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El Kursaal Lounge Café - Bar se reinventa

El local, situado en la Avenida Cándido Lobera, frente al teatro, amplía su propuesta con cocina mediterránea, eventos privados, cenas temáticas y, a partir de otoño, actuaciones musicales y de humor en directo para disfrutar sin prisas

El Kursaal Lounge Café-Bar cambia de rumbo sin perder su esencia. El local, situado frente al teatro Kursaal, lleva años formando parte del centro de Melilla, pero en los últimos meses ha dado un paso más hacia la restauración. Carlos Cruiselles, gerente del establecimiento, explica que el negocio nació con un perfil más cercano a la cafetería y que ahora apuesta con más fuerza por las comidas y las cenas.

Cruiselles y su equipo llevan dos años al frente del local. Llegaron después de gestionar Soul Beach, un espacio que actualmente está en proceso de reforma. La oportunidad de hacerse cargo del Kursaal apareció y decidieron apostar por ella. Y el cambio se nota, sobre todo, en la carta.

La cocina se mueve entre la tradición mediterránea y algunos toques de vanguardia. Hay pescados, carnes, platos combinados, ensaladas, pizzas y sándwiches. Una propuesta amplia para públicos distintos. Desde quien busca comer rápido hasta quien quiere sentarse sin prisas y alargar la sobremesa.

Uno de los puntos que Cruiselles destaca es el cuidado en la presentación y en las materias primas. También la posibilidad de adaptar algunos platos a las peticiones de los clientes. Es algo que, según explica, aplican especialmente en celebraciones, menús y encargos como las paellas.

Y ahí aparece una de las señas de identidad del negocio. Intentar que cada cliente encuentre lo que busca. No hay una única manera de disfrutar del Kursaal. Puede ser una comida familiar, una cena con amigos, una reunión o una celebración.

El público también es variado. La ubicación, en pleno centro y cerca de varios hoteles, hace que lleguen turistas. Algunos lo hacen incluso a través de recomendaciones de guías turísticos. Pero también hay muchos melillenses que conocen el establecimiento y vuelven.

La plaza situada delante del local juega además a su favor. Las familias pueden sentarse mientras los niños tienen espacio para jugar. El ambiente, explica el gerente, busca precisamente eso. Tranquilidad.

No es un detalle menor. La filosofía del Kursaal pasa por ser un lugar donde se pueda hablar, comer y estar sin el ruido habitual de otros establecimientos. De hecho, Cruiselles cuenta que algunos clientes se quedan bastante tiempo.

La actividad cambia según la época. En verano, los fines de semana pueden ser más complicados porque muchos melillenses se marchan de viaje o buscan la playa. Entre semana, en cambio, puede aumentar el movimiento. En invierno ocurre algo parecido, pero al revés: los fines de semana suelen concentrar más clientes.

Y hay otro factor que marca el ritmo. Lo que ocurre alrededor. Las funciones del teatro Kursaal suelen llevar público a la zona, especialmente por la noche y durante los fines de semana. También el fútbol, las fechas de Navidad y Semana Santa o los eventos cercanos generan más tránsito.

El negocio quiere seguir creciendo. Después de la Feria, donde el equipo también montará una caseta, la idea es preparar una agenda para octubre y noviembre. Habrá cenas temáticas, música en directo y otros espectáculos. También humor y eventos privados forman parte de los planes.

La intención es ampliar la oferta sin convertir el local en otra cosa. Mantener ese punto de encuentro tranquilo, pero con más motivos para volver.

Porque el Kursaal no quiere ser solo un sitio donde comer. También busca convertirse en un lugar para quedarse un rato. Para celebrar. Para escuchar música. Para reunirse. Y, simplemente, para sentarse con algo en la mesa y dejar pasar el tiempo.

En la carta hay varios platos que tienen una demanda especial. Cruiselles recomienda especialmente las carnes, que se preparan en una parrilla de piedra volcánica. El resultado, explica, recuerda a la carne hecha al carbón. Pero no se queda ahí. Los boquerones al limón, los calamares y el adobo también salen con frecuencia de la cocina. Los callos forman parte igualmente de una oferta pensada para que haya opciones para gustos diferentes.

El horario también permite que la experiencia se alargue. El establecimiento suele abrir al mediodía y vuelve a la actividad por la tarde. Y, aunque cada visita depende del cliente, la idea es que nadie tenga que mirar el reloj constantemente.

Hay días con más movimiento y otros más tranquilos. Es parte de la hostelería. Cruiselles reconoce que existen rachas buenas, malas y muy malas. Pero también hay una recompensa clara. Ver a la gente disfrutar y saber que el establecimiento forma parte de un momento importante. Ese es el objetivo que mantiene vivo el proyecto y anima al equipo a seguir buscando propuestas.

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