El Iwa Fest ha iniciado ya su andadura en Melilla y lo hizo este pasado lunes con la proyección de una película (Love, Deutschmarks and Death, del director Cem Kaya) que hablaba del proceso migratorio en el contexto de lo que será el factor de unión de toda la semana: la música y, más concretamente, la música independiente. De hecho, al término del film tuvo lugar una perfomance que unió pintura y música de la mano de Chiara Abramo y Edoardo Dodici, que fueron los encargados de la coreografía pictórica orientada en base a los ritmos musicales propuestos por el Dj José Sabroso.
Este evento, dirigido por Borja Ramón, se ha convertido ya en un imprescindible del calendario cultural de Melilla. Su consolidación es todo un hecho y los conciertos, previstos para el fin de semana, reúnen a cientos de ciudadanos, que disfrutan con la selección de artistas que el festival propone y que en la mayoría de las ocasiones tiene un denominador común: el Mar Mediterráneo como nexo de unión de culturas.
La elección del Fuerte de Victoria Grande como sede de esos conciertos es, sin duda, todo un acierto. El entorno es único, excepcional y le da al festival ese aire mágico que lo envuelve al ritmo de voces e instrumentos especiales, muy alejados de las notas a las que habitualmente estamos acostumbrados. Cada año son más y más los seguidores que el Iwa Fest reúne a su alrededor; incluso se da el caso de personas que viajan a Melilla expresamente para asistir a esa singular manifestación musical en Victoria Grande.
Los conciertos son el plato fuerte pero durante toda la semana, la Uned sirve de sede para los pases cinematográficos y las charlas que se organizan en torno al Iwa Fest y su vocación de ser punto donde confluyan las distintas culturas que conforman el panorama demográfico de Melilla. De ahí la importancia de que los escolares se incluyan en la programación, que sean receptores y se empapen de ese halo de convivencia y armonía que desprende el festival.
Cierto es que Iwa Fest nació con una fuerte impronta amazigh pero que ha evolucionado hacia una propuesta artística y cultural de escala global, tal y como comentó Borja Ramón. "El festival quiere proyectar los nexos que tiene Melilla con el resto del mundo”, sostiene Ramón. Y lo hace partiendo de la singular herencia cultural de la ciudad: mediterránea, africana, europea, hindú, señaló.
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