Desde la plaza de España, en espera del autobús, comienza uno de los recorridos, el trayecto del trasporte público. Un grupo de tres mujeres esperan con sus maletas de forma silenciosa y afable, sentadas en un banco, bajo la sombra frente a la Biblioteca, la llegada destino a la frontera. Comienzan el viaje con paciencia, permitiendo cierta conversación, hasta poner destino al país vecino. Estas tres mujeres, procedentes de Casablanca, se dirigen a Nador, donde cogerán el tren de regreso a su casa. Ellas son turistas que han decido visitar la ciudad, la cual aseguran que les ha gustado dentro de las conversaciones plurilingües que acontecen en la parada en las que diferentes personas participamos, como si de un gran aeropuerto se tratara. Por un momento el árabe, el tamazight, el español, e incluso el francés y el inglés tienen cabida para entendernos entre los interlocutores. Un camino, el del lenguaje, que capacidad la relación entre las personas y el entendimiento, aunque en ocasiones las expresiones, los signos o la simple complicidad a través de una sonrisa o una mirada permitan que los seres humanos comprendamos más allá de nuestra lengua. Un estado que es habitual en la ciudad donde conviven diferentes lenguas maternas y que tiene la particularidad geográfica de relación directa con la población del país vecino, ya sea por enlaces familiares, amistades, conocidos o vecinos que acompañan nuestros días tanto en las visitas a Marruecos o Melilla.
No es extraño que Melilla sea un destino para turistas del interior de Marruecos cuya entrada y salida a la localidad se realiza mediante vía terrestre a través del paso de Beni Enzar. Aunque el autobús se vacía en su trayecto, las turistas y sus enseres continúan su camino. Pronto el C-1 llega a la parada de destino donde se aprecia el sentido del vacío, pues apenas coches ni personas discurren por la zona. Es domingo de agosto, tras un puente, y esta situación mañanera de lugar desalojado, parece contrastar con otras imágenes y momentos donde los coches y las personas hacen colas de horas de espera. Durante el camino a la nueva zona acondicionada para el tránsito peatonal, pequeños grupos de personas o transeúntes solitarios utilizan el recorrido para acudir al país colindante. Un recorrido variado en relación a cómo se disponía la entrada años atrás, antes de las modificaciones de la frontera, creando un acceso diferenciado para caminantes. No hay espera ni tampoco, al otro lado, se divisan colas de coches. Todo parece tranquilo. La zona de la carpa simplemente es eso, un área más donde nadie se encuentra. Hanan acompaña a una señora que regresa a Marruecos, explicando que el puente festivo de Melilla y estas horas de la mañana, satisfacen que el paso no esté abarrotado. Y sostiene que la complejidad de hoy está en el transcurso a la inversa. Es decir, la gente que regresa a Melilla o necesita pasar por la ciudad para continuar su destino hacia la península. Algo que asegura otro residente melillense que se dirige al paso, quién sostiene que hoy no es día para regresar a Melilla. En esa situación, una familia cargada con una bolsa y unas mochilas vuelven a la ciudad. Su regreso ha sido tranquilo a pie, aunque aseguran que la zona dedicada a los coches empieza a contemplarse más compleja. Algo que describen los pocos transeúntes que tienen destino Marruecos, quienes explican que tanto la franja horaria como el día favorece la facilidad de entrada al país vecino, pero no el regreso. La tarde parece que va a tener un tinte de mayor aglutinamiento en ambos lados de la frontera, especialmente en la entrada a Melilla.
La Calle General Astilleros con la Esquina de la Calle de los Héroes de Álcántara, parece suponer un punto de inflexión. El tráfico es fluido, pero la dirección deja entrever que esta mañana calurosa de domingo el destino no es Beni Enzar, sino un volantazo a la izquierda en dirección al mar. Explicar el fenómeno fronterizo es adentrarse en fluctuaciones, decisiones políticas, gestión administrativa, escollos económicos, movimiento turístico y situaciones personales, vecinales y de vecindad. El escenario del domingo, durante la mañana y la tarde, poco tiene que ver con las esperas que las personas que transitan hacia uno y otro lado de forma habitual o vacacional enfrentan. El tráfico es fluido, casi inexistente en el lado que se dirige hacia Marruecos, mientras que en los carriles opuestos parece alternarse entre viandantes que regresan sin problemas en términos de tiempo y los vehículos que se amontonan de forma más notable. Una situación que descubre la influencia del periodo vacacional, puesto que las matrículas de países europeos como Bélgica, Francia y Portugal, se entremezclan y alternan con las españolas y algunas marroquíes, estas últimas con menor presencia. Personas que regresan a sus casas o emprenden un viaje que necesariamente obliga a pasar la frontera para acudir al puerto. La OPE no ha finalizado todavía, aunque tal y como señala Ali, los horarios lectivos en otros países están cerca de comenzar. Sin embargo, el regreso de los melillenses se realiza de forma intermitente a la ciudad, pues el lunes, aunque sigamos de vacaciones escolares, los trabajadores deben continuar su horario habitual. Mustafa y Mohamed retornan a sus casas a pie, relatando que los vehículos de los habitantes de la ciudad suelen apurar más el tiempo en Marruecos, lo que provocará mayor afluencia en horarios más tardíos.
Estos días atrás parece que la imagen de quietud en el paso fronterizo contrasta con la escena de múltiples personas esperando largas horas para visitar el país vecino. Una situación marcada por un puente, el fin de semana y las vacaciones estacionales. Así lo relata Yamila, quien acaba de regresar andando a Melilla, alegando que, aunque el tiempo de espera se ha aligerado respecto a meses atrás, hay días en los que pasar supone invertir hasta tres o cuatro horas. Una mejora considerable en relación a las seis o siete, o más horas que podía suponer el tránsito anteriormente pero, no obstante, unas circunstancias que continúan siendo difíciles, lo que provoca que haya decaído el hábito de acudir al país vecino para muchos melillenses, manteniendo ese flujo de circulación, sobre todo, aquellas en aquellas personas que, como ella, tienen casa y familia al otro lado de la frontera y buscan estancias más largas, pues se ha complejizado el movimiento de ida y vuelta en el mismo día, respecto a años atrás.
Por su parte, Javier, uno de los taxistas que esperan en el área colindante entre ambos países a recoger pasajeros, percibe que hay menos tránsito de personas respecto a fechas como el pasado verano. Algo que relaciona directamente con el encarecimiento e los precios de los medios de transporte para llegar a Melilla, provocando que los turistas opten por viajar directamente a Marruecos. Para él, el motor de la economía lo sostienen trabajadores y autónomos, sintiendo que el estancamiento que estas situaciones provocan afecte directamente a los habitantes de la ciudad. Iman ha cruzado sin problema en su regreso a Melilla pues el tiempo vacacional y la vuelta a Canarias le espera. Sólo 25 minutos ha permanecido en la zona de tránsito, aunque ella prefirió ser precavida y salir con una hora de antelación, pues no sabía qué iba a encontrarse. Sin embargo, esta facilidad no fue lo que se encontró el día que cruzó en dirección opuesta para visitar a la familia. Una descripción que comparten vecinas como Yamila o Ali.
Los coches se acumulan en Beni Enzar y, aunque este domingo la circulación de personas no ha conllevado acumular horas de espera en ninguna de las direcciones, y la visión de la frontera no pueda describirse como insoportable, los vehículos son los que más afectados se están viendo. El movimiento de goteo mañanero e incesante de la tarde, no impide que cientos de personas crucen entre estas dos regiones limítrofes y que los días previos a las festividades y descansos de fin de semana, las personas pasen largas horas a la espera, bajo un calor que agota y una paciencia que se sobrepasa.
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