El Laboratorio Navideño se presentó como una de las actividades culturales impulsadas por Sibila Teatro para estas fiestas. Concebido como un espacio de participación infantil, el proyecto reunió diferentes propuestas centradas en la creatividad, el juego y el aprendizaje a través de dinámicas sencillas. La coordinadora de la actividad, Rocío, detalló el contenido y el planteamiento del taller, así como su ubicación puntual, horarios y el tipo de público al que se dirigió.
Según explicó, el Laboratorio Navideño se estructuró como un conjunto de acciones en las que convivieron los cuentacuentos y las manualidades, junto a una parte más experimental basada en demostraciones y pequeños ejercicios prácticos. La intención principal fue ofrecer a los niños una alternativa de ocio vinculada a la Navidad, combinando entretenimiento y participación activa.
Rocío definió el Laboratorio como “una serie de actividades” que incluyeron cuentacuentos, preferentemente de temática navideña, y trabajos manuales adaptados a distintos niveles. En su explicación, distinguió entre manualidades “un poquito más sencillas” y otras “ya más experimentales”, marcando así la doble orientación de la propuesta: por un lado, actividades tradicionales de creación manual; por otro, experiencias que incorporaron elementos de juego científico.
Dentro de esa idea general, la coordinadora señaló que el objetivo fue “trabajar un poquito con los niños” a través de tareas que estimularan la participación y la imaginación. El enfoque no se limitó a una actividad única, sino que se planteó como un programa con variedad de contenidos, orientado a mantener el interés mediante propuestas distintas.
En esa línea, Rocío explicó que algunos días se planteó la realización de nieve artificial, presentada como una forma de ampliar la creatividad y ofrecer un componente llamativo dentro del taller. Ese tipo de actividad se enmarcó en la intención de que los niños se llevaran ideas para reproducir juegos en casa, de manera “más dinámica” y vinculada al contexto navideño.
La coordinadora resumió ese propósito al señalar que el Laboratorio buscó dar “un poquito juego” a los participantes, y que también sirvió para mostrarles que podían realizar actividades en el hogar con un enfoque creativo, sin necesidad de grandes recursos, siempre en un ambiente de celebración propio de estas fechas.
Rocío indicó que el pasado lunes hubo un cambio de ubicación. Según explicó, lo habitual fue que el Laboratorio estuviera situado en Avenida Cándido Lobera, junto al Teatro Kursaal, pero en esa fecha concreta, la actividad se trasladó al interior de una sala del Auditorio Carvajal.
La coordinadora explicó que ese traslado se debió al aviso de alerta amarilla por viento que estaba atravesando la ciudad. En ese contexto, señaló que la sala del Auditorio Carvajal fue cedida “muy amablemente” para poder mantener la actividad sin exponer a los participantes a las condiciones meteorológicas previstas.
Respecto al horario de esa jornada, Rocío especificó que el Laboratorio se desarrolló “de 11 y media a 2”, una franja que permitió concentrar la actividad en un tramo continuo de mañana. En su intervención, la coordinadora vinculó el horario a la organización del día en que se produjo el cambio de espacio, manteniendo el enfoque práctico de garantizar que la propuesta pudiera seguir adelante.
En relación con la asistencia, Rocío afirmó que hubo afluencia “a pesar del mal tiempo”. En su valoración, mostró satisfacción por el resultado de esa primera jornada en la nueva ubicación, ya que, según explicó, pensaban que el cambio y las condiciones meteorológicas podían complicar la participación.
Sin embargo, según su testimonio, la respuesta fue positiva: indicó que la actividad “ha ido bastante bien”, y remarcó que estaban “contentos” porque el primer día, que preveían más difícil, terminó funcionando con normalidad en términos de presencia de público.
Su descripción situó el mal tiempo como un factor que podía haber afectado a la asistencia, pero que finalmente no impidió que la gente acudiera. Esa lectura se enmarcó en la idea de continuidad del programa, pese a los ajustes puntuales en la organización.
Rocío aclaró que el Laboratorio Navideño no fue una iniciativa nueva, sino que se desarrolló por segundo año. Indicó que el año anterior fue la primera vez que lo llevaron “al centro” y que, en aquella ocasión, se trató de una actividad que “llamó mucho la atención”.
La coordinadora subrayó que, en su primera edición, la parte de experimentos tuvo un atractivo especial para los niños. Explicó que ese componente gustó “mucho” y que, desde el planteamiento inicial, el equipo quiso facilitar que algunas de esas experiencias pudieran repetirse fuera del taller.
En ese sentido, Rocío comentó que se buscó dejar “las instrucciones de uso”, de manera que los niños pudieran realizar los experimentos en casa “con los papis”. El enfoque, tal como lo describió, estuvo orientado a proponer actividades sencillas y con una idea clara: que “pringaran lo menos posible”, es decir, que fueran manejables, limpias y fáciles de replicar en un entorno doméstico.
Esa intención de trasladar parte del taller al hogar se presentó como una de las claves del proyecto: no solo hacer la actividad en el momento, sino también convertirla en una experiencia que pudiera continuar después, con materiales y pasos asumibles para las familias.
Rocío detalló algunas de las propuestas experimentales que se trabajaron o se plantearon en el Laboratorio. Entre ellas, mencionó la nieve artificial como una de las actividades previstas para determinados días.
También habló del líquido newtoniano, al que describió como un material que “parece que es muy sólido pero luego se lo ve líquido”. Señaló que ese experimento llamó la atención de los niños, especialmente por el componente de juego asociado: explicó que existía “el juego de a ver quién consigue hacer la forma”, una dinámica que convirtió el experimento en una experiencia participativa y lúdica.
Además, indicó que en esa edición se incorporó la idea de hacer un “pet globo”, utilizando una reacción científica “muy sencilla”. Según Rocío, la propuesta consistió en emplear un globo y realizar una actividad que pudiera replicarse “en casa” sin complicaciones, insistiendo de nuevo en la importancia de que no se tratara de una práctica que ensuciara demasiado.
Junto a ello, mencionó también la elaboración de una “poción mágica”, planteada con un enfoque de juego y sorpresa. Rocío explicó que se realizó utilizando “dos ingredientes” que “no se van a mezclar nunca”, y apuntó que “los mayores” podían hacerse una idea de a qué se refería, aunque el objetivo fue darle un toque de magia para que los niños se llevaran su propia “poción”.
En todos estos ejemplos, la coordinadora insistió en un denominador común: actividades llamativas, sencillas y pensadas para ser disfrutadas por los niños en un contexto navideño, con un componente experimental que se percibiera como juego y descubrimiento.
Rocío explicó que, respecto al año anterior, existieron novedades. Señaló que, además de las manualidades y los juegos con el compañero, en esta edición se incorporó la parte del cuentacuento, presentada como un elemento nuevo dentro de la programación.
En su descripción, indicó que se trató de cuentacuentos “populares”, pero que el equipo intentó seleccionar aquellos que pudieran llevar “lo más navideño posible”. Como ejemplos, mencionó “Cascanueces” y “Cuento de Navidad”, explicando que, aunque a los niños les podían sonar por adaptaciones cinematográficas, quizás no conocieran la versión original.
Con esa incorporación, la actividad amplió su formato, combinando una parte narrativa —orientada a la escucha y la imaginación— con la parte práctica de manualidades y experimentos. La coordinadora presentó esa mezcla como un refuerzo del enfoque cultural del taller, al sumar relatos clásicos dentro de una dinámica participativa.
Preguntada por las edades a las que se dirigió la propuesta, Rocío señaló que no establecieron una edad mínima ni una edad máxima estricta. Según explicó, el planteamiento fue que cualquier niño que quisiera participar pudiera encontrar una actividad adecuada, ya fuera por nivel de dificultad o por tipo de tarea.
Rocío indicó que, si un participante prefería “solamente venir y pintar y colorear”, podía hacerlo, mientras que otros niños mayores también se integraron en el taller. En ese sentido, mencionó que llegaron a tener participantes de 13 y 14 años, y reiteró que no se fijó un mínimo y un máximo de edad para quienes quisieran unirse.
En definitiva, el Laboratorio Navideño continuará hasta el 4 de enero, como el resto de actividades navideñas y en horario de mañana de 11.30 a 14.00 horas.
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