Fotografía: Alejandro Noval
La periodista y corresponsal Sonia Moreno presentará en Melilla su libro Marruecos, el vecino incómodo el próximo miércoles 15 de octubre, a las 20.00 horas, en La Librería, acompañada por el periodista José María Navarro. En esta obra, fruto de dos años de trabajo y más de una década informando desde el país vecino, la autora aborda las tensiones sociales, políticas y diplomáticas que atraviesan el país vecino y que, según explica, afectan inevitablemente a España. En conversación con El Faro de Melilla, Moreno destaca que Marruecos “es un país fascinante, contradictorio, que convive con una modernización visible y una desigualdad estructural que condiciona todo”, afirma.
Durante más de diez años, Moreno vivió en Marruecos, primero como corresponsal del diario Público, y más tarde colaborando con medios como Cadena SER. Desde Rabat, fue testigo directo de uno de los momentos más relevantes del país en los últimos tres lustros, el Movimiento 20 de Febrero, expresión marroquí de la Primavera Árabe, además de otros acontecimientos. Durante meses cubrió las protestas, las reformas promovidas por el rey Mohamed VI y el lento proceso de desactivación del movimiento, cuya huella, asegura, aún permanece, pues Moreno observa similitudes entre aquellas protestas y las que hoy protagoniza la denominada generación Z (GenZ212), ya que, en su opinión, las causas del malestar no han cambiado. “Vuelven a salir a la calle por los mismos motivos: precariedad, falta de futuro, corrupción, desigualdad y una vida sin horizonte”. Además, señala que también hoy, como sucedió entonces, sectores islamistas se están uniendo a las movilizaciones, mientras el gobierno intenta responder al descontento popular que atraviesa diferentes zonas del país.
Según la autora, el movimiento actual está liderado por jóvenes que, al estar conectados a redes sociales y expuestos a otras formas de vida, reclaman con más firmeza una transformación real. Aunque reconoce que tras los acontecimientos del 20F, hace ya más de una década, se introdujeron medidas como la subida el salario interprofesional o el RAMID, un programa que facilita el acceso a la sanidad para personas sin recursos, considera que no se establecieron mecanismos de continuidad que permitieran una mejora sostenida, sino que en ciertos momentos se han aplicado “medidas populares para calmar” la situación. Recuerda así, que en anticorrupción sí han trabajado más notablemente durante estos 15 años, pero las políticas sociales contra la desigualdad han sido insuficientes. Durante años, la periodista ha estado cubriendo movilizaciones de sectores como sanidad y la educación, además de otras, que ponen de manifiesto que la ola de descontento social no es actual. El origen de ambos estallidos sociales, observa, “han sido actos de humillación”. Durante el movimiento 20F, las protestas se extendieron desde el hombre que se inmoló en Túnez, mientras que, esta vez, la muerte de ocho mujeres mientras daban a luz en Agadir, han acelerado las movilizaciones. “Esta tensión ya se venía viviendo, y estaba claro que en cualquier momento una chispa iba a desatar esto que está pasando”, añado.
La periodista sostiene que el malestar social en Marruecos no es coyuntural, sino profundo y persistente. Explica que existe una oligarquía que concentra la mayor parte de los recursos, una élite visible con gran acumulación de capital, mientras la mayoría de jóvenes carece de oportunidades reales para construir un futuro y existe una clase baja empobrecida y pequeña clase media, que al final “es la que determina el bienestar del país”. Muestra de ello, es su cita sobre un informe de Oxfam que ilustra esta brecha social, en el que se sostiene que “Marruecos es el país más desigual del norte de África, donde una persona tendría que trabajar 143 años para ganar lo que otra gana en uno solo”, explica la periodista.
Durante la entrevista, Moreno recuerda casos personales que vivió de cerca: mujeres que no pueden pagar pruebas médicas básicas, jóvenes formados que emigran sin otra opción y personas con discapacidad que, al no contar con redes familiares, acaban marginadas. “Hay una pobreza crónica que no se combate con discursos ni con medidas puntuales. Hacen falta políticas estructurales y sostenidas en el tiempo”, afirma. Esa desigualdad, advierte, no es solo económica, sino también territorial. Un análisis que Moreno recuerda en el propio discurso de Mohamed VI, cuando el monarca describió un “Marruecos de dos velocidades”, al referirse a las diferencias entre las grandes ciudades, donde se han hecho inversiones en infraestructuras como el tren de alta velocidad, y las regiones rurales, que siguen prácticamente olvidadas. En definitiva, esta disparidad social y territorial se concentra. “Ese es el Marruecos que protesta”, señala Moreno.
En el libro también se aborda la dimensión política y religiosa, que, en su análisis, impide el desarrollo de una sociedad más libre y equitativa. La autora explica que, aunque parte de la legislación marroquí se inspira en el modelo francés, la religión sigue influyendo en decisiones clave, lo que genera un sistema híbrido donde conviven distintas leyes y costumbres, marcadas por un profundo enfoque religioso y tradicional. Cita como ejemplo la reforma del Código de la Familia, donde, a pesar de que se ha incorporado a algunas mujeres, muchas de ellas siguen respondiendo a estructuras patriarcales. “La modernización no ha llegado a todos los rincones”, sostiene.
Moreno no evita los temas más delicados, como la represión política y la falta de libertades, y pone sobre la mesa casos como el de la activista Betty Lachgar, condenada a dos años de cárcel por llevar una camiseta con la frase Allah is lesbian, escrita en árabe y en alfabeto latino. “Es una superviviente de cáncer y está durmiendo encima de mantas, esto es un ejemplo de cómo se castiga la disidencia”, lamenta. Afirma también que muchas decisiones represivas no provienen directamente de la monarquía, sino de lo que describe como un “Estado policial” que ha ganado fuerza y actúa sin supervisión. Ella misma ha sido víctima de vigilancia y campañas de desprestigio. “Mi caso no viene de la Casa Real, como muchos podrían pensar; proviene de sectores policiales, pues hay un poder que actúa por su cuenta, sin control, ni freno”, denuncia Moreno, al tiempo que resalta que, mientras pueda seguir entrando en Marruecos, entiende que su conflicto no es con el Rey.
Respecto al título del libro, Moreno explica que inicialmente pensó en llamarlo Marruecos, el vecino molesto, pero que optó por incómodo. “Molesto” porque refleja tanto la facilidad con la que Marruecos se ofende ante ciertas decisiones diplomáticas como el hecho de que sus acciones en materia migratoria, de seguridad o de derechos humanos generan tensiones con Europa y España. Recuerda la crisis de Ceuta de 2021, cuando, en apenas dos días, miles de menores cruzaron la frontera, en lo que describe como una forma de presión política. “No es una relación como la que tenemos con Portugal o con Francia, siempre estamos en la cuerda floja”, resume.
Más allá del análisis geopolítico, Sonia Moreno también reflexiona sobre el periodismo y su papel en contextos hostiles. Defiende que el corresponsal no solo informa, sino que evalúa el impacto de lo que publica. “A veces no publicar una información es más ético que hacerlo; hay que medir el daño que puedes causar. Nuestro deber es informar, pero también proteger a quienes podrían sufrir represalias”, sostiene. De la misma forma, la periodista distingue claramente su profesión del activismo. “He trabajado mucho con la migración, pero no me considero activista. Mi vida privada es una cosa y mi vida periodística es otra”, afirma. Cree que el periodista debe mantenerse independiente incluso frente a presiones internas dentro de los propios medios y externas. “Nuestra responsabilidad es defender la información, aunque moleste; esa es la esencia del periodismo”, apunta. Además, Moreno advierte que el auge de las redes sociales ha desdibujado los límites entre información, opinión y militancia, sosteniendo que “muchos periodistas se han convertido en líderes de opinión o activistas digitales, pero eso no es periodismo. Informar exige tiempo, investigación, contraste y, sobre todo, ética”, concluye.
Con Marruecos, el vecino incómodo, Sonia Moreno ofrece una mirada crítica pero humana sobre un país fundamental para comprender la realidad del norte de África. Su paso por Melilla no solo supone la presentación de un libro, sino una invitación a reflexionar sobre el papel que juega España frente a un vecino complejo, incómodo y, al mismo tiempo, ineludible.
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