Playa de San Lorenzo en el mes de septiembre
Llegó el momento para el que muchas personas todavía no están preparadas: el verano está terminando y, con él, la temporada de playa. No es porque lo diga El Faro de Melilla: solo hace falta echar un vistazo al litoral para comprobar que la afluencia ha caído en picado. El miércoles 9 de septiembre empieza el curso escolar en la mayoría de etapas educativas, y los melillenses ya están dejando apartado el plan de playa quitando ocasiones puntuales.
En la tarde del lunes de septiembre, un día después de que terminase la Feria y en la antesala del festivo y la procesión en honor a la Virgen de la Victoria, apenas había bañistas en Los Cárabos y San Lorenzo. Se veían grupos de amigos con sus propias sombrillas pasando un buen rato, o familias jugando con los niños a hacer castillos (entre otros pasatiempos). Pero nada de esas largas jornadas playeras con neveras, sillas y todo lo necesario que arrancaban con la prisa de pillar algo de sombra y estar cerca del agua.
Calor sigue haciendo, ha sido evidente en las fiestas, pero a pesar del bochorno, la playa ha dejado de ser la principal alternativa de ocio. En los meses de verano, ha quedado demostrado que Galápagos es uno de los enclaves favoritos de los melillenses, y que las familias con niños pequeños prefieren las playas del Paseo Marítimo. Los turistas que han viajado a la ciudad autónoma este verano, normalmente de la Península, se han quedado maravillados con las joyas que tiene Melilla.
Y los residentes, en especial la gente joven, no han perdido el tiempo ni tampoco una sola oportunidad de ir a la playa. Tablas de paddle surf, kayak y otras actividades acuáticas como el snorkel han triunfado esta temporada. Con estos medios, han podido visitar la Cala de Trápana, o recorrer toda la costa de este lado del mar de Alborán con unas vistas inmejorables. Por no decir que, en el litoral, se han formado auténticas cadenas de sombrillas, toldos y mesas de lo más completas para afrontar los días de verano.
Sandía, melón, bebida fría, aceitunas, un picoteo, tortilla de patatas para coger fuerzas, ensaladilla rusa… No les faltaba de nada. Pero ese ambiente veraniego ya no se respira, al menos, como al principio de la estación. La Semana Santa fue un buen punto de partida, no obstante, tras un invierno que recibe el título de ser el más frío en mucho tiempo. Durante la Feria, este espacio ha sido un refugio para quienes buscaban tranquilidad, igual que sucedía entre mayo y junio, cuando había clases y jubilados y mayores (principalmente) pasaban las mañanas en sus sillas de playa.
Una lectura de verano, una conversación agradable o un ratito al sol. Por la noche, en el entorno de Horcas Coloradas, los jóvenes tomaban las riendas y “se entanaban” con sillas, mesas y algo de comer y beber buscando un soplo de aire fresco. Unas cartas, un poco de música, lo que sea, siempre que fuese en buena compañía. Ahora, las pistas donde se han jugado tantos partidos de fútbol y vóley playa se han vaciado, y todos estos planes se siguen dando pero en menor medida que antes.
En las primeras semanas, muchos usuarios lamentaban la falta de limpieza en las playas y los comportamientos incívicos de otras personas. Es por ello que la Consejería de Medio Ambiente y Naturaleza lanzó cinco campañas de concienciación en materia de sostenibilidad, protección de la biodiversidad y sobre la necesidad de adoptar comportamientos responsables. Por ejemplo, “Sol con cabeza”, ha resultado muy útil junto a los nuevos Semáforos UV, con un sistema que informaba de los niveles de exposición solar en tiempo real.
Por otro lado, la única incidencia grave que se ha registrado en estos tres meses ha sido la descarga eléctrica que recibió un menor en la playa de la Alcazaba, que tuvo una pronta recuperación sin daños mayores. Lo demás han sido solo algunos cortes y picaduras de medusa que no han trascendido. Así, el Plan de Playas que inició su temporada alta el 20 de junio y se fue introduciendo de forma escalonada, va llegando a su fin.
Duchas, baños, cambiadores… Los melillenses se han mostrado satisfechos con los servicios que ha puesto en marcha la Ciudad Autónoma en 2026. Entre gastos de mantenimiento y funcionamiento, junto a la inversión en mejoras, el coste total ha sido de unos 1,9 millones de euros. Se colocaron cientos de sombrillas y más elementos de uso público a disposición de la ciudadanía, y cerca de un centenar de trabajadores ha formado parte del operativo para la limpieza, socorrismo y asistencia sanitaria entre otras funciones.
A modo de novedad, se instaló una boya inteligente en San Lorenzo para reforzar el sistema de control ambiental y de calidad del agua que funcionaba con energía solar, y se modernizaron las torretas de vigilancia y la megafonía en todo el litoral. La playa ha sido accesible, con zonas adaptadas a personas con movilidad reducida y con el servicio diario “Playa para todos”. Por último, la COA activó una línea de autobús que conectaba la Plaza de España con el tramo de la Hípica.
Es un breve resumen de lo que ha sido el verano en Melilla, y los usuarios parecen estar, generalmente, muy contentos con la temporada que ya empieza a quedar atrás. Algunos cogerán el nuevo curso con ganas, pero, a otros, les gustaría rebobinar en el tiempo hasta el mes de junio. Y hasta entonces, solo quedará esperar y tachar días en el calendario.
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