Claudia García Sosa, artista multidisciplinar que participa en la propuesta creativa colectiva POP-UP. -Cedida por la artista-
La escena artística melillense busca nuevos espacios y nuevas formas de encuentro. Bajo esa premisa nace POP-UP, una propuesta cultural impulsada por artistas locales que durante una tarde transformará el estudio de arquitectura Chacel8, en un espacio efímero de creación contemporánea, convivencia y diálogo artístico. La cita tendrá lugar el próximo 15 de mayo, entre las cinco de la tarde y las diez de la noche, y reunirá exposición, música, obra gráfica, cerámica, fotografía intervenida y venta de piezas en un ambiente que busca romper con la construcción habitual de las salas expositivas tradicionales.
La iniciativa surge a partir de una idea impulsada por la artista melillense Rocío Madrid, quien ya había participado anteriormente en formatos similares desarrollados en otras ciudades españolas y europeas. La propuesta recoge precisamente esa filosofía de hacer aparecer el arte en lugares inesperados, acercándolo al público desde un formato menos institucionalizado y más cercano, a través del encuentro en espacios inesperados y de una forma mucho más informal, explica Claudia García Sosa, otra de las artistas participantes.
La elección de Chacel8 como escenario, condensa la idea de ocupar temporalmente un estudio de arquitectura donde el arte habite espacios diferentes y hacerlo convivir con otros lenguajes y usos cotidianos. Una fórmula frecuente en ciudades como Madrid, Barcelona o distintos puntos de Europa, pero todavía poco habitual en Melilla.
Lejos del silencio contenido de una galería convencional, POP-UP plantea un espacio vivo, compartido y multidisciplinar, donde el visitante no solo podrá recorrer las obras, sino también conversar directamente con quienes las crean. Los artistas permanecerán presentes durante toda la jornada, acompañando sus piezas y generando un intercambio continuo con el público alrededor de los procesos creativos, las técnicas y los conceptos que atraviesan cada trabajo. Esa cercanía forma parte esencial del proyecto, creando una simbiosis en el acceso a las obras artísticas a través de nuevos canales de encuentro cultural.
El evento tendrá además un carácter completamente autogestionado que permitirá acercar el arte contemporáneo desde un enfoque accesible y de intercambio directo, así como obtener las obras expuestas. Los propios artistas, junto al estudio anfitrión, se han encargado de organizar el montaje, la producción y toda la atmósfera del encuentro, incluyendo la ambientación musical y la oferta de bebida y picoteo prevista durante la jornada.
Entre los participantes se encuentran Rayule, Rocío Madrid, Lile y Claudia García Sosa, artistas cuyas obras dialogan desde disciplinas y sensibilidades diversas. Rayule presentará piezas textiles realizadas mediante técnicas manuales de teñido inspiradas en procesos asiáticos tradicionales. Rocío Madrid mostrará trabajos de cerámica, fotografía, impresión gráfica y propuestas ligadas a la intervención textual. Por su parte, Claudia García Sosa llevará varios proyectos centrados especialmente en la cerámica y la fotografía intervenida digitalmente, dos lenguajes desde los que construye una obra profundamente vinculada a lo político, lo colectivo y la memoria.
En el trabajo de García Sosa las dualidades aparecen constantemente. Tradición y modernidad, delicadeza y violencia, esperanza y opresión, intimidad y reivindicación conviven en piezas donde la técnica nunca funciona únicamente como soporte estético, sino también como significado. La artista entiende cada material y cada proceso como parte del propio discurso de la obra. Por eso sus proyectos buscan que exista “un diálogo entre esas técnicas y el concepto” que atraviesa cada creación.
Esa idea se refleja especialmente en Everything is War, una colección de pequeñas piezas de cerámica convertidas en broches, colgantes o imanes que reproducen diminutas formas de armamento simbólico. La propuesta nace como una metáfora sobre la autodefensa frente a distintas formas de opresión. Racismo, homofobia, machismo, colonialismo y otras formas de violencia aparecen condensadas en objetos pequeños, delicados y aparentemente frágiles que, precisamente por esa vulnerabilidad, adquieren una enorme fuerza simbólica.
La dureza conceptual de las piezas convive con la sensibilidad de una técnica artesanal trabajada minuciosamente a mano, mediante doble cocción y esmaltado, y configurada desde la miniatura. En esa tensión entre fragilidad y resistencia se construye gran parte del discurso de la artista, que busca “dignificar la rabia” y convertirla en una respuesta legítima frente a las distintas formas de violencia. Las piezas funcionan así como pequeñas herramientas metafóricas de protección ante un contexto social atravesado por dinámicas de exclusión, opresión, odio y desigualdad.
La creadora relaciona directamente este trabajo con el contexto político y social actual, marcado por conflictos internacionales, discursos de odio y retrocesos en derechos sociales. Desde esa mirada, su obra rechaza la idea de un arte desvinculado de la realidad. “En el mundo artístico no puede haber cabida para desentenderse de todo esto”, afirma durante la conversación, defendiendo que el arte debe servir para visibilizar las realidades que atraviesan a miles de personas.
Junto a este proyecto cerámico, García Sosa presentará también una serie de fotografías antiguas de Melilla y del entorno del Rif intervenidas digitalmente. Las imágenes recuperan espacios reconocibles de la ciudad y de la memoria fronteriza compartida entre Melilla y el norte de Marruecos, construyendo una reflexión sobre el territorio, la infancia colectiva y los vínculos culturales e históricos que conectan ambos lugares.
En estas piezas aparece el diálogo entre tradición y modernidad. Las fotografías antiguas, cargadas de memoria y archivo, se mezclan con procesos digitales contemporáneos para reflexionar sobre la pérdida de humanidad en sociedades cada vez más individualizadas y atravesadas por lo virtual. García Sosa sitúa así el devenir colectivo en el centro de su trabajo, entendiendo que la experiencia individual del creador no puede separarse de la realidad compartida.
Formada en la Escuela de Arte Miguel Marmolejo y posteriormente en la Universidad de La Laguna, García Sosa estudió además varios años en Bélgica, donde conoció de cerca muchos de los formatos expositivos alternativos que ahora también inspiran propuestas como POP-UP. Su obra está profundamente marcada por su experiencia profesional en contextos migratorios, primero en el CETI de Melilla y actualmente en recursos de acogida en Tenerife.
Todo ese recorrido ha terminado moldeando una visión artística donde la reivindicación de la humanidad ocupa un lugar central. Sus piezas buscan visibilizar realidades que, según sostiene, “no deben quedar impunes”, utilizando el lenguaje artístico como herramienta de memoria, denuncia y resistencia colectiva.
Con POP-UP, los artistas participantes no solo proponen una exposición, sino una forma distinta de habitar el arte dentro de la ciudad. Un espacio donde las obras dialogan entre sí, pero también con quienes las observan, las preguntan y las atraviesan. Una experiencia cultural que apuesta por la cercanía, la conversación y la convivencia como parte inseparable del propio hecho artístico.