Melilla es una ciudad pequeña y más minúsculo aún es su casco urbano. Por ese motivo parece realmente increíble que no haya manera de controlar actos de vandalismo callejero como los que se están dando en los últimos días, muchos de los cuales se repiten una y otra vez en las mismas zonas de la ciudad, concretamente barriadas de la periferia como todo el sector de Vía Láctea, cercana a la Cañada de Hidum, y Reina Regente, fundamentalmente. No es comprensible que siendo esos puntos los más sensibles a la hora de la quema de contenedores, de vehículos y toda clase de mobiliario urbano, como parques infantiles, no exista un dispositivo específico para la seguridad que merecen estos barrios.
Expertos en la materia tienen claro que allí se concentran actividades delictivas de dos perfiles concretos de individuos: los que se dedican a incendiar vehículos motivos por venganzas e incluso ajustes de cuenta y aquellos que la emprenden contra los contenedores y el mobiliario movidos por cuestiones políticas; esto es, buscan sembrar la idea de que todo funciona mal, que nadie se ocupa de esos barrios y que la juventud debe protestar de ese modo para dar rienda suelta a su malestar por la falta de oportunidades laborales e incluso el "incumplimiento" de promesas electorales.
Ni en uno ni en el otro caso se pueden justificar esas acciones, ni mucho menos normalizarlas. Incendiar propiedades públicas debe ser justamente castigado con las sanciones que correspondan y es necesario que se empleen todos los medios que sean oportunos para identificar, localizar y detener a los "pirómanos". La USTM pedía recientemente la convocatoria de la Junta Local de Seguridad para tratar este problema de forma monográfica. Y no estaría de más que así se hiciera.
El porqué es una petición adecuada es fácil de entender. No se trata solo del fuego sino que ese vandalismo va acompañado del apedreamiento de los bomberos que acuden a extinguir las llamadas y de los agentes de policía que acuden a modo de protección, alertados como están desde hace largo tiempo de que son emboscadas para atacar con las piedras. Sin embargo, a pesar de que existe organización en los ataques, nadie se toma este asunto con la trascendencia que tiene para la ciudad. Esperemos que no haya que lamentar una desgracia de envergadura para que se pongan las pilas quienes tienen la responsabilidad de garantizar la seguridad de nuestros bomberos y nuestros policías.
Otro perfil distinto es el de quienes han incendiado el barco de la Plaza de los Pescadores, utilizado como "dormitorio" por los menores inmigrantes, cuyo objetivo es estar cerca del puerto para buscar la oportunidad y colarse en alguno de los buques que hacen travesía a la península. Ya han destrozado un monumento con historia que recordaba el pasado pesquero de cientos de familias melillenses. Habrá que confiar en que sea la última vez que se hace tanto daño a nuestro patrimonio común.
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