El Aeródromo Militar de Melilla ha vivido este viernes 20 de febrero, a las 11:15 horas, una jornada de especial relevancia institucional con el primer aterrizaje de un A400M (T-23) del Ejército del Aire y del Espacio en estas instalaciones.
Se trata de la primera ocasión en que una aeronave de estas dimensiones y capacidades opera en la ciudad autónoma, un hito que amplía de forma sustancial el abanico logístico y estratégico disponible para la plaza.
El acto ha consistido en una recepción oficial en el Edificio de Jefatura del Aeródromo Militar de Melilla y una posterior visita al interior de la aeronave, donde autoridades y personal invitado han podido conocer de primera mano las capacidades de este sistema de armas.
La llegada culmina un proceso técnico previo que incluyó estudios operativos y pruebas específicas, entre ellas la aproximación visual realizada el pasado 12 de febrero a la pista 33 del Aeropuerto de Melilla, en aquella ocasión sin toma.
El comandante Juan Silva subrayó durante el acto la trascendencia del momento. “Es un placer para nosotros estar en Melilla. Llevamos mucho tiempo intentando abrir esta capacidad para la A400 y a partir de ahora ha demostrado que el Ejército del Aire y del Espacio puede apoyar a la ciudad de Melilla con sus A400 que están basados en Zaragoza”.
Hasta ahora, los aviones que operaban regularmente en la ciudad eran los T-21 del Ala 35 (C295), cuya capacidad queda ampliamente superada por la del T-23. “Multiplicamos prácticamente por cuatro la capacidad. Podemos traer vehículos y básicamente todo lo que traíamos hasta ahora podemos multiplicarlo por tres o por cuatro”, explicó el comandante.
El reto no era menor. El A400M es un avión de gran porte y el aeropuerto melillense presenta condicionantes operativos derivados de su tamaño y entorno. “El avión es muy grande y el aeropuerto es pequeño. Para nosotros ha sido un reto estudiarlo, preparar el parking, las instalaciones, pero ya después de mucho estudio ha quedado demostrado que se puede operar”, detalló Silva.
El A400M, designación del fabricante, recibe en España la denominación militar T-23. Es un avión de transporte táctico y estratégico desarrollado por Airbus Defence dentro de un consorcio europeo. Su origen se remonta al programa FIMA (Future International Military Airlifter), impulsado en 1982 para sustituir a los veteranos C-130 Hércules y Transall C-160.
Tras diversas reconfiguraciones industriales y políticas —incluida la salida de Lockheed en 1989 y la evolución del proyecto bajo el nombre “Euroflag”—, las naciones participantes acordaron unos requisitos comunes que desembocaron en el actual A400M. El programa fue finalmente suscrito por siete países, con una previsión inicial de 212 aeronaves que, tras ajustes y reestructuraciones, quedó en 180.
La gestión del programa fue encomendada a OCCAR (Organisation Conjointe de Cooperation en Matiere d'Armement), mientras que el montaje final se estableció en la planta de San Pablo, en Sevilla. El primer vuelo tuvo lugar el 11 de diciembre de 2009 y la entrada en servicio en España se formalizó el 1 de enero de 2016. El 17 de noviembre de ese año se entregó la primera unidad al Ejército del Aire, incorporándose al Ala 31 en la Base Aérea de Zaragoza el 1 de diciembre.
El A400M impone por cifras. Con 45,1 metros de longitud, 42,4 metros de envergadura y 14,7 metros de altura, su peso máximo al despegue alcanza las 141 toneladas. Puede transportar hasta 37 toneladas de carga en un volumen de 340 metros cúbicos, o bien 116 soldados completamente equipados. En configuración medicalizada admite 66 camillas y 25 asistentes médicos.
En términos de rendimiento, su velocidad máxima es de 825 kilómetros por hora, con una velocidad de crucero de 780 km/h. Está propulsado por cuatro motores turbohélice y dispone de una capacidad básica de combustible de 63.500 litros, ampliable mediante depósitos adicionales en la bodega y una unidad central de reabastecimiento.
Su cabina de cristal, las pantallas multifunción y el sistema de control fly-by-wire lo sitúan en la vanguardia tecnológica de la aviación militar de transporte.
Actualmente, el Ejército del Aire y del Espacio cuenta con once T-23, con previsión de alcanzar catorce unidades. La flota española ha superado ya las 5.000 horas de vuelo dentro de un total de más de 100.000 horas acumuladas por el programa a nivel internacional.
A día de hoy, los A400M españoles realizan misiones logísticas en apoyo al Ministerio de Defensa, vuelos de sostenimiento en zonas de operaciones y están ofrecidos a la OTAN en capacidad de avión cisterna.
Se ha validado el reabastecimiento en vuelo (AAR) con los cazas EF-2000 y EF-18, así como configuraciones MEDEVAC sin limitaciones. También se han certificado múltiples perfiles de lanzamiento de cargas, destacando por su precisión y volumen de lanzamiento. La unidad continúa avanzando en capacidades como vuelo con NVG, aproximaciones autónomas o vuelo instrumental a muy baja cota.
La posibilidad de operar el A400M en Melilla refuerza de manera notable la capacidad de proyección y sostenimiento de la ciudad. La diferencia respecto a plataformas anteriores no es solo cuantitativa, sino cualitativa. Permite transportar vehículos pesados, helicópteros como el NH90 o el CH-47 Chinook, material logístico voluminoso e incluso realizar evacuaciones médicas masivas si fuera necesario.
Además, su doble función como transporte y cisterna amplía el espectro de apoyo en escenarios conjuntos. La autonomía y alcance del aparato —capaz de realizar vuelos ferry de gran distancia sin carga— evidencian su flexibilidad estratégica.
La llegada del T-23 a Melilla no es, por tanto, un hecho aislado, sino la culminación de un proceso técnico y doctrinal que integra a la ciudad dentro del marco operativo de uno de los programas aeronáuticos militares más ambiciosos de Europa. A partir de ahora, el Aeródromo Militar de Melilla queda habilitado para recibir regularmente una plataforma que ha supuesto “un paso de gigante” en el aerotransporte de las Fuerzas Armadas españolas.
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