Si enero ha sido un mes que te ha dejado con la sensación de haber vivido un invierno interminable no estás solo. Melilla ha registrado un enero marcado por días de lluvia interminables, fuertes rachas de viento y varias alertas por oleaje. Un drama atmosférico para los melillenses al no estar acostumbrados a ello. Explorar qué ha pasado y qué nos espera en febrero es casi como leer una novela meteorológica donde cada borrasca es un nuevo capítulo.
Enero en Melilla es, por definición, el mes más frío y lluvioso del año. Las estadísticas climáticas nos dicen que este mes registra promedio de unos 16.7 °C de máxima y 9.9 °C de mínima, siendo el mes con más precipitación acumulada (alrededor de 38 l/m2) y aproximadamente 6 días de lluvia de media.
Pero este año ha tenido sus particularidades. La precipitación acumulada en el mes fue de 90 l/m2 . En muchas jornadas hemos visto más nubosidad de lo habitual, lluvia intermitente y ratos de viento intenso con rachas que han puesto a prueba sombreros y paraguas.
Según las previsiones de AEMET, las primeras semanas de febrero continuarán una tónica revuelta, con cielos muy nubosos, lluvia intermitente y episodios tormentosos.
¿Qué ha provocado este enero tan “movidito”? La clave ha sido la llegada y paso frecuente de borrascas atlánticas y frentes asociados por el Mediterráneo occidental. En total 6 desde que comenzó el año. Estas borrascas no solo traen lluvia, sino que inyectan aire más frío y generan viento persistente, que en zonas costeras como Melilla se siente aún más por el efecto del Estrecho.
Esta dinámica se intensifica cuando una borrasca profundiza al oeste de la Península y arrastra humedad hacia el este, provocando cielos encapotados y precipitaciones frecuentes.
Así que sí. La lluvia, el viento y algún día de frío han sido normales, aunque el patrón de borrascas frecuentes —y la forma en que han alternado días grises con ratos de calma relativa— ha dado la sensación de que el invierno ha venido con más fuerza que nunca.
Entramos en febrero con las mismas preguntas que cualquiera se haría tomando un café mirando por la ventana: ¿seguirá lloviendo? ¿vendrán más borrascas?
La respuesta, basada en promedios climáticos y previsiones actualizadas, es que febrero es, climatológicamente, otro mes de invierno fresco con comportamiento intermedio.
Según datos climáticos históricos, febrero mantiene máximas medias cercanas a 17 °C y mínimas alrededor de 10.6 °C, con precipitaciones moderadas y aproximadamente 6 días de lluvia durante el mes.
Sin embargo, los pronósticos meteorológicos actuales, como los de AEMET y observadores locales, señalan un inicio de febrero con tiempo inestable, nuboso y con lluvias intermitentes, incluso con probabilidad de tormentas en días concretos. La situación de inestabilidad puede prolongarse durante buena parte de la semana, aunque algunas jornadas podrían presentar mejoras pasajeras ya que vienen nuevas borrascas.
En otras palabras, febrero seguirá con días de lluvia alternando con ratos de calma y ambientes más suaves.
¿Y las borrascas? Algunas todavía pueden acercarse desde el Atlántico o el oeste mediterráneo, generando intervalos nubosos y chubascos aislados, pero no se prevé, por ahora, una situación de temporal persistente como la que vivimos en enero.
Aquí viene la parte que todos esperamos: ¿qué primavera nos espera? La primavera astronómica comienza oficialmente con el equinoccio alrededor del 20 de marzo. Climatológicamente, se considera que a partir de marzo la probabilidad de días suaves y soleados aumenta.
Los promedios históricos en Melilla muestran que marzo presenta máximas cercanas a 18.5 °C y lluvias algo más escasas que en enero, aunque las precipitaciones siguen siendo típicas de la estación en forma de chubascos dispersos.
Según pronósticos estacionales generales elaborados por entidades como AEMET, la primavera en España, y por extensión en zonas costeras como Melilla, tiende a ser más cálida de lo normal, aunque la tendencia pluviométrica no siempre es tan clara.
Esto significa que podríamos tener una estación con días agradables y suaves alternados con ratos de lluvia primaveral, sin que se pueda afirmar con absoluta certeza que será muy lluviosa o especialmente seca.
Con lo cual, la primavera llegará casi silenciosamente al principio, con temperaturas ascendiendo poco a poco, más horas de luz y una sensación general de que los días largos empiezan a ganarle terreno a los grises invernales.
Los melillenses según nos cuentan, tienen ya ganas de que vuelva el clima cálido y sin rastro de lluvia que caracteriza a la ciudad autónoma.
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