Categorías: Editorial

Hay que concienciar que la limpieza es cosa de todos

Sean las playas, los fondos marinos, las calles, los parques etc., la colaboración ciudadana es esencial

No es más limpio el que más limpia sino el que menos ensucia. Es, sin duda, una frase muy conocida, que responde a una realidad irrefutable, pero que no todos los ciudadanos parecen entender y, mucho menos, practicar. Melilla no será una ciudad limpia hasta que la gente no se conciencie de la necesidad de no ensuciar, que hay recursos y herramientas para depositar los residuos, las basuras, ese electrodoméstico que ya no funciona o el mueble viejo que ya cumplió su misión.

Es cosa de todos comprender que cada uno, en la medida de sus posibilidades, puede perfectamente contribuir a que se disfrute de esa ciudad limpia que todo el mundo anhela. Hay un horario para tirar las basuras a los contenedores: respétese. No se trata de bajar la bolsa y ponerla ahí en la acera al lado del recipiente; no, hay que abrirlo y depositarla dentro. ¿Es tan difícil de hacer? No hay derecho a ver esos entornos llenos de porquería maloliente, atracción para moscas y toda clase de insectos. Y todo por vecinos despreocupados que mucho critican la suciedad en las calles sin hacer absolutamente nada por no ensuciar.

Es normal que los bañistas en la playa se tomen algún refresco en lata, alguna bolsa de patatas o chuchería, que lleven sus bolsas con comida o que quieran hacer su moraga. ¿Por qué, sin embargo, son incapaces de meter todos los desperdicios en una bolsa y tirarlo a la papelera que tienen a diez metros? ¿Por qué no se deshacen del carboncillo de lo anafres o las barbacoas en los lugares habilitados? ¿Tanto les cuesta? Sinceramente es incomprensible esa actitud de desprecio al respeto que merece la playa.

Es cierto que la empresa de la limpieza pública podría poner más de su parte y mantener los suelos de las calles en mejores condiciones, de eso no hay duda, pero no nos olvidemos de la responsabilidad que tenemos como ciudadanos conscientes de sus deberes en una sociedad occidental y moderna. Falta mucha educación, mucho civismo. Resulta muy triste ver la lata de la bebida en el banco del Parque Hernández cuando a dos pasos hay una papelera.

Es hora de tomarnos en serio la obligación de concienciar, de educar en valores cívicos para el cuidado del espacio público común. Eso tiene que hacerse desde cada hogar, desde las familias, los padres deben enseñar a los hijos, los colegios deben reforzar y la Ciudad Autónoma tomarse muy en serio las campañas con ese objetivo, así como empezar a multar convenientemente a todo aquel que no respete las reglas del juego.

 

 

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