Las estatuas de Guzmán el Bueno en la entrada del Parque Hernández de Melilla han sufrido el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. Su daga, elemento icónico y cargado de significado histórico ha desaparecido y según la historiadora Isabel Migallón, la causa principal podría ser el deterioro progresivo de la escultura y el desinterés por su conservación.
El simbolismo de la daga
Alonso Pérez de Guzmán, conocido como Guzmán el Bueno, es una figura clave en la historia de España. Se le atribuye un acto de heroísmo durante el asedio de Tarifa en 1294, cuando prefirió sacrificar a su hijo, capturado por el enemigo, antes que entregar la plaza a los invasores musulmanes. En un acto de determinación, lanzó su propia daga a los sitiadores para que ejecutaran a su hijo, simbolizando la lealtad a su patria por encima de su familia.
La cimera del escudo de Melilla representa este episodio, mostrando una daga que es un recordatorio de su valentía. Por ello, la pérdida de este elemento en la estatua del Parque Hernández es más que un simple desperfecto: es una pérdida simbólica que afecta al patrimonio histórico de la ciudad autónoma.
Deterioro progresivo
Según Isabel Migallón, la desaparición de la daga podría deberse al deterioro por el paso del tiempo y la falta de restauración. No es un caso aislado, ya que otras partes de la escultura también presentan signos de desgaste como los dragones. La historiadora ha enfatizado que no solo la daga es relevante, sino el conjunto escultórico y arquitectónico del lugar, que se ha visto afectado por la falta de atención y cuidado.
La portada del Parque Hernández, donde se ubica la estatua, fue diseñada por el ingeniero José de la Gándara, ya que al iniciarse las obras de la Plaza de España, en la antigua explanada de Santa Bárbara, se comprobó que la que habría de ser la entrada principal al parque, orientada a levante, desmerecía del nuevo entorno urbano. Por ello, la Junta de Arbitrios, acordó dotarla de una portada en consonancia que se terminó en 1914.
De la Gándara es el mismo responsable de obras emblemáticas en Melilla, como el Panteón de Héroes y el Hospital de la Cruz Roja. Este conjunto arquitectónico es parte del patrimonio de la ciudad y debería ser conservado con el mismo esmero que otras construcciones históricas.
Relación de Guzmán el Bueno con Melilla
La presencia de la figura de Guzmán el Bueno en Melilla no es casualidad. La ciudad adoptó el escudo de la Casa Ducal de Medina Sidonia en 1913, con autorización del duque de la época y la ratificación del rey Alfonso XIII. Dentro de este escudo se encuentran dos referencias a Guzmán el Bueno: la cimera con la daga y la imagen del dragón, que rememora otro episodio de su vida en Marruecos.
Durante su estancia en tierras marroquíes, Guzmán el Bueno se ganó la confianza del sultán y recibió grandes honores. Sin embargo, los cortesanos locales conspiraron contra él, enviándolo a combatir a una bestia legendaria en la zona de Fez. Contra todo pronóstico, el noble castellano venció a la criatura, lo que se representó en el escudo con un dragón atravesado por una lanza.
Estos elementos del escudo melillense son testimonio de la conexión histórica entre la ciudad y la Casa Ducal de Medina Sidonia y refuerzan la importancia de la estatua de Guzmán el Bueno en el Parque Hernández.
La necesidad de restauración
El deterioro de la estatua y la pérdida de la daga reflejan la falta de atención al patrimonio de Melilla. La historiadora Isabel Migallón ha señalado que esta situación es preocupante y que se debería tomar medidas para restaurar tanto la escultura como el conjunto arquitectónico que la rodea.
“Hasta ahora nadie ha mirado un poquito hacia arriba. Bueno, nadie de los que tienen que mirar. Los que miramos no tenemos ni voto en este caso, pero sí tenemos un poco el derecho al pataleo. Y eso es patrimonio de nuestra ciudad, patrimonio tanto histórico como arquitectónico. Entonces, vamos a mirarlo un poquito”.
En años recientes, la conservación del patrimonio histórico ha sido tema de debate en la ciudad. Algunos monumentos han sido modificados o incluso eliminados, como parte de un intento por redefinir el paisaje urbano. Isabel Migallón ha concluido diciendo, "porque la historia, por mucho que haya gente que quiera reescribirla, no se puede reescribir. La historia es la que es. No la podemos cambiar. Sí podemos cambiar lo que hagamos nosotros en el presente".
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