectar el cortometraje. Era todo lo que podía suceder después y lo que venía sucediendo en el entorno de Nana. La conversación con el público, la posibilidad de hablar de realidades que muchas veces se juzgan antes de conocerse y la construcción de un espacio donde las personas pudieran expresarse con libertad. Nana utilizaba de nuevo una creación artística como punto de partida para abrir una conversación social.

Pero quizá el proyecto que mejor representa la evolución de Nana durante este último año sea el que comparte con Autismo Melilla. La colaboración comenzó en 2025 y durante 2026 se ha consolidado con un taller semanal de estimulación sensorial y diferentes actividades compartidas. Para Díaz, la palabra clave es continuidad. “Muchas veces realizamos actividades inclusivas, pero son básicamente puntuales”, explica. Por eso no querían organizar una jornada concreta y después separar de nuevo a los grupos. Querían que la inclusión y la red tejida formara parte de la rutina de trabajo entre ambas entidades.

Actividades de Nana durante el 2026. -Cedidas por la asociación-.

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Los usuarios de Autismo Melilla, junto a profesionales y voluntarios, comparten el taller con el grupo de chicos y chicas mayores de Nana. Todos trabajan en el mismo espacio. La decisión parece sencilla, pero implica un compromiso, una gestión y una compenetración entre ambas asociaciones constante. La colaboración pudo desarrollarse además en la Granja Escuela Gloria Fuertes, donde las dos entidades ya tenían sus horarios establecidos y su espacio de trabajo. No hubo que alterar una estructura que, en proyectos tan complejos, puede ser difícil de mover. Simplemente se abrió el taller para crear un grupo de personas que forman parte de dos asociaciones diferentes, creando un núcleo común.

Y ahí ha aparecido algo que Díaz considera especialmente valioso: el aprendizaje no va en una sola dirección. “Todos somos personas con diferentes necesidades, ritmos y formas de comunicación y todos aprendemos de todos”. Cuando habla de las personas autistas, no habla únicamente de lo que Nana puede ofrecerles. Habla también de lo que ellos están aprendiendo. Aprendiendo nuevas formas de relación con el espacio, con la música, con el cuerpo, con las emociones y con las otras personas. Esa experiencia está llevando a estudiar incluso la posibilidad de abrir el taller a los usuarios más pequeños de Autismo Melilla y de Nana, creando otra colaboración con perfiles de niños y niñas más pequeños.

En esa colaboración también aparece una de las cuestiones que más preocupan a Díaz: la tendencia a separar a las personas en función de sus características. No niega la importancia de las asociaciones especializadas ni de los apoyos concretos que necesitan determinadas personas. Pero dentro de Nana prefiere que la primera mirada sea otra. Esa posición también define la manera en la que ha ido ampliando su propia base. El proyecto ya no está compuesto únicamente por menores tutelados. Hay niños y niñas que viven con sus familias, usuarios que participan desde otras asociaciones y jóvenes que encuentran en las artes escénicas una herramienta para trabajar sobre sí mismos.

El objetivo, en todos los casos, sigue siendo ofrecer “un espacio y un tiempo de calidad”. Díaz lo repite porque entiende que no basta con abrir las puertas. También hay que cuidar aquello que sucede dentro. Las capacidades de Nana no son infinitas y, precisamente por eso, considera fundamental que cada persona que participa pueda vivir una experiencia realmente significativa.

Durante este año, esa apertura también se ha producido en la calle a través de ‘El Arte nos Salvará’, el proyecto que Nana estrenó en 2025 y que ha continuado creciendo con la colaboración de la Fundación Genera ITM. La asociación ha participado en iniciativas vinculadas a la llegada de cruceros, llevando el trabajo de los niños y niñas fuera de los espacios habituales.

Para hacerlo, han tenido que contar con la autorización de las familias y, cuando corresponde, de los centros de protección de menores. Los niños salen del colegio durante unas horas y se encuentran con personas procedentes de otros países. Díaz sabe que esa salida implica una responsabilidad, pero también considera que forma parte de su educación y enriquecimiento. “Se trata de darles oportunidades a través de experiencias”, explica. Experiencias para conocer lo que Melilla puede ofrecerles, pero también para descubrir qué pueden ofrecer ellos a la ciudad. En esas conversaciones a pie de calle, el arte funciona como un lenguaje común.

La misma voluntad de salir al encuentro de otros aparece en la Campaña Mundial por la Educación. Nana participó con un mural y con un taller de marionetas construido con calcetines reciclados, cartulina, pinturas e imaginación. Cada niño podía marcharse con su propia creación. Después llegó la actuación y el gran círculo compartido con centros educativos y entidades sociales. Para Díaz fue especialmente significativo porque volvía a unir dos conceptos que considera inseparables. “Cultura es educación”, afirma. Y para ella esa relación no es una declaración teórica. Está presente en cada uno de los talleres. El arte obliga a escuchar y observar; permite reconocer lo que uno siente y percibir lo que le ocurre al otro; enseña a esperar, a frustrarse y a volver a empezar.

También explica por qué Nana ha encontrado un espacio cada vez más natural en la universidad. Durante este año han participado en mesas redondas y ponencias de Educación Social y del Máster Universitario de Diversidad Cultural de la Universidad de Granada. Pero el paso más importante ha sido llevar a los propios niños y niñas. Díaz considera que esa experiencia tiene un valor diferente. No es lo mismo explicar Nana que permitir que sean ellos quienes entren en la universidad, enseñen su trabajo, hablen con estudiantes y descubran cómo es una institución académica. “Gente joven hablando con gente joven”, dice.

Para algunos, ese contacto puede ser una pequeña ventana hacia un futuro que todavía no imaginan. Entrar en una universidad, hablar con sus estudiantes y observar el espacio puede ayudarles a verse a sí mismos dentro de él algún día. No es una lección formal, pero sí una experiencia de identificación. Además, los estudiantes universitarios pueden conocer el trabajo realizado por la asociación y buscar alternativas laborales cuando finalicen sus estudios, o vincularse mediante proyectos de colaboración concretas entre la UGR y Nana.

Y en la Uned ocurrió también algo que devolvió a Nana a su propio origen. Anuar, uno de los protagonistas de aquel primer proyecto de la asociación, regresó años después, ya mayor de edad, para contar su historia. Díaz recuerda perfectamente aquel comienzo. Era 2014. El proyecto había llevado al escenario a niñas y niños de la Gota de Leche y había terminado con una representación en el Kursaal. Antes del estreno, algunas niñas le habían preguntado quién iría a verlas al teatro. La respuesta llegó aquel día de lluvia: el teatro se llenó. “Todos los asientos, el aforo completo”, recuerda. Algunas personas incluso tuvieron que marcharse porque ya no quedaban plazas. Para la asociación, aquello fue mucho más que un éxito de público. Aquellos niños, que vivían en un centro de protección, ocupaban por primera vez un escenario delante de una sala llena.

Años después, Anuar volvió para contar qué había significado aquel paso por Nana y cómo había continuado su vida hasta llegar a la adultez. Para Díaz fue especialmente emocionante porque permitía mirar el proyecto desde el otro lado del tiempo. El niño que había participado en aquel primer espectáculo podía ahora explicar qué había significado para él.

El año ha seguido pasando por espacios muy distintos. Nana ha participado en las celebraciones del 125 aniversario de la Divina Infantita, ha llevado las canciones de cuna de diferentes culturas a sus actividades y ha mostrado una pequeña parte del espectáculo que prepara. Ha participado en la Caminata por la Igualdad, ha llevado ‘El Arte nos Salvará’ a la Feria del Libro, ha creado grupos de voluntarios para participar en la Gran Recogida del Banco de Alimentos, permitiendo a los niños y niñas poder apoyar y comprometerse con otras personas. Ha participado en el Día Internacional de la Danza. La suma de estos espacios es la que permite entender qué quiere decir Natalia Díaz cuando habla de “sacar Nana hacia afuera”. No se trata de estar en todas partes por estar; se trata de que cada lugar aporta algo diferente y de que los niños y niñas puedan experimentar esa diferencia.

La universidad les ofrece otro horizonte. El cine les proporciona historias desde las que preguntar. El teatro les obliga a expresarse delante de otros. La calle les pone frente a personas que no conocen. Las colaboraciones con otras entidades les enseñan otras maneras de relacionarse. La educación les permite compartir metodologías. Y las asociaciones especializadas les muestran realidades que enriquecen su propia práctica.

Por eso, cuando Díaz mira hacia atrás, no habla únicamente de una agenda llena. Habla de una metodología que se está haciendo más visible y, al mismo tiempo, más permeable. 2026 está siendo el año de comprobar qué ocurre cuando esa apertura empieza a generar nuevos vínculos. Uno de ellos llegará en octubre, con la celebración en Melilla del congreso de la Unión Española de Cooperativas de Enseñanza, UECOE, los días 21, 22 y 23. Nana participará de la mano del Colegio Enrique Soler con un taller de teatro inclusivo y en una mesa de debate relacionada con la diversidad y la convivencia. Durante esos días llegarán a la ciudad profesionales de centros educativos de distintos puntos de España.

Pero la relación con otros territorios ya ha comenzado. A raíz de un encuentro casual con profesoras de Formación Profesional de Tolosa, en Gipuzkoa, Nana ha iniciado conversaciones para desarrollar un proyecto conjunto con alumnado de FP y sus propios niños y niñas en torno a colectivos vulnerables. El congreso todavía no se ha celebrado y, sin embargo, el vínculo ya está trabajando.

También está tomando forma una nueva colaboración en el ámbito sanitario. El interés de una profesional del hospital por conocer cómo trabaja NANA ha abierto la puerta a unas jornadas que abordarán infancia, identidad, bienestar, salud mental, transculturalidad, mediación intercultural e integración cultural. Todavía se está terminando de construir la propuesta, pero para Díaz tiene un valor especial porque llevará por primera vez el proyecto a un entorno sanitario. La salud mental es, precisamente, uno de los ámbitos en los que considera necesario profundizar. No porque Nana pretenda sustituir otros espacios profesionales, sino porque entiende que las herramientas que llevan años trabajando están cada vez más conectadas con una conversación social que concede mayor importancia a las emociones y a la manera en que las personas se relacionan con ellas.

En ese punto vuelve a mencionar a la neurocientífica Nazareth Castellanos y una idea que le interesa especialmente: se puede acumular una enorme formación académica y, sin embargo, no saber demasiado sobre uno mismo. Díaz no cuestiona en ningún momento la importancia de los conocimientos académicos. Lo que defiende es que la educación de una persona no puede terminar ahí. “Quiénes somos, qué sentimos, cómo nos relacionamos con los demás, cómo gestionamos la frustración”, enumera. Y también cómo escuchamos, cómo expresamos aquello para lo que no encontramos palabras o cómo ocupamos nuestro propio cuerpo. Ahí es donde, para ella, las artes escénicas adquieren todo su sentido.

Nana seguirá trabajando durante los próximos meses en esa línea. Continúa la colaboración con Autismo Melilla y el estudio para incorporar a los más pequeños; continúa el trabajo con la Fundación de Fútbol, que durante este año está ofreciendo a los participantes la posibilidad de practicar deporte; continúan los vínculos surgidos con otros centros y entidades; y avanza el nuevo espectáculo que incorpora una nueva línea de creación que la asociación espera estrenar en noviembre o diciembre. Díaz no quiere desvelar todavía su contenido. Solo cuenta que será una creación nueva, una nueva línea de trabajo dentro de la metodología de Nana y un proyecto que pretende interpelar a personas de distintas edades. Cuando esté más avanzado, habrá tiempo para contar cómo se construye.

Por ahora, el balance está en otra parte. En lo que ha ocurrido entre enero y julio y en las relaciones que han quedado después de cada experiencia. En los niños que han entrado en una universidad. En los usuarios de Autismo Melilla que comparten un taller cada semana. En Anuar regresando para contar su historia. En Thalía hablando desde una pantalla ante un público de Melilla. En los pequeños que han conversado con visitantes de otros países. En quienes han convertido un calcetín viejo en una marioneta. En quienes han salido del colegio para mostrar en la calle algo que habían preparado durante semanas. Y también en la propia NANA, que después de más de diez años de trabajo ha comenzado a ser reconocida desde lugares distintos a aquellos en los que nació. “Hay que seguir en esta línea”, expresa Díaz.

No habla de crecer sin límite. Habla de seguir encontrándose. De abrir el espacio sin perder aquello que lo hace reconocible. De trabajar con otras entidades sin dejar de cuidar el tiempo y la experiencia de cada niño. De aprender también de quienes llegan. Porque, en el fondo, esa es la transformación que la asociación está viviendo: Nana ya no solo lleva su trabajo a otros lugares. Los otros lugares empiezan a entrar también en Nana.

Tags: Asociación NanaNatalia Díaz

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