Editorial

Demasiados frentes abiertos

Queda poco de legislatura, pero aún hay tiempo de rectificar y tender la mano al diálogo por el bien de Melilla.

Los escoltas del presidente de la Ciudad, Eduardo de Castro, se han visto agraviados a raíz de que éste dijera en el pleno del viernes, durante el Debate del Estado de la Ciudad, que los había destinado a tareas de vigilancia de las calles porque pasaban el día paseando y dedicados a otras cosas.

También se enfrentó el presidente el viernes al diputado del grupo no adscrito en la Asamblea Jesús Delgado Aboy, al que tuvo a bien recordarle que él es el jefe máximo de Promesa, el ente público que dirige Delgado Aboy, al parecer sólo con el apoyo de CpM, porque PSOE votó en contra y ahora De Castro deja claro que lo que hay entre ambos no es precisamente simpatía.

Y lo peor no fue que De Castro le dijera eso, sino que le echara en cara a Delgado Aboy que le haya pedido, tomándose ambos una cerveza, que lo incorporara a Ciudadanos.

La Unión Sindical de Trabajadores de Melilla ha salido este domingo a apoyar a los escoltas de la Policía Local y a reivindicar el respeto que el trabajo de los agentes debería merecerle al presidente que, no hay que olvidarlo, tiene las competencias de Seguridad Ciudadana y, además, es funcionario de carrera.

Hay que reconocer que el presidente no tuvo un día afortunado el viernes. Lleva hacia adelante demasiados frentes abiertos. En Melilla no dan las sumas para una moción de censura y eso ha enrocado De Castro en una posición beligerante, que sólo conduce a la confrontación.

No están los tiempos para echar pulsos y menos cuando se está en una minoría escandalosa en el Gobierno. Los tiempos que corren exigen de los políticos más que las buenas maneras que se les presuponen. Exigen mucha cintura para encajar golpes y mantener la calma. Pero, sobre todo, exige capacidad para sembrar la esperanza entre los ciudadanos que les observan atónitos.

Melilla no se merece un pleno de la Asamblea en el que la bronca y la descalificación sea lo habitual. Queremos políticos que estén a la altura de las dificultades que afrontan y del momento dificilísimo en el que les ha tocado gobernar.

Hay una fórmula infalible para hacerse respetar y es ni más ni menos, empezar por respetar a los demás. Queda poco de legislatura, pero aún hay tiempo de rectificar y de tender la mano al diálogo por el bien de Melilla.

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