La defensora de los derechos humanos y presidenta del colectivo Caminando Fronteras, Helena Maleno, ha afirmado que detrás del uso sistemático del término "mena" (menor extranjero no acompañado) se ocultan intereses económicos relacionados con la industria del control fronterizo, además de prácticas institucionales que deshumanizan a los menores migrantes. Sus declaraciones se enmarcan en un contexto de creciente tensión política en torno a la gestión migratoria en territorios como Melilla.
En una entrevista publicada por Última Hora, Maleno critica el uso reiterado y generalizado del acrónimo “mena”, al que califica de “concepto racista e institucional”. Según explicó, el término no solo invisibiliza a los menores como sujetos de derecho, sino que alimenta discursos de odio y refuerza políticas de seguridad que benefician a determinados sectores industriales. “Detrás de conceptos como ‘mena’ hay un negocio de armas y de control securitario”, afirmó.
Maleno también alerta sobre el efecto de estas etiquetas en la sociedad, al considerar que “permiten no ver al niño, despersonalizarlo y cosificarlo”, lo que facilita prácticas como los internamientos, las expulsiones o la desprotección sistemática. La activista sostiene que el sistema actual coloca la seguridad por encima de los derechos humanos, y que las políticas migratorias europeas y españolas están marcadas por “lógicas de externalización y militarización de fronteras”.
Estas declaraciones coinciden con el actual clima político en torno a la gestión de la migración en Melilla. Hace unos días, la diputada del PP, Sofía Acedo, ha exigido la comparecencia urgente de la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, por lo que considera una “crisis migratoria” sin respuesta por parte del Ejecutivo. Acedo ha denunciado la “ausencia” del Gobierno ante lo que califica como una “situación insostenible” en la frontera sur, y ha alertado sobre las consecuencias sociales de esta gestión.
En este marco, las palabras de Maleno añaden una perspectiva crítica al debate. Desde su experiencia al frente de Caminando Fronteras, organización que documenta violaciones de derechos humanos en las rutas migratorias hacia España, la activista insiste en que el foco de las políticas debería estar en la protección y dignidad de las personas migrantes, especialmente los menores.
La activista también subraya el impacto que tienen los discursos institucionales en la percepción pública. “Las etiquetas no son inocentes”, advirtió, en referencia al uso de la sigla “mena” en medios de comunicación y discursos políticos. Según Maleno, esta narrativa “construye al niño como una amenaza”, lo que tiene consecuencias directas en su tratamiento por parte de las administraciones.
Caminando Fronteras ha denunciado en varias ocasiones el deterioro de las condiciones de vida de menores migrantes, tanto en centros de acogida como en la calle. Asimismo, ha documentado casos en los que los procedimientos de identificación, tutela y atención no cumplen con los estándares internacionales de protección a la infancia.
En medio de una creciente polarización política y social en torno a la inmigración, el posicionamiento de Helena Maleno vuelve a poner en el centro del debate la necesidad de un enfoque basado en los derechos humanos. Mientras el Gobierno y la oposición cruzan acusaciones sobre la responsabilidad de la gestión fronteriza, organizaciones como Caminando Fronteras llaman a cuestionar los discursos y prácticas que despojan de humanidad a los más vulnerables.
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