Agrupación Amas de Casa Rusadir durante el concurso de postres de Semana Santa el pasado 18 de marzo. -Cedida por Loriente-
El pasado 18 de marzo, la sede de la Asociación de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios Rusadir, en la calle Chacel, 10, volvió a llenarse de aromas dulces, conversación y reencuentros con motivo de su tradicional concurso de postres de Semana Santa. Una cita que, más allá de la cocina, se ha consolidado como un espacio de convivencia entre generaciones.
En esta edición se presentaron un total de dieciséis elaboraciones, reflejo del arraigo de la repostería tradicional en estas fechas. El jurado otorgó el primer premio a un tocino de cielo, mientras que el segundo y tercer puesto recayeron en un flan de arroz con leche y unas orejas de Cuaresma, respectivamente. Tras el fallo, las asistentes compartieron una degustación conjunta en un ambiente cercano, prolongando la jornada en torno a la conversación y el disfrute colectivo.
“Es una actividad que hemos conseguido mantener en el tiempo y que las socias esperan cada año”, explica la presidenta de la asociación, Cristina Loriente, quien hace nueve años apostó por integrar de forma estable este concurso dentro de la programación anual.
La historia de Rusadir se remonta a 1972, cuando dos mujeres melillenses decidieron crear un espacio que rompiera con la rutina diaria de las amas de casa. En un contexto en el que las asociaciones vecinales jugaban un papel clave en la vida social de los barrios, la entidad nació con la vocación de generar vínculos, fomentar la participación y ofrecer un lugar propio de encuentro.
Más de medio siglo después, la asociación mantiene ese espíritu desde su sede actual, donde reúne a más de 200 socias y desarrolla una programación continua. “No paramos y cada vez más”, resume Loriente, al referirse al crecimiento y dinamismo de la entidad.
Los concursos de cocina son solo una parte de la actividad. A lo largo del año, Rusadir organiza propuestas que van desde clases de yoga y meditación hasta sevillanas, charlas o viajes compartidos. Entre estos últimos, destacan iniciativas como el viaje programado para este año a Praga y Viena, que se suma a otras experiencias colectivas que refuerzan la convivencia entre las participantes.
Las comidas compartidas ocupan también un lugar destacado dentro del calendario. En fechas señaladas como en la Feria de Melilla, el inicio de las vacaciones o el regreso de los viajes, la asociación organiza encuentros que llegan a reunir a más de 40 personas en torno a la mesa. Son momentos que refuerzan el carácter familiar del colectivo y que consolidan los lazos entre sus integrantes.
Además, la entidad participa en celebraciones como el 9 de octubre, Día Internacional de las Amas de Casa, o el 8 de marzo, Día de la Mujer; integrando así su actividad dentro de un contexto más amplio de reconocimiento y visibilidad.
Uno de los rasgos más significativos de la asociación es su carácter intergeneracional. En sus espacios conviven abuelas, madres e hijas, compartiendo experiencias y construyendo un entorno común que refleja la diversidad de la sociedad. Este aspecto se hace especialmente visible en actividades como el concurso de postres, donde tradición y aprendizaje se transmiten de unas generaciones a otras.
La asociación mantiene, además, una filosofía abierta que facilita la incorporación de nuevas participantes. “Queremos que cualquier mujer que se acerque se sienta parte, como si estuviera en su casa”, señala Loriente. Esta cercanía se traduce en un ambiente de familiaridad en el que las socias encuentran un espacio propio para compartir tiempo de calidad.
Esa misma cercanía se extiende también al ámbito social. Como entidad sin ánimo de lucro, Rusadir colabora con el tejido asociativo de la ciudad y participa en iniciativas solidarias, como la recogida de ropa y juguetes impulsada por la comunidad hindú en fechas concretas. Una implicación que permite a la asociación formar parte activa de la respuesta social ante distintas necesidades.
Este compromiso se suma a la satisfacción que genera entre sus integrantes formar parte de un proyecto colectivo con continuidad en el tiempo. La combinación entre tradición, participación y apertura ha permitido a la asociación adaptarse a los cambios sin perder su esencia.
El concurso de postres celebrado el pasado 18 de marzo es, en este sentido, una muestra representativa de esa identidad. Una actividad que reúne gastronomía, memoria y convivencia, y que refleja el papel que Rusadir continúa desempeñando como espacio de encuentro en la ciudad.
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