De la memoria de la remolacha en Calahorra al eco de Lorca en Oporto: Nogales traza su escena sin fronteras

La directora melillense lleva su universo creativo a Portugal mientras reflexiona sobre un oficio en transformación y consolida, con La Vidriera Producciones, un teatro que conecta educación, territorio e historia

La directora y docente melillense Alejandra Nogales ha impartido los días 28 y 29 de abril un taller en la Escola Superior de Música e Artes do Espectáculo (ESMAE) de Oporto, donde ha trabajado con alumnado de último curso de Arte Dramático en torno a las nuevas dramaturgias y la reinterpretación contemporánea del universo de Federico García Lorca. Esta actividad se enmarca en una colaboración académica con la Universidad Superior de Arte Dramático de Sevilla y coincide con la proyección de La Vidriera Producciones fuera de Melilla, con su participación en las Jornadas Gastronómicas de la Verdura de Calahorra (La Rioja) el pasado 25 de abril, donde han presentado La última remolacha.

El taller en Oporto ha tomado como eje el proceso creativo de Lorquianas, la obra que la compañía estrenó en 2021 y que sirve como punto de partida para explorar nuevas formas de construcción escénica. A partir de este montaje, que ha recorrido en estos años distintos puntos de la geografía mundial, Nogales ha trasladado al alumnado una manera de hacer teatro que se aleja de la herencia clásica aristotélica, apostando por estructuras más abiertas donde lo episódico, lo simbólico y lo performativo amplían el lenguaje dramático. Esta evolución encuentra antecedentes en la ruptura que figuras como Bertolt Brecht introdujeron a mediados del siglo XX, ampliando los modelos tradicionales y abriendo el escenario a nuevas formas de narración.

En ese marco, Lorquianas se articula a través del personaje interpretado por May Melero, cuya experiencia vital se entrelaza con las mujeres de la literatura lorquiana. La obra construye un diálogo entre biografía y ficción, en el que los conflictos, emociones y contextos de esos personajes encuentran resonancia en la trayectoria de la protagonista. Este planteamiento ha permitido trabajar con los estudiantes desde una doble perspectiva: la reinterpretación de los textos y la creación de dramaturgias propias a partir de ellos.

El contexto del aula ha estado marcado, además, por un punto de partida significativo: el desconocimiento inicial de la figura de Lorca por parte de la mayoría del alumnado portugués. Esta circunstancia ha abierto un espacio de descubrimiento progresivo, en el que los textos del autor han sido abordados,  permeando su vigencia temática y un enfoque de escribir adelantado a su época.

Junto a este trabajo, Nogales ha compartido con los estudiantes su trayectoria profesional, ofreciendo una referencia directa sobre las posibilidades del oficio más allá de la interpretación, especialmente en el ámbito de la dirección escénica. Una exposición que contribuye a generar espacio a la definición de posibilidades profesionales para los estudiantes.

Dentro de este contexto, la directora plantea también la necesidad de desmontar la visión romántica asociada a las artes escénicas. La realidad del oficio está marcada por la inestabilidad, la acumulación de negativas que generan frustración y la búsqueda constante de oportunidades. Esa experiencia forma parte del día a día de quienes intentan desarrollar una carrera en el sector, obligando a redefinir conceptos como el éxito, que pasa a entenderse como la posibilidad de vivir del propio trabajo. Una condición que ya supone un privilegio.

El recorrido de Nogales, vinculado a la creación desde comienzos de los años 2000, permite comprender la evolución de un sector que ha tenido que reorganizarse de forma constante para adaptarse a los cambios sociales, económicos y políticos acontecidos en las dos últimas décadas.

En ese proceso, uno de los momentos más determinantes fue la subida del IVA cultural en 2013 al 21%, una decisión que alteró profundamente el equilibrio del sector. La reducción de la actividad no solo afectó a compañías y salas, que en muchos casos tuvieron que cerrar, sino que impactó en toda la red de profesionales que sostiene una producción escénica. El teatro moviliza un entramado que incluye técnicos, escenógrafos, iluminadores, diseñadores, imprentas, fotógrafos o equipos audiovisuales, generando un efecto directo en la economía que va mucho más allá del escenario.

A este escenario se sumó posteriormente la pandemia, que paralizó buena parte de la actividad cultural a nivel general, aunque en Melilla se mantuvo una dinámica de producción que permitió sostener proyectos en marcha en un entorno marcado por las restricciones. Esta etapa evidenció tanto la fragilidad del sector como su capacidad de adaptación, así como el papel de la cultura en contextos de incertidumbre. Un tiempo en el que el personal sanitario se volcaba en la magnitud de las dificultades de la salud física, y los artistas aportaban a la mejora emocional y psicológica de un país paralizado.

En la actualidad, el panorama continúa marcado por la complejidad de los procesos de gestión y por la necesidad constante de generar nuevas propuestas. En el caso de Melilla, por su espacio reducido, esta exigencia se intensifica, ya que las compañías se ven obligadas a producir de manera continua ante la limitada rotación de espectáculos, lo que condiciona el desarrollo de los proyectos y el tiempo de recorrido.

A ello se suma una percepción social que todavía arrastra ciertos estereotipos, visibles en el propio lenguaje cotidiano, donde expresiones como “esto es un circo” o “menudo teatro” siguen asociándose a connotaciones negativas. Esta imagen convive con una realidad mucho más compleja, en la que el teatro se configura como un espacio de creación, empleo y reflexión.

Dentro de ese imaginario, el teatro infantil continúa enfrentándose a una consideración desigual de arte menor. Frente a esa percepción, La Vidriera Producciones ha mantenido una línea de trabajo que reivindica este ámbito desde la exigencia y el rigor, entendiendo al público infantil como una generación en formación. Sus propuestas buscan no solo entretener, sino también construir una mirada sensible a las expresiones artísticas y fomentar el vínculo con la cultura desde edades tempranas.

Este enfoque se refleja también en proyectos como su participación en las Jornadas Gastronómicas de la Verdura de Calahorra, una cita a la que acuden de forma continuada desde 2017. En esta edición, han presentado La última remolacha, un espectáculo construido a partir de un proceso de investigación sobre el pasado industrial de la ciudad y su vínculo con la producción de remolacha azucarera.

El montaje, interpretado por May Melero y Cristóbal Pérez, combina humor, música y participación del público en una propuesta que conecta con la memoria colectiva del entorno. Detrás de la puesta en escena hay un trabajo de documentación que ha permitido recuperar testimonios y trasladarlos al escenario, generando un relato accesible que vincula historia y creación contemporánea.

La actividad desarrollada en Oporto y Calahorra dibuja así una trayectoria que se expande desde Melilla hacia otros contextos, integrando formación, investigación y exhibición. Un recorrido que refleja la evolución de un proyecto artístico, una idea, un enfoque y que pone de relieve el papel del teatro como herramienta cultural, educativa y económica en un entorno en transformación.

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