La reapertura de la aduana comercial entre Melilla y Marruecos, anunciada con entusiasmo en enero de 2023 por los gobiernos de ambos países, ha terminado siendo, casi tres años después, una promesa vacía. Lejos de suponer un avance estratégico para la economía melillense, la situación actual muestra una parálisis total, con un paso fronterizo inactivo, sin tránsito de mercancías y sin señales claras de recuperación. Marruecos ha impuesto condiciones unilaterales y España guarda silencio, dejando a la ciudad autónoma atrapada en una nueva fase de incertidumbre económica y diplomática.
A día de hoy, en Beni-Enzar no hay ninguna operación aduanera en marcha. Los camiones no pasan. No se intercambian bienes. No se aplican medidas bilaterales ni existen infraestructuras en el lado marroquí que permitan considerar operativo el paso comercial. Lo que fue anunciado como un “acuerdo histórico” ha quedado reducido a declaraciones sin efectos prácticos, alimentando la frustración tanto entre empresarios como entre sectores políticos y sociales de Melilla.
Según ha denunciado La Razón, los compromisos adquiridos entre Rabat y Madrid fueron papel mojado. “No hay rastro de los acuerdos. Marruecos hace lo que quiere y España mira hacia otro lado”, señalan fuentes diplomáticas consultadas por el medio, que además critican la falta de presión por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores español, encabezado por José Manuel Albares.
Por su parte, La Gaceta subraya que Rabat ha terminado imponiendo sus condiciones, desmontando de facto la estrategia aduanera impulsada por Moncloa. Mientras el Gobierno español sigue sin aclarar el futuro de las aduanas de Melilla y Ceuta, Marruecos ha endurecido el control fronterizo, ha retrasado cualquier adaptación de su infraestructura y ha bloqueado cualquier flujo comercial. De hecho, desde hace meses no hay reuniones oficiales ni nuevas negociaciones abiertas que permitan vislumbrar un cambio de escenario.
Desde el ámbito empresarial, la indignación crece. La Confederación de Empresarios de Melilla (CEME) ha exigido al ministro Albares que dé la cara y explique por qué el Gobierno ha permitido este retroceso. “No podemos seguir en esta situación de abandono. Se anunció una reapertura y hoy tenemos una aduana fantasma”, expresó recientemente la entidad en declaraciones recogidas por El Faro de Melilla. La patronal denuncia la ausencia total de interlocución por parte del Gobierno central y acusa a Exteriores de actuar con una pasividad “irresponsable”.
Mientras tanto, la prensa marroquí confirma los hechos. El medio Tanja24 ha publicado que las medidas adoptadas por Marruecos en los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla desmontan por completo la hoja de ruta del Gobierno español. El país vecino ha decidido frenar cualquier desarrollo de la infraestructura necesaria para mantener operativas las aduanas, lo que en la práctica representa una ruptura con los compromisos asumidos en el marco del deshielo diplomático entre ambos países.
Cabe recordar que la reapertura del paso aduanero fue uno de los hitos más destacados del acercamiento hispano-marroquí tras la crisis diplomática de 2021. Se presentó como un avance hacia una nueva etapa de cooperación y se vendió como un logro político por parte del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Sin embargo, casi tres años después, el balance es más que negativo: sin aduana, sin tráfico comercial y con una relación que, en este ámbito, parece haber vuelto al punto cero.
Melilla, una ciudad que necesita con urgencia reactivar su economía, vuelve a ser la gran olvidada de una política exterior que no ofrece resultados concretos. Mientras Rabat define su estrategia y ejecuta sin contrapesos sus decisiones, el Ejecutivo español permanece en silencio, sin articular respuestas ni planes alternativos. La consecuencia es evidente: pérdida de competitividad, bloqueo económico y deterioro de la confianza ciudadana.
El cierre real, aunque no declarado oficialmente, de la aduana no solo afecta a los empresarios. También lanza un mensaje político: Marruecos mantiene el control absoluto sobre la relación fronteriza y España no está en posición de exigir. Esta situación, prolongada en el tiempo, genera un escenario de vulnerabilidad para Melilla y refuerza la sensación de aislamiento que denuncian sus instituciones y actores económicos.
A esta situación se suma un contexto internacional complicado, donde Rabat gana peso en las relaciones estratégicas con Europa y puede permitirse ralentizar sus compromisos con España sin consecuencias aparentes. Mientras tanto, el Gobierno central evita pronunciarse de forma clara sobre el estado real de la aduana en Melilla, al tiempo que continúa transmitiendo mensajes institucionales optimistas, que no se corresponden con la realidad visible en la frontera.
La falta de presión política por parte del Ejecutivo español y la ausencia de una estrategia diplomática firme han dejado a Melilla a merced de las decisiones de Marruecos. La ciudad, históricamente dependiente del comercio transfronterizo, se enfrenta ahora a un vacío económico que amenaza con agravarse si no se adoptan medidas urgentes.
La ciudadanía melillense, que fue testigo de múltiples anuncios oficiales sobre la reapertura, comienza a mostrar signos de agotamiento y desconfianza. La falta de explicaciones, la nula operatividad del paso y la sensación de haber sido utilizados como herramienta política para escenificar una normalización con Marruecos, alimentan una creciente indignación social.
En definitiva, la aduana con Marruecos no solo está paralizada: está prácticamente muerta. Y con ella, también se desvanece una parte de la esperanza que muchos habían depositado en el nuevo ciclo diplomático. Melilla, una vez más, se encuentra sola.
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