Como Alicia siguiendo al Conejo Blanco, Juan José Florensa cayó por la madriguera temporal cuando un "conejo suizo" anunció el primer Día Mundial del Reloj en Ginebra. En apenas tres meses, consiguió que Melilla se convirtiera en la primera ciudad española participante del evento del 10 de octubre.
En este País de las Maravillas multicultural, donde cuatro comunidades religiosas coexisten entre más de 1.000 edificios modernistas, Florensa descubrió que podía aprovechar el decreto de la Reina UNESCO: la relojería mecánica como Patrimonio Cultural Inmaterial (2020).
Como el Sombrerero Loco de FECU, Florensa organizó la primera conferencia española sobre el tema (Pechina, 25 junio) y posicionó a Melilla en una hora del té perpetua horológica. Aunque World Watch Day no es iniciativa oficial UNESCO, se sustenta en patrimonio reconocido oficialmente.
La paradoja resultó deliciosa: mientras otras ciudades dormían como la Liebre de Marzo, Melilla despertó temprano para convertir aplicaciones de "Reloj Mundial" vacías en vehículos de diplomacia cultural.
El próximo 10 de octubre revelará si este sueño patrimonial logra proyección internacional o se desvanece como naipes al viento. Pero la madriguera temporal ya está abierta.
"¿Quién soy yo en el mundo horológico?" - se pregunta Melilla, ahora referente nacional de un patrimonio que ni sabía poseer.
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