El día 1 de agosto de 2018, de manera unilateral y seguramente como medida para arrinconar Melilla, Marruecos cerró una aduana comercial que era centenaria.
Se trató de un movimiento que pocos comprendieron, pero que obligó, de alguna manera, a la ciudad a mirar al norte en vez de al sur, especialmente una vez que pasó la pandemia de covid19.
A mediados de enero de este año -esto es, seis años y medio después- Marruecos decidió reabrir la aduana, pero con unas condiciones totalmente distintas. El Gobierno defendió que el nuevo paradigma permitiría acabar con el llamado ‘comercio atípico’ y con esas imágenes de mujeres cargadas de bultos, que eran poco menos que propias de tiempos muy pasados.
Sin embargo, la reapertura también tenía nuevas variantes. Ya no se podría exportar ni importar lo que se quisiera desde Melilla. Las exportaciones quedaron reducidas a electrodomésticos -fundamentalmente neveras- y artículos de menaje de hogar y las importaciones eran de pescado y verduras, pero muy contadas.
En numerosas ocasiones, el presidente de la Confederación de Empresarios de Melilla (CEME), Enrique Alcoba, ha señalado que eso no es una aduana comercial como tal no la que siempre se había conocido y muy pocos empresarios se han podido beneficiar de su reapertura. Para las exportaciones, en concreto, sólo uno.
Las críticas al Ejecutivo central han sido duras en este sentido por permitir que sea Marruecos, por mucho que lo niegue la Delegación del Gobierno, el que marca el paso.
El colmo vino cuando, el día 8 de julio, el país alauita volvió a cerrarla, supuestamente para que no entorpeciera el tránsito de la Operación Paso del Estrecho y a pesar de que ambas siempre habían convivido. Ello implicaría que, puesto que la OPE ha acabado este lunes, el martes ya volvería a funcionar.
Sin embargo, poco importa que se reabra, porque los empresarios melillenses se han cansado de estar a merced de lo que diga Marruecos, también con un régimen de viajeros claramente perjudicial para la ciudad autónoma, ya que no puede salir nada de ella, pero sí entra prácticamente lo que sea, con una limitación de kilos. Tampoco importa ya la reunión que estaba prevista desde hace meses en la Delegación del Gobierno para estudiar una posible ampliación del catálogo de productos. Exportadores e importadores están hartos de trabas y han decidido no emplear de momento la aduana, independientemente de que lo que haga Marruecos, y seguir trabajando con la península. Ahora todos tienen claro que es imperioso mirar al norte.
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