Grupo que ha formado parte del taller. -AGC-
La tarde del miércoles, el aula-taller 2 de la Granja Escuela Gloria Fuertes se convirtió en un espacio para parar, mirar hacia dentro y poner nombre a lo que muchas veces cuesta decir en voz alta. Feafes Melilla celebró allí un taller de escritura emocional en el que la palabra escrita dejó de ser solo una herramienta creativa para convertirse en una vía de desahogo, reflexión y cuidado personal.
La sesión la guió Araceli Pavón, monitora del taller y educadora social de Feafes, que planteó la escritura como una forma accesible de gestionar aquello que a menudo se queda atrapado por dentro. Partió de una idea sencilla: hay personas a las que les resulta difícil expresar sus emociones ante los demás, pero encuentran en el papel un lugar donde hacerlo sin sentirse observadas ni juzgadas. Escribir, explicó, permite volver una y otra vez sobre una preocupación sin la sensación de estar incomodando a nadie, y por eso puede convertirse en una herramienta útil para la salud mental.
Ese fue precisamente el punto de partida del taller. La actividad se desarrolló a través de ejercicios breves y concretos. La propuesta invitó a los asistentes a pensar qué emoción se había repetido más a lo largo de la semana o qué sentimiento había estado más presente en sus días recientes. A partir de ahí, el ejercicio consistió en trabajar sobre esa emoción como si pudiera hablar: preguntarse por qué aparecía, qué necesitaba, qué estaba tratando de decir. Después llegó el momento de responderle, de dialogar con ella por escrito para entenderla mejor y para buscar, en la propia escritura, una manera distinta de afrontarla.
La intención no fue únicamente identificar lo que uno sentía, sino comprender de qué manera ese estado emocional había condicionado la semana y qué se podía hacer ante ello. Araceli planteó así la escritura como una herramienta de introspección, pero también como un recurso práctico para la vida diaria, una forma de ordenar lo que pesaba y de encontrar respuestas desde uno mismo.
En este sentido, Araceli nos invita a ponernos frente al folio en blanco, comenzando incluso desde la propia dificultad. Si alguien no sabe qué escribir, puede empezar por ahí, por reconocer ese bloqueo, por dejar constancia de que cuesta. Desde ese primer paso, señaló, pueden salir poco a poco pensamientos, emociones y vivencias que tenemos dentro y que necesitan encontrar una salida.
Junto a ella, Belén Barceiro, trabajadora social de Feafes Melilla, situó el taller dentro de una línea de trabajo más amplia que la entidad desarrolla a lo largo del año. Explicó que la asociación impulsaba distintas actividades de sensibilización, talleres y propuestas de ocio, pero que este año quería además abrir más el abanico y acercarse también a personas que no necesariamente tengan un diagnóstico o un vínculo directo con un problema de salud mental. La intención, subrayó, es ofrecer herramientas beneficiosas para cualquier persona y crear espacios seguros donde compartir.
Ese enfoque, sostuvo, ayuda también a romper barreras que todavía persisten en torno a la salud mental. Belén insistió en que no hace falta tener un diagnóstico para prestar atención al propio bienestar emocional. De hecho, puso el acento en algo que consideró fundamental: muchas veces existe malestar, ruido interno, una sensación de incomodidad que acompaña a la persona, pero ni siquiera se sabe exactamente qué es lo que está ocurriendo porque faltan palabras para nombrarlo.
Por eso, defendió, talleres como este que permiten acercar un vocabulario emocional que muchas personas no manejan con facilidad. Sentarse delante de un papel en blanco, en un entorno acogedor y compartido, puede ayudar a soltar, a entenderse y también a descubrir que hay experiencias comunes. Ese carácter de espacio seguro es, para la asociación, una de las claves de la actividad.
Además, Barceiro adelantó que Feafes Melilla retomaría el próximo lunes una actividad centrada en salud mental y mujer, prevista a las 19:00 horas en la sede de la asociación, situada en la avenida de la Junta 1, número 3, local 2. La trabajadora social explicó que este encuentro, que no pudo celebrarse la semana anterior por una incidencia de mantenimiento, nacería como un espacio de reflexión conjunta dirigido especialmente a mujeres, con la intención de abordar aquellos malestares que muchas comparten y que a menudo quedan relegados al ámbito privado.
En su intervención, también puso el foco en la importancia del cuidado personal, especialmente entre quienes sostienen y acompañan a otras personas en su día a día. Barceiro señaló que en muchas de estas actividades participan perfiles cuidadores y subrayó la necesidad de abrir espacios de cuidado para quienes habitualmente cuidan de los demás. En ese sentido, defendió que este tipo de encuentros, aunque sean puntuales, ofrecen una oportunidad real para detenerse, conectar con uno mismo y compartir con personas que atraviesan situaciones parecidas, algo que puede ayudar a dejar de ver el autocuidado como un lujo y empezar a entenderlo como una necesidad.
Feafes ya había trabajado antes con herramientas creativas como la fotografía o la escritura a través de otras iniciativas, entre ellas su concurso literario, pero en esta ocasión puso el foco en la escritura como canal directo para la gestión emocional. La tarde avanzó así entre palabras, pausas y reflexiones, con una premisa de fondo: a veces, escribir también es una manera de cuidarse.
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