La jornada de ayer, 23 de septiembre, volvió a poner de manifiesto hasta qué punto la frontera de Melilla permanece expuesta a cualquier repunte de presión migratoria. Durante la noche y primeras horas de la mañana circulaban amenazas de posibles saltos y, a las 6.30 horas, se activó una alerta ante la posibilidad de un intento de entrada por el Dique Sur. La Policía marroquí se había desplegado en la zona para impedir la entrada, mientras en el lado español se reforzaba la vigilancia.
Finalmente, no se produjo ningún intento de entrada irregular y la situación se mantuvo tranquila. Pero que la jornada terminara con normalidad no debería hacer olvidar la tensión con la que comenzó. En una ciudad cuya frontera ha demostrado en numerosas ocasiones su vulnerabilidad, cualquier aviso de este tipo obliga a activar recursos y a mantener una vigilancia extraordinaria.
La respuesta policial volvió a ser notable. La Delegación del Gobierno ha señalado que Melilla cuenta con alrededor de 1.300 agentes entre las plantillas permanentes y los refuerzos llegados desde la península. A ello se suma el refuerzo de 60 guardias civiles de los Grupos de Reserva y Seguridad y el dispositivo de Policía Nacional mantenido desde principios de agosto y gracias a ellos, se ha podido prevenir los intentos de saltos.
También el Dique Sur amaneció cerrado al tránsito por razones de seguridad y con presencia preventiva de patrullas de la Guardia Civil. En Beni-Enzar, mientras tanto, se mantuvo la normalidad y el tráfico habitual de vehículos hacia Marruecos. La presencia policial se hizo visible asimismo en distintos puntos de la ciudad y un helicóptero de la Policía Nacional sobrevoló el perímetro desde primera hora.
La normalidad es, sin duda, la mejor noticia. Pero también debe servir para recordar que la prevención resulta esencial. Las amenazas difundidas en redes sociales pueden no llegar a materializarse, pero requieren una respuesta cuando afectan directamente a la seguridad de la frontera.
Melilla no puede permitirse bajar la guardia. Tampoco debería vivir permanentemente pendiente de rumores, convocatorias o alertas de última hora. La coordinación entre ambos países, la vigilancia y la capacidad de reacción son fundamentales para evitar que una situación de tensión termine convirtiéndose en una crisis. Ayer no ocurrió. Conviene trabajar para que siga siendo así.
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