Alumnos y alumnas de Primero de ESO del IES Leopoldo Queipo en la Biblioteca Militar de Melilla. -Gael Portillo-
El murmullo de estudiantes rompe por unas horas la quietud habitual de la Biblioteca Militar de Melilla. No es una escena frecuente. El horario de apertura de este fondo documental, de 9:00 a 14:00 horas, coincide normalmente con la jornada lectiva de los centros educativos, de modo que no siempre resulta posible que el alumnado cruce sus puertas en una mañana cualquiera. Pero este 23 de abril ofrece una excepción. El Día del Libro permite salir del aula, trasladar la enseñanza a otros espacios y convertir una visita en una forma distinta de aprender entre estanterías, cubiertas y páginas marcadas por el tiempo.
Hasta allí se ha desplazado un grupo de estudiantes de Primero de la ESO del IES Leopoldo Queipo, acompañado por el equipo docente formado por Ascensión Nogales, profesora de Lengua, y Adela, profesora de Geografía e Historia. Ambas han guiado esta salida pensada no sólo como una actividad conmemorativa por el Día del Libro, sino también como una experiencia educativa en la que distintas materias encuentran un punto de unión natural. La literatura, la historia y la geografía se dan la mano en un espacio que, por su propia naturaleza, invita a mirar los libros no sólo como objetos de lectura, sino también como testimonios del tiempo, del pensamiento y del contexto en el que fueron escritos.
El cabo primero Roberto Pérez Alonso, destinado en la Biblioteca Militar, ha sido el encargado de recibir al grupo y de introducir el sentido de la jornada. Durante su explicación ha recordado que el Día del Libro se celebra el 23 de abril por la coincidencia de la muerte de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, una fecha que la Unesco estableció oficialmente en 1995 como jornada de homenaje al libro y a sus autores. A partir de ahí, la visita se ha convertido en una aproximación al funcionamiento de este espacio especializado, abierto al público de lunes a viernes y centrado especialmente en contenidos vinculados al ámbito militar, la historia del Rif, África y Melilla.
Pérez Alonso ha detallado además cómo se organiza el fondo documental de la Biblioteca Militar en tres periodos diferenciados, distribuidos en zonas concretas del recinto. En la parte inferior se conserva el fondo antiguo, integrado por ejemplares fechados desde 1901 hacia atrás. En la parte superior de esa misma zona se encuentran los volúmenes comprendidos entre 1901 y 1958. Finalmente, en otra área distinta se localiza el fondo moderno, que reúne publicaciones editadas desde 1958 en adelante. La división, además de responder a criterios de organización y conservación, permite comprender de manera visual la evolución cronológica del material que custodia la biblioteca.
Junto a ese fondo especializado, la biblioteca recibe también donaciones de ciudadanos melillenses. Aquellos títulos que pueden incorporarse por temática al catálogo, como obras históricas, enciclopedias o publicaciones relacionadas con la especialización del centro, pasan a formar parte de sus estanterías. Los que quedan fuera de esa línea, como novelas, libros de ciencia ficción u otros géneros, se colocan en espacios habilitados para que los visitantes puedan llevárselos. Esa fórmula amplía de algún modo la función pública de la biblioteca, que no sólo conserva y ordena patrimonio bibliográfico, sino que también facilita la circulación de libros entre lectores.
La presencia del grupo escolar ha dado un sentido especialmente vivo a esa mañana. Roberto Pérez Alonso ha valorado de forma positiva que el alumnado pueda aprovechar una fecha como esta para acercarse al libro en papel y conocer un lugar que, por horarios, no siempre está a su alcance. En sus palabras se aprecia la idea de que jornadas como la del 23 de abril sirven para tender puentes entre el espacio bibliotecario y los más jóvenes, en un momento en el que las pantallas ocupan gran parte del ocio y de los hábitos cotidianos.
Desde el centro educativo, las profesoras Ascensión Nogales y Adela han explicado el sentido de la actividad como una iniciativa muy pensada. La salida, han señalado, se organizó de manera intencionada coincidiendo con el Día del Libro, aprovechando tanto la cercanía de la Biblioteca Militar como la facilidad que ofrecía la apertura de sus puertas. En sus declaraciones subyace la idea de celebrar esta fecha no únicamente para recordar el valor de los libros, sino en acercar al alumnado a espacios donde la lectura, la investigación y la memoria tienen una presencia real.
Ascensión Nogales ha enmarcado además la visita dentro del trabajo constante de fomento de la lectura que se impulsa desde el centro. Ha explicado que existen programas específicos que se desarrollan de forma diaria en el instituto y que el Día del Libro representa, dentro de ese esfuerzo continuado, una ocasión especial para reforzar el vínculo de los alumnos con la lectura. No se trata, por tanto, de una actividad aislada, sino de una extensión fuera del aula de una labor que ya forma parte del día a día escolar. En ese planteamiento, la visita a la biblioteca funciona como premio, como incentivo y también como herramienta pedagógica.
Por su parte, Adela aporta a la salida la dimensión más conectada con el contexto histórico y geográfico del lugar visitado. La propia naturaleza de la Biblioteca Militar permite que el contenido de sus fondos dialogue directamente con una asignatura como Geografía e Historia, al tiempo que la celebración del Día del Libro lo enlaza con el trabajo de Lengua. De ahí que ambas profesoras aparezcan en esta jornada como un equipo docente que acompaña y articula la experiencia, integrando saberes distintos en una misma actividad. La visita no sólo invita a leer, sino también a situar los libros en un territorio, en una época y en una tradición concreta.
Los estudiantes, mientras tanto, han recorrido las instalaciones con curiosidad y entusiasmo. En sus respuestas se percibe la naturalidad de quien vive la salida como una ruptura agradable con la rutina escolar, pero también el interés genuino por los libros, en especial por los ejemplares más antiguos. Algunos se inclinan por historias de acción, otros por cómics o mangas, y no faltan quienes expresan su deseo de escribir o dibujar sus propias historias en el futuro y en el presente. Sus intervenciones dejan ver que la lectura sigue siendo, para muchos de ellos, una puerta abierta a otros mundos y a otras formas de imaginación.
También ha habido espacio para hablar del periódico, de la información y de la importancia de leer para entender lo que ocurre cada día. En esa conversación, espontánea y sencilla, aparece otro de los valores de una jornada como esta, recordando que el hábito lector no se limita a la ficción o al ámbito académico, sino que forma parte de la formación cotidiana de cualquier ciudadano.
La escena deja así una imagen poco habitual, la de una biblioteca especializada acogiendo por unas horas la energía de un grupo de escolares guiados por sus profesoras. Una mañana en la que Ascensión Nogales y Adela han acompañado a sus alumnos para sacar el aprendizaje fuera del aula y convertir el Día del Libro en una experiencia concreta, compartida y vinculada al entorno. Entre fondos antiguos, historia local y libros que pasan de unas manos a otras, la Biblioteca Militar de Melilla se ha abierto este 23 de abril como un espacio de encuentro entre educación, lectura y ciudad.
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