Tarta Relena, hipnotizó con su propuesta escénica y profundidad vocal. -AGC-
Este jueves, IWA Fest continuó su programación paralela con una jornada que llevó el festival a las aulas y después al escenario, pasando por el cine y la conversación. La mañana estuvo dedicada a estudiantes de distintos centros de secundaria y formación profesional en la UNED, que pudieron acercarse a dos propuestas diferentes, pero conectadas por cuestiones como la identidad, la diversidad y la forma de mirar el mundo que nos rodea.
La jornada comenzó con la proyección de Roshni, el cortometraje dirigido por Rakesh Narwani. Su protagonista es una joven que, después de una pelea durante una clase de fútbol, le confiesa a su madre que en el colegio le dicen que "huele a India". En casa tampoco encuentra del todo el descanso: su abuela acaba de llegar y ahora duerme en su habitación. Mientras tanto, en las clases de música, Roshni escoge el contrabajo, aunque apenas puede sostenerlo.
Después del cine llegó el encuentro con Chenta Tsai, moderado por Rocío Madrid. Bajo el alias Putochinomaricón, Tsai desarrolla una propuesta artística que cruza música, identidad y pensamiento crítico. De origen chino y criado en España, su trabajo aborda cuestiones relacionadas con la migración, la diversidad cultural y la disidencia, entrelazando lo personal y lo político. Pero la conversación no se quedó en el escenario. Durante el encuentro se habló de la trayectoria y el posicionamiento de Tsai, pero también de cultura, creación y de las preguntas que atraviesan a quienes están empezando a construir su propio camino. El público, formado en buena parte por estudiantes de Formación Profesional y Secundaria, tuvo un papel protagonista.
Y fue al terminar la charla cuando esa interacción se hizo especialmente visible. Chenta Tsai bajó del escenario y comenzó a desplazarse entre los estudiantes. Les preguntó qué pensaban sobre la cultura, si estarían dispuestos a formar un colectivo, si se dedicaban a oficios artísticos o qué era lo que les frenaba. La charla se abrió así a cuestiones como el lenguaje contemporáneo, la cultura pop, las referencias que conforman nuestro imaginario o la identidad LGTBQ+, destaca Madrid.
También hubo espacio para hablar de la creación desde la rabia, de aquello que un artista no está dispuesto a hacer y de la posibilidad de que el arte incomode, incluso hasta "caerle mal al público". Vídeos de diferentes momentos de la trayectoria de Tsai acompañaron una conversación que Madrid valora con entusiasmo cono "súper distendida" y cercana con los jóvenes.
Para la moderadora, uno de los aspectos más espaciales fue precisamente la cercanía y el rumbo sincero de la conversación. "No ha habido filtro", señala. Y el diálogo tampoco terminó en el interior de la Uned. Después del encuentro, los estudiantes se acercaron para hacerse fotografías con Tsai y continuar preguntándole cosas. Él siguió hablando con ellos fuera del recinto, describe Madrid, prolongando un intercambio que había empezado en el salón de actos y que terminó desbordándolo.
"Recalcar sobre todo la interacción que ha tenido con el alumnado", apunta Madrid. "El hecho de bajarse del escenario y moverse entre ellos". Una imagen que resume buena parte del encuentro: un artista que abandona por un momento la posición de quien habla solo de su experiencia para situarse en medio del público y seguir conversando a través de las experiencias y percepciones de los allí presentes. Un intercambio. Un desplazamiento. Una construcción de un espacio que buscaba que todos encontrasen la manera de expresar.
Por la tarde, el festival cambió de escenario y de lenguaje. Las voces de Tarta Relena tomaron el relevo con un concierto en directo. El dúo, formado por Marta Torrella y Helena Ros, nació en 2016 con una propuesta centrada en la exploración de la música vocal a capella y con el Mediterráneo como territorio de referencia. Su repertorio transita entre músicas tradicionales y músicas de autor, con la experimentación como punto de partida. A las voces se suman la electrónica, los instrumentos y los samples, en una búsqueda que juega con la combinación de técnicas vocales y con la tensión entre la sencillez de los elementos y la complejidad del resultado.
Tarta Relena aportó una tarde de hipnotismo, de esas que dejan cierta huella en la capacidad del ser humano de concebirse a sí mismo, con un concierto que puso en primer plano sus enormes capacidades vocales y construyó un espacio escénico a la altura de su propuesta artística. Las dos vocalistas e instrumentistas parecían señalar con los dedos, cruzar sus miradas y sostener una conversación ajena al resto, un diálogo íntimo y preciso que encontraba su traducción en cada gesto, en cada pausa y en cada palabra pronunciada. La música acogía una lírica de enorme profundidad, próxima a un territorio del ayer, pero la electrónica y el entramado de cables que recorría el escenario dibujaban, al mismo tiempo, un paisaje plenamente contemporáneo. Entre las pausas y los silencios se instalaba un simbolismo envolvente, casi magnético, que desafiaba los sentidos y ampliaba la dimensión de cada interpretación con una escena sostenida en lo dubitativo de la experiencia humana y la condición misma del ser. No importaba no comprender el significado de las palabras, era algo más. Algo transcendental y sereno.
La construcción sonora se acompañaba de una narrativa lumínica que terminaba de transformar el espacio en un espectáculo bello y profundo, con cierta presencia de lo sobrenatural, de aquello que se canta como forma de aproximación a lo que permanece más allá de lo material y de la percepción humana. Por momentos, lo terrenal parecía perder consistencia para elevarse hacia un lugar casi angelical: las voces y los gestos no eran inocuos, sino que comunicaban, subrayaban y daban relieve a cada palabra, a cada frase suspendida en el aire y pronunciada en diferentes lenguas. Allí convivían sonidos profundamente arraigados en el pasado con su propia transformación hacia un presente en el que la electrónica construye otro lenguaje: amplifica, distorsiona, acompaña, genera ritmos y altera las voces para convertirlas en una materia sonora nueva. Tarta Relena levantó así un concierto situado entre tiempos, donde lo ancestral y lo contemporáneo no se enfrentaban, sino que encontraban en la escena un espacio común.
La creación contemporánea como lugar de encuentro seguirá desarrollándose este fin de semana cuando, a partir de este viernes, el festival regrese al Fuerte de Victoria Grande con los directos de Ammar 808, Cushla, Derya Yildirim & Grup Şimşek, Queralt Lahoz, Tamikrest, Bedouin Burger, DJ Travella, Expresso Transatlântico y María Arnal.
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