Merche Hurtado, coreógrafa de Ballet Colores que, junto a Zíngaros del Rif y Mirrolde Teatro, configuran la propuesta escénica 'Flamenco Pa' ti'. -Cedida por Hurtado-
Hay propuestas escénicas que no se limitan a representar una idea, sino que la construyen en el mismo instante en que acontece, enfrentando horas de ensayos y momentos irrepetibles que quedan grabados en un instante. “Flamenco pa ti”, que este fin de semana llega al Teatro Kursaal bajo la dirección artística de Miquel Escutia, se sitúa precisamente en ese territorio donde la escena deja de ser un mero soporte para convertirse en un sistema vivo de relaciones. En ella, dramaturgia, coreografía y música en directo no se ordenan de forma jerárquica ni responden a una lógica lineal, sino que se entrelazan en una estructura permeable, en la que cada elemento se redefine constantemente en función del otro. El resultado es un dispositivo escénico abierto, en transformación continua, sostenido por la presencia y por la interacción que se produce en tiempo real.
En este planteamiento, la palabra no actúa como un eje explicativo, sino como un elemento que estructura el pensamiento de la propuesta. La dramaturga Sonia Rubiano articula el discurso a partir de un proceso de investigación que reúne más de 60 fuentes bibliográficas y más de 40 materiales audiovisuales, configurando un cuerpo teórico que se traslada al escenario sin voluntad de cierre. Su aproximación al flamenco se aleja de interpretaciones unívocas y lo sitúa en un contexto de confluencias culturales, donde distintas tradiciones se superponen y dialogan. Influencias sefardíes, aportaciones del mundo árabe, herencias africanas o los intercambios derivados de los movimientos hacia América no aparecen como referencias aisladas, sino como capas que se interrelacionan en la construcción de un lenguaje que no puede entenderse desde una única raíz .
Desde esa perspectiva, la dramaturgia no pretende fijar un relato cerrado, sino abrir un campo de interpretación. El texto actúa como una línea de pensamiento que atraviesa la escena y que encuentra en los otros lenguajes su desarrollo. No se impone sobre la acción, sino que la acompaña, generando un espacio en el que la danza y la música amplían, matizan y complejizan ese discurso desde lo sensorial. La historia del flamenco no se presenta como una sucesión de hechos, sino como un proceso en el que la mezcla y el intercambio cultural constituyen su base.
Es precisamente en ese punto donde la coreografía de Merche Hurtado adquiere un papel central. Su trabajo no parte de la reproducción de códigos reconocibles, sino de la necesidad de traducir esa investigación en un lenguaje escénico capaz de sostener su complejidad sin perder claridad. “Hemos intentado meternos en el mestizaje”, señala , una idea que atraviesa tanto el contenido como la forma en la que el movimiento se articula. La coreografía no ilustra el texto, sino que lo encarna, lo transforma y lo desplaza, convirtiendo el cuerpo en un espacio de interpretación.
El proceso creativo, como explica Hurtado, ha estado marcado por la necesidad de seleccionar y condensar un material que, por su amplitud, resulta inabarcable en su totalidad. La historia del flamenco abre múltiples líneas de análisis que obligan a tomar decisiones constantes para construir un relato escénico coherente. De ahí que el espectáculo se configure como una síntesis, como un recorrido que no pretende abarcarlo todo, sino ofrecer una mirada estructurada que permita al espectador aproximarse a esa complejidad sin perderse en ella.
Sobre el escenario, ese planteamiento se materializa en una escena donde más de una veintena de bailarinas articulan un discurso físico en constante transformación, manteniendo el pulso y reconocimiento del duende flamenco. El movimiento no se presenta como una sucesión de formas cerradas, sino como un proceso que se desarrolla en relación directa con la música en directo. El cajón establece una base rítmica que ordena el conjunto, la guitarra construye la estructura sonora y el violín introduce variaciones que amplían el campo expresivo. A su alrededor, el cante y las palmas no funcionan como acompañamiento, sino como una prolongación del propio movimiento, reforzando la conexión con la raíz del flamenco y su dimensión colectiva.
En ese espacio de interacción se integran los artistas invitados Estefanía Saavedra, Yiya Carmona, Teresa Huici y Antonio Amaya, ‘El Niño Amaya’, junto a los músicos de Zíngaros del Rif. Su participación no responde a una lógica de intervención puntual, sino a una construcción coral en la que cada presencia modifica el equilibrio del conjunto. La escena se configura así como un organismo en movimiento, donde cada intervención introduce matices que afectan al desarrollo global de la propuesta y contribuyen a enriquecer su lectura y entendimiento.
Este carácter colectivo responde a la propia estructura del proyecto. “Flamenco pa ti” nace de la colaboración entre Ballet Colores, Zíngaros del Rif y Mirrolde Teatro, tres compañías que, dentro del ciclo Danzoria, desarrollan cada año una nueva propuesta a partir de la fusión de sus lenguajes. En este contexto, la danza, la música y la dramaturgia no se conciben como disciplinas independientes, sino como partes de un mismo proceso creativo que se construye desde el origen de manera conjunta, pero con libertad creativa entre las partes. El objetivo es trasladar al público contenidos complejos a través de una experiencia escénica artística y accesible, en la que el conocimiento y la emoción conviven.
Dentro de ese entramado, la iluminación adquiere una dimensión que trasciende lo técnico para situarse en el plano narrativo. Para Hurtado, su capacidad para ampliar los cuadros y transformar la percepción del espacio escénico resulta determinante en la construcción del espectáculo. La luz no solo permite ver, sino que organiza la mirada, define atmósferas y acompaña el desarrollo del relato, contribuyendo a articular los distintos momentos de la pieza.
La propuesta se sostiene, además, en la propia naturaleza del directo, en esa condición efímera que define tanto a la danza como a la música. Cada representación introduce variaciones que no pueden reproducirse de manera exacta, ya que dependen del momento, del estado de los intérpretes y de la interacción que se genera sobre el escenario. Esa cualidad convierte cada función en una experiencia única, en la que el espectáculo se construye y se consume al mismo tiempo.
Bajo la dirección de Miquel Escutia, “Flamenco pa ti” se inscribe en una línea de trabajo que apuesta por un teatro que combine reflexión y experiencia. En el marco de Danzoria, el espectáculo se presenta como una propuesta que no solo busca emocionar, sino también aportar contexto, invitando al espectador a aproximarse al flamenco desde una perspectiva más introspectiva.
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