Daniel Boil, abogado de profesión, escribe su primera novela ambientada en Melilla. -Cedida por Boil-
La ciudad que crecía entre la esperanza de sus habitantes, la llegada de trabajadores procedentes de la Península y la incertidumbre de un conflicto que amenazaba con alterar sus vidas constituye el escenario de "Mientras la guerra no llega", la novela con la que Daniel Boil se adentra en la Melilla de 1916. Abogado de profesión y escritor por vocación, Boil presentará su obra el próximo 28 de octubre, a las 20:00 horas, en el Real Club Marítimo de Melilla, acompañado por las historiadoras Isabel Migallón y Elena Fernández, dos personas fundamentales en un proceso de documentación que ha convertido su fascinación por la ciudad en un proyecto literario de largo recorrido.
Su vínculo con Melilla se remonta a 1989 y 1990, cuando realizó aquí el servicio militar en Regulares. Fue entonces cuando descubrió una ciudad modernista que le cautivó hasta el punto de querer conocer su historia más allá de lo que había visto durante su estancia. "Me quedé absolutamente enamorado", recuerda. A su regreso a la Península comenzó a leer e investigar, movido también por la sorpresa de comprobar hasta qué punto el patrimonio arquitectónico melillense continúa siendo desconocido para buena parte de la sociedad española.
La curiosidad adquirió una nueva dimensión durante la pandemia, cuando llegó a sus manos un ensayo histórico sobre la Compañía Española de Minas del Rif. Aquella lectura le permitió aproximarse a los acontecimientos que marcaron la ciudad en los años previos al desastre de Annual y descubrir las conexiones económicas, sociales y humanas que unían Melilla con distintos puntos de la Península. Una nueva visita, hace tres años, le permitió profundizar en ese conocimiento de la mano de Isabel Migallón y Elena Fernández, con quienes recorrió la ciudad y compartió conversaciones que terminaron siendo decisivas para la novela. En ese mismo proceso descubrió, además, una historia familiar inesperada: un hermano de su abuelo había muerto en Melilla y estaba enterrado en el Panteón de los Héroes, sin que la familia hubiera tenido conocimiento de ello. El hallazgo añadió una dimensión personal a una investigación que ya lo mantenía cautivado.
Boil encontró en la Melilla de principios del siglo XX un periodo especialmente interesante para comprender cómo se construyó una ciudad que experimentó un crecimiento extraordinario en muy pocos años. Le interesaban la vida cotidiana, sus expectativas, sus proyectos y la manera en que la amenaza de la guerra podía truncar sus aspiraciones. "Me interesaba mucho la vida de la gente en esos años inmediatamente anteriores al conflicto", explica. La novela se sitúa precisamente en ese tiempo previo, cuando la ciudad crecía y se transformaba mientras sus habitantes desarrollaban sus vidas sin saber hasta qué punto los acontecimientos históricos acabarían condicionándolas.
En ese escenario, la ficción se convierte también en una forma de reivindicar unos vínculos entre Melilla y Cataluña que, a juicio del escritor, permanecen insuficientemente conocidos. Boil, que ha desarrollado parte de su trayectoria en el ámbito empresarial y comercial de Barcelona, se sorprendió al descubrir la presencia catalana en la historia económica y arquitectónica melillense. Las referencias al Teatro Kursaal, a los almacenes conocidos como Los Catalanes y al arquitecto Enrique Nieto le hicieron comprender la intensidad de aquellas relaciones. "Eso me dio mucha rabia y también me dio más ganas de escribir. Alguien lo tiene que contar", afirma. Su intención es que la novela despierte la curiosidad de quienes desconocen esa conexión y les permita reconocer una historia compartida que trasciende las fronteras geográficas.
Aunque la ciudad constituye la auténtica protagonista del libro, Boil ha elegido tres personajes de procedencias y sensibilidades distintas para mostrarla desde perspectivas complementarias. El primero es el comisario Rojas, enviado desde Madrid para investigar un asesinato. Se trata de un hombre experimentado, de cierta edad, que llega a Melilla sin conocerla y debe desenvolverse en un entorno que le resulta ajeno. A través de él, el autor introduce una trama de crimen y sucesos propios de la novela negra, concebida como una puerta de entrada para lectores menos familiarizados con la novela histórica. El misterio permite avanzar por la ciudad, conocer sus espacios y descubrir, a medida que se desarrolla la investigación, las tensiones que atraviesan la sociedad de la época.
El segundo personaje es Alejandro Sirvent, un empresario catalán que llega a Melilla en busca de nuevas oportunidades de negocio y cuya presencia enlaza ambos territorios. Boil ha aprovechado su experiencia en el mundo empresarial para construir un personaje que conoce las posibilidades económicas de una ciudad en plena expansión y que representa los intereses de quienes buscan prosperar en ella. Sin embargo, Sirvent adquiere una dimensión que va más allá de su actividad profesional. Su trayectoria permite explorar la ambición y la codicia, dos elementos centrales de una historia en la que los intereses de unos pocos pueden terminar condicionando la vida de muchas personas. "Cómo la codicia de ciertas personas puede acabar afectando a decisiones de poderosos y tocar la vida de las personas corrientes" es, en palabras del autor, uno de los mensajes que atraviesan la novela.
La tercera protagonista es María Elena Encinas, hija de un coronel, que regresa a Melilla después de pasar muchos años viviendo en Madrid. Su personaje incorpora una mirada femenina y moderna, marcada por los cambios culturales y sociales que comenzaban a abrir nuevos horizontes para las mujeres. Durante su estancia en la capital ha conocido un ambiente en el que el sufragismo y las reivindicaciones por la igualdad empezaban a ganar presencia, al tiempo que el acceso de las mujeres a la universidad y su participación en la vida intelectual cuestionaban los límites que tradicionalmente se les habían impuesto. María Elena regresa a la ciudad con una mentalidad abierta, influida por esas nuevas corrientes y por una cultura que le permite mirar su entorno con otros ojos. Francófona y vinculada a los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, representa una de las sensibilidades más avanzadas de su tiempo. "Yo no he venido aquí para ser un florero, un objeto de decoración. No me voy a conformar con eso", expresa en uno de los pasajes de la novela, una declaración que refleja su voluntad de no aceptar un papel meramente ornamental y de reivindicar su propio espacio en una sociedad todavía marcada por las convenciones.
María Elena Encinas es también el vínculo emocional con la infancia y con la memoria de una ciudad vivida desde sus calles. Para construirla, Boil recurrió a testimonios y relatos que describían la vida cotidiana en Melilla la Vieja, sus juegos, sus vecinos y la convivencia entre comunidades musulmanas, hebreas y otras procedencias. Esa diversidad, recogida desde una mirada infantil en una obra autobiográfica que el escritor descubrió durante sus investigaciones, le permitió recrear los recuerdos que acompañan a María Elena cuando regresa a casa. En ella confluyen la nostalgia, el sentido de pertenencia y el deseo de participar activamente en la transformación de la sociedad.
Los tres personajes representan distintas formas de acercarse a la ciudad y a su tiempo histórico. Rojas encarna la experiencia de quien llega desde fuera y descubre una realidad desconocida; Sirvent permite explorar la relación entre los intereses empresariales y el poder, mientras María Elena introduce una perspectiva renovadora, vinculada a los cambios sociales, culturales y al avance de las mujeres. A través de sus trayectorias, la trama histórica y la investigación criminal se entrelazan para mostrar una Melilla compleja, dinámica y sometida a las tensiones de una época decisiva.
La construcción de estos personajes ha exigido una investigación documental minuciosa. Boil encontró una de sus principales fuentes en la prensa histórica, especialmente en los fondos digitalizados de "El Telegrama del Rif", que le permitieron reconstruir ambientes, negocios y costumbres a partir de las noticias y los anuncios publicados en la época. Ha reunido una base de datos con más de 500 fotografías históricas y otros tantos anuncios de prensa, materiales que le han servido para describir establecimientos, lugares de encuentro y escenas de la vida cotidiana con referencias concretas. "Yo leía esta ciudad a través de sus periódicos en una época", explica al recordar una de las partes más estimulantes del trabajo.
A esta documentación se suman numerosos libros, artículos y publicaciones de aquellos años. Entre ellos destaca "Los buscadores de pan", una obra descatalogada que le permitió profundizar en la llegada de inmigrantes procedentes del sur de la Península. Su lectura le ayudó a comprender la dimensión humana de un crecimiento demográfico que llevó a Melilla a pasar de unos 10.000 habitantes a cerca de 40.000 en un periodo de apenas una década, aproximadamente entre diez y catorce años. La ciudad recibió a trabajadores que buscaban oportunidades en las minas, en el campo y en las actividades vinculadas al desarrollo económico, pero su capacidad para absorber aquella llegada masiva era limitada.
Esa realidad ocupa un lugar relevante en la novela, que amplía la mirada sobre la inmigración más allá del ámbito militar. Boil quiso incorporar a obreros, trabajadores agrícolas, mineros y colonos, personas que también formaron parte de la construcción de Melilla y cuyas trayectorias quedaron marcadas por los acontecimientos posteriores. La caída de Annual en 1921 supuso para muchos la pérdida de sus hogares, tierras y medios de vida, además de un desplazamiento hacia la ciudad. Para el escritor, recuperar estas historias permite establecer una conexión con el presente y recordar que quienes hoy forman parte de la sociedad melillense también tienen detrás procesos de llegada, adaptación y búsqueda de un futuro mejor. "Nosotros también fuimos inmigrantes", sostiene, al reivindicar una mirada histórica que ayude a comprender la complejidad de este fenómeno.
El rigor documental se extiende también a la incorporación de personajes reales que dejaron una huella en la historia de Melilla. Entre ellos figuran el arquitecto Enrique Nieto, el general Aizpuru y Cándido Lobera Girela, militar, periodista, político y fundador de "El Telegrama del Rif", cuya trayectoria estuvo estrechamente ligada al desarrollo de la ciudad durante las primeras décadas del siglo XX. Junto a él aparece la figura de su esposa, Francisca Peré López de la Blanca, conocida familiarmente como Paquita, vinculada también a la vida social melillense y a iniciativas asistenciales como la Gota de Leche. A través de estos nombres, la novela rinde homenaje a quienes contribuyeron a configurar la identidad urbana, cultural y social de Melilla. Boil ha recurrido a publicaciones de la época, documentos históricos y referencias bibliográficas para integrar estas figuras en la trama y permitir que la ficción dialogue con los acontecimientos y las personas que formaron parte de aquella realidad.
En esta tarea, la colaboración de Isabel Migallón y Elena Fernández ha resultado especialmente valiosa. Ambas historiadoras han leído el manuscrito antes de su corrección y han contribuido a detectar detalles que requerían una revisión. Boil reconoce que afrontar una novela histórica como su primera obra literaria ha supuesto un esfuerzo considerable, tanto por el volumen de información recopilada como por la necesidad de integrar los datos en una trama que mantuviera el interés narrativo. La documentación no debía convertirse en un simple inventario de hechos, sino dar consistencia a los escenarios, los personajes y las decisiones que articulan la historia.
El título, "Mientras la guerra no llega", resume la inquietud que recorre el libro y conecta aquella Melilla de 1916 con las preocupaciones que el escritor percibe en la ciudad actual. Boil habla de un cierto fatalismo, de la incertidumbre con la que algunos melillenses afrontan el futuro y de la dificultad de proyectar planes personales o económicos cuando existe la sensación de que las circunstancias pueden cambiar de forma repentina. Durante una conversación en un avión, una mujer comentó a sus acompañantes que la ciudad era bonita y que todo parecía estar bien, para añadir inmediatamente: "De momento". Aquella respuesta le hizo pensar en una forma de vivir condicionada por la incertidumbre, una sensación que encontró especialmente significativa para dar nombre a la novela.
El título llegó cuando la obra ya estaba escrita. Frente a la amenaza del conflicto, el autor quiso poner en primer plano la vida que continúa mientras la guerra no llega: las calles, los encuentros, los negocios, las relaciones humanas y la capacidad de una ciudad para seguir adelante. Su propósito no es presentar Melilla desde el temor, sino invitar a descubrirla y comprenderla desde dentro. "La vida que tiene esta ciudad, lo maravillosa que es", resume. En ese contraste entre la belleza de lo cotidiano y la posibilidad de que todo cambie reside buena parte de la sensibilidad del libro.
La dedicatoria a los melillenses responde a esa misma voluntad. Boil desea que quienes lean la novela sientan curiosidad por la historia de la ciudad, conozcan sus raíces y comprendan mejor las circunstancias de quienes viven en ella. También quiere que la obra sirva para reconocer la aportación de las distintas comunidades que han contribuido a su desarrollo, incluida la comunidad hebrea, cuyo papel en la vida económica y en el mecenazgo arquitectónico le interesa especialmente. A través de nombres, edificios, compañías y recuerdos familiares, el escritor busca recuperar una memoria colectiva que muchas veces permanece dispersa entre quienes se marcharon y sus descendientes.
La presentación del 28 de octubre tendrá, por ello, un significado especial para el autor. Boil ha preparado fotografías de la época para mostrar al público los lugares que aparecen en la novela, algunos desaparecidos y otros todavía reconocibles en la fisonomía de la ciudad. La cita en el Real Club Marítimo de Melilla, a las 20:00 horas, estará acompañada por Isabel Migallón y Elena Fernández, las historiadoras que lo han guiado en buena parte de este recorrido.
Más allá de dar a conocer su primera novela, el encuentro representa el cumplimiento de una promesa que el escritor se hizo cuando comenzó a trabajar en ella. Desde sus primeras conversaciones con las historiadoras, Boil tuvo claro que quería presentar el libro en Melilla, el lugar que había despertado su curiosidad décadas atrás y que terminó convirtiéndose en el centro de su investigación literaria. Ahora regresa con una historia construida a partir de archivos, fotografías, testimonios y personajes que transitan entre la ficción y la realidad. Una invitación a mirar la ciudad desde el pasado para reconocer su riqueza histórica y arquitectónica, sus conexiones con otros territorios y la vida de quienes, entonces como ahora, continúan construyendo su futuro.
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