Ceres Machado convierte el miedo en arte en los fuertes de Victoria

Un homenaje a Edgar Allan Poe del que disfrutarán más de 300 melillenses hasta el domingo

Melilla se ha estremecido esta tarde y noche bajo la mirada oscura de Edgar Allan Poe. En los muros centenarios de Victoria Grande, entre ecos de piedra y respiraciones contenidas, el público se ha adentrado en una experiencia única. Terror en los Fuertes, el nuevo espectáculo interactivo ideado y dirigido por la incansable Ceres Machado. Una propuesta teatral que no solo rinde homenaje al maestro del relato gótico, sino que transforma el patrimonio de la ciudad en un escenario vivo, turbio e inquietante.

Desde el inicio, el público ha intuido que no asistía a la representación de un teatro convencional. En el parking de la plaza de Victoria Grande, cada espectador recibe una carta que puede ser un gato negro o un corazón. Lo que parece un detalle inocente marca, en realidad, el destino de la noche. “Dividimos los grupos sin que ellos lo sepan”, explica Machado, sonriente pero cómplice. “Unos bajan por las minas, otros por Victoria Chica, y cada camino es distinto: personajes distintos, monólogos distintos. No todos viven lo mismo”.

Esa dualidad, tan propia de Poe —la razón y la locura, la belleza y la muerte— se despliega en dos itinerarios que se entrecruzan bajo tierra. Quienes siguen la senda del gato negro descienden por las minas, casco en mano, linternas encendidas, respirando el polvo antiguo del cuarto recinto. Allí los espera un personaje espectral, condenado a revivir su crimen entre las sombras. Los del corazón, en cambio, bajan por Victoria Chica y se topan con otro monólogo, otra alma descompuesta por el miedo y la culpa.

El trabajo actoral es, sencillamente, magnífico. No hay palabras para describir el trabajo de estos actores, que han conseguido que el público sienta que son, ellos mismos, los que están viviendo la tenebrosa historia que cuentan. Los intérpretes logran sostener la tensión sin artificios, con una verdad escénica que desarma. Cada palabra retumba en la piedra húmeda como un eco del propio Poe.

El público, expectante, se movía en silencio, casi sin atreverse a respirar. “La diferencia entre Poe y otros autores de terror”, explica la directora, “es que él no habla de monstruos ni fantasmas, sino de lo que el ser humano puede llegar a hacer por sí mismo. Su terror está dentro de la mente”.

El encuentro de los dos grupos ocurre en la parte baja de Victoria Chica, donde irrumpe el clímax del espectáculo. Allí aparece el propio Edgar Allan Poe y los tres grandes relatos —El gato negro, El corazón delator y El cuervo— se entrelazan en un mismo espacio sonoro y visual. La tensión se palpa, casi se puede cortar con las manos. Las luces, el sonido y la arquitectura misma del fuerte se han unido para crear un ambiente envolvente, hipnótico.

Pero la experiencia no termina ahí. En un juego de espejos, los grupos intercambian sus caminos. Quienes bajaron por las minas ascienden por Victoria Chica y descubren Berenice; quienes vinieron por la torre suben entre túneles y hallan El retrato oval. Nadie sale con la misma historia, ni con el mismo temblor en el cuerpo.

“Teníamos claro que queríamos algo diferente”, confiesa Machado. “Llevo desde 2017 insistiendo con este proyecto. Confiaba en que Melilla necesitaba vivir algo así, un teatro que se moviera, que respirara”. La apuesta de la Fundación Melilla Ciudad Monumental y su presidente, Francisco Díaz, ha sido un acierto rotundo. Las 300 entradas se agotaron en apenas 90 minutos, un récord que habla de la expectación y del hambre de cultura que late en la ciudad autónoma.

La experiencia, que se celebra durante ocho funciones hasta el domingo y de la que disfrutaran más 300 personas, cuenta con un equipo de trece personas, entre actores, técnicos y personal de acompañamiento —los misteriosos enmascarados que guían y protegen al público en las oscuras galerías del fuerte—. Todo está medido al detalle. Los recorridos, la iluminación, la seguridad. “No podemos superar las cuarenta personas por pase”, explica la directora. “Las minas son patrimonio y hay que cuidarlas. Además, el formato íntimo ayuda a mantener la tensión y la conexión con los actores”.

Una hora exacta dura el descenso al corazón del miedo. Una hora en la que Melilla deja de ser Melilla y se convierte en un paisaje mental, un sueño febril hecho de culpa, locura y belleza. Cuando las luces se apagan y los espectadores salen de nuevo al aire libre, hay un silencio extraño, reverente. Como si todos hubieran entendido, por fin, que el verdadero horror no está en los fantasmas, sino en nosotros mismos.

En Terror en los Fuertes, Ceres Machado y su equipo no solo han resucitado a Edgar Allan Poe. Lo han hecho caminar entre nosotros.

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