“Josefina R. Aldecoa, dos pasiones: pedagogía y literatura”

Entrevista a Luis Ramoneda (Cervera, 1954) crítico literario y escritor, cuando se cumplen cien años del nacimiento de la escritora

-Fundadora del colegio Estilo. ¿Cómo era la escuela y cómo era ella como maestra?

Josefina Rodríguez Álvarez nace en La Robla, zona minera de León, cercana a

Asturias, el 8 de marzo de 1926, estudió en su pueblo y el primer curso de Filosofía y Letras, en Oviedo. Después, la familia se traslada a Madrid, donde supera el segudo curso, con asignaturas comunes para todos los estudiantes de Filosofía y Letras, como se hacía entonces, y se decanta por la especialidad de Pedagogía, recién creada. No hay que olvidar que era hija y nieta de maestras. Se doctoró con una tesis, dirigida por el joven catedrático Víctor García-Hoz, sobre “El arte del niño”. En aquellos años de la posguerra, de penurías y aislamiento, viajar al extranjero no era fácil.

Ella pudo estar unos meses en Inglaterra en 1950, y, más tarde, ya con Ignacio Aldecoa, su marido, obtuvo una beca de los Estados Unidos, donde vivieron durante el curso 1958-59. En ambos países, pudo conocer a fondo escuelas muy variadas y sus métodos pedagógicos. A esto, se añade la preocupación por la educación de su hija, que había nacido en 1954. Estos factores, más sus ideas sobre la educación, cercanas a los planteamientos de la Institución libre de Enseñanza, la llevan a fundar el Colegio Estilo-Jardín-Escuela, en la colonia madrileña de El Viso, en la calle de Serrano, que echó a andar en octubre de 1959. En realidad, Josefina no impartía clases, se ocupaba de la dirección y del desarrollo de sus ideas (métodos muy activos, creatividad, europeísmo...). Dirigió el colegio durante cuarenta años y siguió implicada hasta poco antes de fallecer, el 16 de marzo de 2011, en Las Magnolias, la casa que Susana, su hija, y su yerno tenían en Mazcuerras (Cantabria) y donde ella se sentía muy a gusto.

Su hija siguió con Estilo hasta que, en 2019, hubo que cerrar la escuela, por las dificultades económicas a las que se enfrentaban.

Josefina resumía así su pedagogía: formar personas libres, independientes, responsables, críticas, con deseos de investigar, con deseos de hacer las cosas por sí mismas, con deseos de desarrollar su potencial humano: ciudadanos conscientes, razonables, solidarios y libres. En 2002, la Editorial Biblioteca Nueva publicó Memoria de un colegio: “Estilo”: una experiencia de educación en libertad sobre la base de la comunidad de Amelia Castilla.

-Josefina reivindicaba la palabra “maestro” frente a la de “profesor”. Una visionaria en  educación integral del niño.

-A ella  le parecía un concepto valiosísimo y básico para el desarrollo de cualquier país. En este sentido, fue una gran luchadora por desarrollar y mantener sus ideales pedagógicos. También consideraba fundamental el papel de los padres y la relación con ellos y con los docentes.

-El arte, como materia escolar era importante para ella...

-Muy importante. El arte y todo lo que facilitara la creatividad: la lectura, el interés por conocer, como ya he señalado. Contó con la ayuda de su hermana Gaba, que tenía gran talento artístico.

-Se rodeó de grandes escritores: Generación de los 50 o de los niños de la guerra. ¿Cómo es la sensibilidad de estos autores debido a las circunstancias históricas que les tocó vivir...?

-Sí, ya en León había tenido algún contacto con el grupo literario formado en torno a la revista “Espadaña” de Eugenio G. de Nora. En Madrid se relaciona con este grupo de escritores que usted menciona (Alfonso Sastre, Medardo Fraile, Jesús Fernández- Santos, Ana María Matute, Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite...), y así conoció a Ignacio Aldecoa, con quien se casa en 1952. Ellos vivieron la guerra civil cuando eran niños (una guerra es un monstruo, escribe Josefina en uno de sus libros), después las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial con la situación tan dura de la posguerra en España: un país devastado, hambre, pobreza y el aislamiento internacional. De todos modos, los integrantes del grupo son bastante privilegiados, porque han podido cursar una carrera universitaria y salir adelante con más o menos fortuna. Y, en el caso de Josefina y de Ignacio, como he dicho, consiguieron viajar por Europa y América, lo que los acercó a la cultura (literatura, filosofía, arte…) de aquellos años en aquellos países.

-Historia de una maestra. La novela cuenta la vida de Gabriela González Pardo, que nace en 1904, es maestra de e inicia su vida profesional en 1923, con la dictadura de Primo de Rivera, la caída y el exilio de Alfonso XIII, el advenimiento de la II República y el Alzamiento. ¿Qué le parece lo más interesante de esta obra?

-Esta novela es un relato de ficción, aunque inspirado en hechos reales, y la más exitosa de todas las de Josefina. La primera de una trilogía que forma con Mujeres de negro, que se desarrolla durante la guerra civil y en el exilio en México, y La fuerza del destino, donde se narra el regreso de Gabriela a España tras la muerte de Franco (esta es la más intimista de las tres). En Historia de una maestra, homenaje a su madre, se reflejan bien sus ideas pedagógicas. La trama discurre durante la Segunda República en zonas muy pobres, cuando la protagonista da los primeros pasos como maestra interina.

Después, trabajará en Guinea y en un pueblo minero del norte de León, junto con Ezequiel, su marido, también maestro, muy implicado en la vida política de la República, fusilado al comienzo de la guerra. Lo que Josefina defiende siempre, directamente o a través de sus personajes, es la importancia de la educación, tanto para el bien común como para la madurez de las personas. En la novela, muestra la ilusión de unos maestros jóvenes, pero también las dificultades, la tensiones, las dudas, hasta que estalla la guerra civil. En esta trilogía, queda patente que, para Josefina, la pedagogía y la literatura iban muy juntas. Ella ha afirmado que el colegio Estilo fue su tabla de salvación tras la muerte repentina de su marido, el 15 de noviembre de 1969. De hecho, durante unos diez años, dejó de escribir, hasta que los de Cátedra le pidieron que se ocupara de la edición de una antología de cuentos de Ignacio. Le costó aceptar el reto, pero fue la espita que la llevó a recuperar su otra pasión.

Es significativo, me parece, que haya firmado sus obras como Josefina Aldecoa o como Josefina R. Aldecoa, pues la influencia de su marido en lo humano y en lo literario fue decisiva (como la de ella en él). Entre sus obras, me parece muy interesante En la distancia, donde cuenta retazos de su vida y expone sus ideas pedagógicos, gustos literarios, viajes..., y, por supuesto, el papel de su marido y de su hija. Por otra parte, se puede añadir que, además de haber recibido premios importantes, como el de las Letras de Castilla y León, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio y la Medalla de Oro al Mérito del trabajo, hay varios centros educativos en España que llevan su nombre.

-Otras obras suyas, además de las ya mencionadas…

-Son: A ninguna parte (cuentos), Los niños de la guerra (sobre los escritores de su generación), Hermanas, La enredadera, Porque éramos jóvenes, Confesiones de una abuela, El enigma. En la trilogía antes comentada, hay un contraste entre los ideales de la protagonista y cierto trasfondo de pesimismo, entre existencialista y estoico, más patente en la tercera parte, donde Gabriela escribe: Me educaron en la más exigente de las éticas. Una ética libre de las normas de una religión concreta. Privada del perdón de los pecados y aceptando como único control la propia conciencia. Eso era lo esencial en la conducta de mi padre: la implacable lucidez de la conciencia. En este párrafo, pienso que se refleja un poco su manera de afrontar la existencia, aunque por otra parte, a pesar de cierto pesimismo de fondo, ella tenía una gran vitalidad y deseos de disfrutar del día a día y de hacer el bien, tanto con su trabajo como con sus escritos.

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