El Observatorio del Juego Infantil ha decidido dar un paso más en su defensa del derecho de los niños a jugar. Tras la buena acogida de una campaña en la que alertaba de la falta de espacios para el ocio infantil durante el verano, la entidad ha presentado el manifiesto 'El juego no se va de vacaciones'. Un documento que busca abrir un debate y, sobre todo, impulsar compromisos concretos para que las ciudades sean más amables con la infancia.
El mensaje parte de una realidad que muchas familias viven cada verano. Se insiste en que los menores reduzcan el tiempo que pasan delante de las pantallas, pero al mismo tiempo cada vez encuentran más dificultades para jugar al aire libre. El calor extremo, la falta de sombra, el cierre de patios escolares o la escasez de espacios adaptados hacen que, en muchos casos, salir a jugar no sea una opción sencilla.
Según explica el Observatorio, las numerosas muestras de apoyo recibidas tras su primera campaña demuestran que esta preocupación no es aislada. Familias, profesionales y diferentes entidades coinciden en que hace falta replantear cómo están diseñadas las ciudades y qué lugar ocupa la infancia en ellas, especialmente durante los meses más calurosos del año.
El nuevo manifiesto pretende convertir esa reflexión en un compromiso colectivo. Su objetivo es que el derecho al juego forme parte de las políticas urbanas, sociales y de adaptación al cambio climático, igual que ocurre con otros aspectos relacionados con la calidad de vida de la población.
El Observatorio recuerda que jugar no es un premio que se concede cuando terminan las obligaciones ni una actividad secundaria. Es un derecho reconocido por la Convención sobre los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas, al mismo nivel que otros derechos fundamentales como la educación, la alimentación o la sanidad. Además, subraya que resulta esencial para el desarrollo físico, emocional, cognitivo y social de los menores.
Sin embargo, durante el verano ese derecho encuentra cada vez más obstáculos. Las altas temperaturas limitan el uso de parques infantiles durante buena parte del día. Muchos de esos espacios apenas cuentan con zonas de sombra, lo que dificulta que puedan utilizarse con seguridad. A ello se suma el cierre de numerosos patios escolares durante las vacaciones y la falta de alternativas públicas pensadas específicamente para el juego.
Ante esta situación, el manifiesto hace un llamamiento dirigido a administraciones públicas, urbanistas, educadores, entidades sociales y a la ciudadanía en general para asumir diez compromisos que permitan adaptar las ciudades a las necesidades reales de la infancia.
El primero de ellos pasa por reconocer que el juego es un derecho y una necesidad de todos los niños, también durante el verano. A partir de ahí, el documento plantea incorporar ese derecho a las políticas de adaptación al cambio climático, entendiendo que el aumento de las temperaturas también afecta a la posibilidad de jugar y desarrollarse con normalidad.
Otra de las propuestas se centra en incrementar las zonas de sombra, tanto naturales como artificiales, en parques infantiles y espacios públicos. Una medida que permitiría prolongar el uso de estas áreas durante los meses de calor y ofrecer lugares más seguros para las familias.
El Observatorio también propone favorecer la apertura de patios escolares y otros espacios educativos durante las vacaciones siempre que sea posible. Considera que estos recintos pueden convertirse en lugares de encuentro y juego para muchos menores cuando los colegios permanecen cerrados.
El manifiesto apuesta además por diseñar ciudades que permitan jugar con seguridad, comodidad y bienestar incluso durante los periodos de altas temperaturas. En esa misma línea plantea crear una red de refugios climáticos que tenga en cuenta las necesidades específicas de la infancia, favoreciendo el movimiento y la actividad física.
Otra de las reivindicaciones es escuchar a los propios niños y a sus familias cuando se planifican los espacios públicos. El documento entiende que quienes utilizan esos lugares pueden aportar una visión útil para hacerlos más accesibles, seguros y funcionales.
El texto también insiste en promover el juego libre como una herramienta fundamental para la salud física, emocional y social de los menores. Recuerda que reducir el tiempo frente a las pantallas solo será posible si existen alternativas reales donde los niños puedan jugar, relacionarse y disfrutar de su tiempo libre.
En definitiva, el juego tampoco debería tomarse vacaciones.
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