Incertidumbre total en Melilla según Enrique Alcoba: "Ni a la Constitución se le hace caso"

La aduana, el régimen de viajeros, la bonificación de la Seguridad Social, las rotaciones con Almería, la bonificación del transporte de mercancías, todo son incógnitas, y un saber esperar a ver cuándo mejorará realmente

Melilla atraviesa un momento de incertidumbre económica y política que, según Enrique Alcoba, presidente de la Confederación de Empresarios (CEME), se alarga ya demasiado. “Ni a la Constitución se le hace caso”, lamenta, en referencia a la falta de Presupuestos Generales del Estado y al incumplimiento de compromisos que, a su juicio, afectan directamente al desarrollo de la ciudad autónoma.

Para Alcoba, el panorama está estancado desde hace demasiado tiempo. “Todo es una incógnita. La aduana, el régimen de viajeros, las bonificaciones de la Seguridad Social, las rotaciones con Almería y el transporte, la bonificación del transporte de mercancías... Vivimos esperando a ver cuándo mejorará esto realmente”.

El presidente de la CEME no oculta su frustración. Han pasado más de tres años desde que el Gobierno de España anunciara la reapertura de la aduana comercial con Marruecos, pero la realidad, asegura, es que no ha habido ningún avance tangible. “Que yo tenga constancia no ha habido ninguna nueva expedición comercial por la aduana”, explica. En la última reunión que tuvo lugar el jueves pasado del Comité Ejecutivo de la CEME, en la que participa también el Colegio de Aduanas, se confirmó que no se ha registrado ningún movimiento de mercancías en ninguna dirección.

Según Alcoba, la promesa de “buena vecindad” entre España y Marruecos se ha quedado en el papel. “Eso depende de Madrid y de Rabat. En Melilla estamos totalmente ajenos a eso", afirma. Considera que mientras no exista un diálogo real entre ambos gobiernos, todo lo que se diga desde la ciudad “no sirve para nada”. “Lo razonable sería que entre dos países vecinos existiera una buena relación comercial y de respeto mutuo, pero eso no existe ahora”, sentencia.

El dirigente empresarial recuerda que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció el 7 de abril de 2022 en Rabat una nueva etapa de cooperación, basada en la confianza y el respeto mutuo, que incluía la reapertura de la aduana. Sin embargo, Alcoba subraya que la realidad desmiente esas palabras. “Después de más de tres años, no se ha abierto la aduana comercial en las condiciones que estaba abierta y como funciona cualquier aduana del mundo, abierta a la oferta y la demanda de todos los sectores y con un régimen de viajeros en ambas direcciones. El respeto mutuo no existe y, sin eso, es imposible hablar de buena vecindad. Hay que empezar primero por el respeto mutuo y por la normalidad en la aduana y la frontera”.

Desde que asumió la presidencia de la CEME en 2020, Alcoba ha mantenido reuniones con Delegación del Gobierno, con el Ministerio de Asuntos Exteriores, con la CEOE e incluso con el propio Rey. En todas ellas ha insistido en la necesidad de recuperar la normalidad en las relaciones con Marruecos y restablecer la actividad económica entre ambos lados de la frontera. “Llevamos años pidiendo lo mismo, que podamos trabajar en unas condiciones normales, pero nuestras reclamaciones se pierden en el aire”, lamenta.

Más allá de la frontera, el presidente de la CEME traza un panorama económico para el tercer trimestre del año poco alentador. Aunque las grandes empresas españolas mantienen cifras positivas, Alcoba asegura que las pequeñas y medianas son las que “están sufriendo todo”. “Las microempresas, los pequeños comercios del centro o de los barrios, son los que más padecen la situación actual”, apunta. Desde la pandemia, recuerda, España ha perdido unas 22.700 empresas, la mayoría de ellas con entre dos y cuatro trabajadores. “Son negocios pequeños que no han podido aguantar el golpe”, añade.

Melilla, además, figura entre las ciudades con mayor inflación del país. En septiembre, el Índice de Precios al Consumo (IPC) se situó en un 2,9 %, el cuarto más alto de España. A eso se suma una de las tasas de paro juvenil más elevadas y una de las rentas per cápita más bajas del país. “La situación es muy complicada. Lo pueden vender como quieran, todo es muy bonito, pero no llega ningún plan estratégico. Ni desde la Ciudad ni desde Madrid”, critica Alcoba.

El presidente de la CEME asegura que existe un plan integral del Gobierno central para Melilla, dotado con 357 millones de euros y vigente hasta 2026, pero lamenta la falta de información sobre su aplicación. “Nos gustaría saber en qué se ha invertido ese dinero”, señala. También advierte sobre la bonificación de la Seguridad Social, una medida que caduca en 2026 y de la que aún no se ha aclarado su continuidad. “Todo son incertidumbres”, insiste.

La falta de presupuestos generales es otro motivo de preocupación para los empresarios. Alcoba considera que el Gobierno está incumpliendo la ley al prorrogar las cuentas año tras año. “Por ley, los presupuestos tienen que presentarse todos los años, pero eso ya no se cumple. Ni siquiera a la Constitución se le hace caso”, denuncia. Según él, esta situación tiene consecuencias directas. “Eso lógicamente implica situaciones como las que han pasado recientemente, que había 50 agentes de la UIP en Melilla y han dejado 15. Tampoco se amplían las plantillas de la Guardia Civil ni de la Policía Nacional. No viene una segunda bandera de la legión, que no se tendría que haber quitado nunca por la seguridad que conlleva en la situación geográfica que tenemos".  Alcoba resume que, al fin y al cabo, si no hay presupuestos no se puede hacer nada.

A juicio del dirigente, la ciudad vive “instalada en la espera”. Todo parece depender de decisiones que se toman fuera mientras las empresas melillenses siguen lidiando con un entorno incierto. Alcoba reconoce que la sensación general entre los empresarios es de cansancio. “Todo se anuncia, pero nada se concreta. Llevamos años oyendo hablar de buena vecindad, de respeto mutuo, de planes estratégicos, pero la realidad es que la ciudad sigue igual”.

En sus palabras se percibe una mezcla de frustración y resignación. Melilla, dice, “sigue esperando que se cumplan las promesas”. Mientras tanto, las empresas continúan adaptándose como pueden a los cambios y a la falta de certezas. 

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