El Parque Juan Carlos I será el nuevo parque canino.
La creación de un parque canino en el Parque Forestal Juan Carlos I es, sin duda, una noticia positiva para Melilla. No solo porque responde a una demanda creciente de los propietarios de mascotas, sino porque evidencia algo más profundo: la ciudad empieza a asumir que la convivencia urbana debe adaptarse a nuevas realidades sociales.
Hace años, los animales de compañía ocupaban un papel secundario dentro de la planificación urbana. Hoy, forman parte del día a día de miles de familias y su presencia en espacios públicos es una evidencia incontestable. Pretender ignorar esta transformación solo conduce al conflicto: suciedad, tensiones entre usuarios, deterioro de jardines y una convivencia cada vez más complicada en parques y paseos. Por eso, habilitar espacios específicos no es un capricho, sino una necesidad.
El Parque Forestal Juan Carlos I se había convertido, de facto, en un lugar habitual para pasear perros, pero sin una regulación clara ni infraestructuras adecuadas. La consecuencia era previsible: molestias para unos, incomodidad para otros y una sensación de desorden que terminaba perjudicando a todos. El nuevo recinto canino permitirá ordenar esa convivencia y ofrecer un espacio seguro tanto para los animales como para sus dueños.
Además, el proyecto no se limita a cercar un terreno. La incorporación de zonas de juego, puntos de agua, iluminación nocturna, áreas de descanso y vegetación demuestra que existe voluntad de crear un espacio funcional y digno. Eso también es importante. Porque las políticas públicas destinadas al bienestar animal no deben entenderse como algo accesorio o menor, sino como parte de una ciudad moderna y habitable.
No obstante, el éxito de esta iniciativa dependerá de algo más que de la inversión de 112.000 euros o de la calidad de las obras. Dependerá, sobre todo, del civismo. Ningún parque canino funcionará si no existe responsabilidad por parte de quienes lo utilizan. Recoger los residuos, respetar las normas y garantizar el control de los animales seguirá siendo esencial para evitar que el problema simplemente cambie de lugar.
También sería deseable que este proyecto no se quede como un caso aislado. Melilla necesita seguir avanzando en la adaptación de sus espacios públicos a las necesidades reales de la ciudadanía. Y eso incluye pensar en accesibilidad, zonas verdes bien mantenidas, espacios de convivencia intergeneracional y equipamientos que hagan más amable la vida urbana.
En cualquier caso, la futura creación de este parque canino representa un paso en la buena dirección. Porque una ciudad que planifica pensando en la convivencia —también en la convivencia con los animales— es una ciudad que entiende mejor cómo ha cambiado la sociedad y hacia dónde debe avanzar.
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