Foto de familia en la realización de la segunda edición del curso de cetrería de CEAM. -Cedida por Blasco /Autor: Roberto Vargas-
La segunda edición del curso de iniciación a la cetrería del Centro de Educación Ambiental de Melilla (CEAM) ha reunido a siete participantes en torno al conocimiento de las aves rapaces, su manejo y los cuidados que requieren. La actividad, desarrollada en dos sesiones, una teórica y otra práctica, ha permitido a los asistentes acercarse a una disciplina que va más allá del vuelo de un halcón y que exige preparación, constancia y una estrecha colaboración entre el animal y el cetrero.
Con edades comprendidas aproximadamente entre los 20 y los 50 años, los alumnos han participado en una propuesta formativa que combina el conocimiento de estas aves con la educación ambiental y sus aplicaciones en el control de fauna. La parte teórica se impartió el sábado, de 10:00 a 13:00 horas, en la academia Idiomazone. Durante esas tres horas, los participantes conocieron aspectos relacionados con la morfología y la anatomía de las aves de presa, así como la evolución histórica de la cetrería y sus distintos usos a lo largo del tiempo.
Esta práctica, tradicionalmente vinculada a la caza, ha ampliado sus aplicaciones y hoy también se emplea en el control de fauna y en iniciativas de educación ambiental. El curso permitió abordar esa transformación y comprender cómo las características de cada rapaz, sus capacidades de vuelo y el entorno en el que se desenvuelve determinan las técnicas de manejo y entrenamiento.
La segunda sesión trasladó esos conocimientos al terreno. En una zona abierta próxima a la pista de carros, los participantes pudieron observar y experimentar con el vuelo de distintas aves rapaces, desde ejemplares de pequeño tamaño hasta otros de mayor envergadura. Entre ellas se encontraban el cernícalo americano, el águila de Harris y el halcón peregrino, tres aves con características diferentes que permiten mostrar la diversidad de técnicas utilizadas en cetrería.
La técnico del CEAM Marina Blasco valora muy positivamente la respuesta de los asistentes. "La gente ha estado superimplicada y activa para realizar las actividades", explica. Dos de los alumnos repetían la experiencia, mientras que el resto se incorporaba por primera vez a este curso. Algunos ya habían participado en otras propuestas del centro, como las relacionadas con el anillamiento científico o la introducción a la recuperación de fauna silvestre; para otros, el acercamiento a las rapaces suponía una primera toma de contacto.
Uno de los aspectos que más interés despierta es conocer de cerca a estos animales y comprender las particularidades de su entrenamiento. El águila de Harris, por ejemplo, practica el denominado vuelo bajo, próximo al suelo y adaptado a entornos arbolados, donde puede perseguir presas como liebres y conejos. El halcón peregrino se asocia al vuelo por altanería en espacios abiertos, una modalidad que aprovecha la altura y la capacidad de estas aves para localizar y alcanzar a sus presas.
El cernícalo americano permite mostrar otras formas de trabajo, como el vuelo de mano por mano, en el que el ave sale desde el guante del cetrero, o el entrenamiento mediante un señuelo artificial que simula una presa. En esta última modalidad, el halcón realiza distintas pasadas alrededor del cetrero, ejercitando su musculatura y sus capacidades de vuelo.
Estas diferencias también determinan las aplicaciones de cada ave en el control de fauna. Según explica Blasco, las rapaces de bajo vuelo pueden utilizarse en zonas con vegetación alta, mientras que los halcones que vuelan por altanería resultan adecuados para espacios abiertos con presencia de palomas y buena visibilidad. El cernícalo americano, por su parte, puede emplearse en lugares más reducidos o complejos en los que se concentran aves pequeñas, como los estorninos.
Durante la práctica, los participantes también pudieron aproximarse a las necesidades alimenticias de las rapaces, sus cuidados básicos y las precauciones que requiere su manipulación. La experiencia les permitió descubrir que el trabajo con estos animales no consiste simplemente en pesarlos y soltarlos para que vuelen, sino que exige conocimientos específicos, preparación y entrenamiento continuado.
"Se pensaban que era pesarlo y echarlo a volar, pero tienen que tener unos conocimientos y un entrenamiento diario para que funcione el equipo entre el halcón y el cetrero", señala la técnico. El aprendizaje también pasa por comprender que cada ejemplar tiene sus propias necesidades y que el manejo debe adaptarse a ellas. "Al final ellos te van marcando las pautas y te tienes que adaptar a lo que ellos necesitan", añade.
Blasco destaca que el contacto directo con las rapaces ayuda a superar algunas ideas preconcebidas sobre la cetrería y a entender la responsabilidad que implica trabajar con ellas. Los animales requieren cuidados, medidas de seguridad y atención constante. Además, la relación con el cetrero exige observar sus reacciones y respetar sus características individuales.
La buena acogida de esta segunda edición se enmarca en la actividad que el Centro de Educación Ambiental de Melilla viene desarrollando desde hace aproximadamente un año para acercar la naturaleza a la ciudadanía. La presencia del equipo en diferentes actividades y espacios públicos está contribuyendo a dar visibilidad a su labor y a generar nuevas oportunidades para que los melillenses conozcan las aves rapaces desde una perspectiva educativa y de respeto al medio natural.
Esta labor divulgativa también ha llegado a otros encuentros. Blasco recuerda la participación del centro en el congreso de cooperativas de enseñanzas celebrado la pasada semana. Su participación se realizó a través de Activas Melilla, y sirvió para acercar a las rapaces abordando la relación histórica entre el ser humano y estos animales en distintas culturas. La cetrería, reconocida en 2010 por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, constituye una práctica compartida por comunidades de diferentes partes del mundo, con modalidades y especies adaptadas a sus respectivos entornos.
El CEAM también ha desarrollado actividades educativas en centros escolares para fomentar el conocimiento de las rapaces y la protección de la naturaleza desde edades tempranas. Entre sus próximos proyectos figuran talleres navideños dirigidos a los más pequeños, con actividades lúdicas relacionadas con los animales, los colores y los adornos, además de la intención de incorporar música en directo.
A estas iniciativas se suma la colaboración con Capaces Melilla, con la que el centro ha comenzado actividades de intervención asistida con perros tras completar la formación necesaria. Las sesiones se desarrollan junto a la trabajadora social de la entidad y se plantean a partir de objetivos concretos para cada usuario, con la intención de ofrecer nuevas experiencias de estimulación fuera de su entorno habitual.
La segunda edición del curso deja así una experiencia que permite mirar a las aves rapaces más allá de su capacidad de vuelo. Conocer sus características, entender sus necesidades y descubrir el trabajo que hay detrás de cada ejercicio ayuda a comprender mejor la relación entre las personas y la fauna. Para Marina Blasco, esa aproximación es fundamental para avanzar en la protección del entorno. "Conocer es proteger", recuerda como lema del centro.
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